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12 3 06 EL LIBRO La esencia de la mujer se reduce a su himen escribe Ayaan, y el velo es el recuerdo permanente de que los varones musulmanes son sus dueños absolutos (Viene de la página 8) AP munidad de los creyentes. E incluso iban más lejos: yo merecía la muerte porque había osado dudar del carácter absoluto de la palabra de Alá. me llevaron ante los tribunales para prohibirme ser crítica con la fe con la que había nacido, hacer preguntas sobre los preceptos y los dioses que nos legaron el mensaje de Alá. Y Mohamed B. un fundamentalista musulmán, ha matado a Theo van Gogh, quien me asistió en la realización de Submission Part I. Quiero abrirme a más fuentes de conocimiento, moral e imaginación más allá del Corán y de las tradiciones del Profeta. El hecho de que no exista ningún Spinoza, Voltaire, J. S. Mill, Kant y Bertrand Russell islámicos no es óbice para que los musulmanes no puedan utilizar las obras de esos pensadores. Leer a los pensadores occidentales se interpreta como un acto de deslealtad hacia el profeta Mahoma y el mensaje de Alá. Es un craso error. ¿Por qué no está permitido preservar y aumentar el bien que Mahoma nos ha enseñado (por ejemplo ser misericordioso con los pobres, con todos los seres humanos) con todas las filosofías? El hecho de que nosotros no tengamos unos hermanos Wright islámicos, ¿nos impediría acaso volar? Si sólo nos resignamos a recibir los avances tecnológicos, y no la audacia occidental para pensar de manera autónoma, perpetuaremos el estancamiento mental en la cultura islámica, y así se mantendrá de generación en generación. Paraentender el atraso tanto en el terreno material como en el ámbito del pensamiento en que nos hallamos los musulmanes, quizá debamos retrotraernos para encontrar una explicación a la moral sexual quehemos mamado (véase el capítulo La jaula de las vírgenes A este fin, me gustaría retar a mis compañeros de fatigas- -aquellos que, co- mo yo, se han educado en el islam- -a comparar el ensayo El sometimiento de la mujer de J. S. Mill, escrito en 1869, con el dogma sobre la mujer del profeta Mahoma. Si bien es evidente que hay un universo de diferenciasentre Mahoma y Mill, incuestionablemente la mujer ha sido un tema de interés para ambos. El hecho de que un musulmán acometa la investigación de la unidad islámica se concibe como una traición irreparable y como algo extremadamente doloroso. Soy consciente de que esas fuertes emociones- -sobre todo si se expresan en masa- -impresionan a quienes lo ven desde fuera, pero debo reconocer que también a mí misma. Puedo ponerme en el lugar de aquellos musulmanes que se sienten obligados a enfadarse con quienes relativizan la absoluta palabra de Dios, o con aquellos que contemplan otras fuentes morales en un nivel de igualdad o superioridad a las del profeta Mahoma. Además, la historia refiere que un cambio mental de esa envergadura no sólo es un proceso largo, sino que conlleva oposición e incluso derramamiento de sangre. El asesinato de Theo van Gogh, las amenazas a mi persona, los pasos de la justicia en mi contra y el hecho de ser rechazada, casan perfectamente en ese contexto. En este sentido, un rápido vistazo a la historia del islam enseña que aquellos que han sido críticos con su propia fe casi siempre han recibido el mismo castigo: la muerte o el destierro. Me hallo en buena compañía: Salman Rushdie, Irshad Manji, Taslima Nasreen, Mohammed Abu- Zeid, todos han sido amenazados por sus correligionarios y protegidos por quienes no son musulmanes. Sin embargo, debemos reunir fuerzas para atravesar ese muro emocional, o avanzar en la medida en que el grupo de críticos aumente, para así poder conformar un contrapeso significativo. Y si bien para ello necesitamos la ayuda del Occidente liberal que tiene interés en la reformar del islam, sobre todo necesitamos ayudarnos mutuamente. Por lo que respecta a la reforma soyoptimista. Mebaso en señalescomo el consejo electoral en Arabia Saudita porque, aunque las mujeres fueron excluidas, al menos las elecciones se celebraron; en el éxito del proceso electoral en Iraq y en Afganistán, luego que en este último fuera posible un gobierno secular tras elrégimen talibán; o enla manifestación de periodistas y académicos de Marruecos contra el terror del partido islamista y en las prometedoras conversaciones entre Sharon y Abbassobre elfuturo de Israely Palestina. Por lo demás me doy perfecta cuenta de que estos avances son sumamente incipientes. El azote del relativismo Aquellos que se resisten en el Occidente de antaño a la obligación de la fe y las costumbres, los liberales seculares (en algunos países calificados como de izquierdas han suscitado mi pensamiento crítico y el de otros musulmanes liberales. Pero la izquierda en Occidente tiene una marcada tendencia a culparse a sí misma y a considerar al resto del mundo como víctima- -a los musulmanes, por ejemplo- y las víctimas, a la postre, dan lástima, y quien da lástima y está sometido es, por definición, una buena persona que estrechamos en nuestro pecho. Su crítica se limita a Occidente. Son críticos con EE. UU. pero no con el mundo islámico- -así como tampocofueron críticos en su día conel Gulag- porque EE. UU. es igual que Occidente, y el mundo islámico no Llegué a Europa occidental hace doce años, huyendo de un matrimonio concertado. Pronto aprendí que aquí Dios y su verdad han sido ideados de acuerdo a la dignidad humana es tan poderoso como Occidente. Son críticos con Israel, pero no con Palestina, yaque Israel está considerado parte de Occidente y porque lospalestinos son dignos de lástima. También son críticos con las mayorías autóctonas en los países occidentales, pero no con las minorías islámicas; la crítica al mundo islámico, a Palestina y a las minorías islámicas se considera islamófoba y xenófoba. Lo que estos relativistas culturales no ven es que al mantener temerosamente al margen de toda crítica a las culturas no occidentales, encierran al mismo tiempo a losrepresentantes de aquellas culturas en su atraso. Detrás de todo ello están las intenciones más dispares, pero ya sabemos que el camino al infiernoestá pavimentado de losmejores propósitos. Se trata de racismo en su acepción más pura. Mi crítica a la fe y a la cultura islámicas se percibe como dura ofensiva e hiriente Pero la posición de los mencionados relativistas culturales es, de hecho, más dura, más ofensiva y más hiriente si cabe. Se sienten superiores, y en un proceso de diálogo tratan a los musulmanes no como a sus iguales sino como el otro que debe ser respetado. Y piensan que debe evitarse la crítica al islam, porque temen que los musulmanes se ofendan y recurran a la violencia. En tanto verdaderos liberales, nos abandonan a los musulmanes que hemos atendido la llamada de nuestro espíritu cívico, a nuestra suerte. He corrido un riesgo enorme al prestar oído al ruego de reflexión y participación en el debate abierto que se generó en Occidente tras los atentados del 11 de septiembre. ¿Y qué dicen los relativistas culturales? Que debería haberlo hecho de otra manera. Pero después de la muerte de Theo van Gogh estoy más convencida que nunca de que debo hablar y ejercer la crítica a mi manera.