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12 3 06 EL LIBRO Yo acuso Su lucha por la defensa de la mujer musulmana y sus afiladas diatribas contra el islam han hecho de Ayaan Hirsi Ali una condenada a muerte. Lo supo por la nota que, dirigida a ella, clavó el asesino de Teo van Gogh sobre el cuerpo del cineasta. Ahora, en un nuevo paso en pro de la libertad, la parlamentaria holandesa da a luz este ensayo lúcido y contundente que se presenta mañana en Madrid T Título: Yo acuso. Defensa de la emancipación de las mujeres musulmanas Autor: Ayaan Hirsi Ali Editorial: Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores Páginas: 200 Precio: 15, 50 euros Fecha de publicación: 13 de marzo ras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE. UU. Occidente hizo un llamamiento masivo a todos los musulmanes para que reflexionaran acerca de su religión y de su cultura. Una llamada a la que esta comunidad reaccionó con indignación, ya que no veía el motivo por el cual ésta, precisamente, tenía que hablar del comportamiento criminal de diecinueve jóvenes. El presidente estadounidense Bush, el primer ministro británico Blair y otros tantos líderes occidentales han solicitado a las organizaciones musulmanas de sus respectivos países que se distanciaran del islam, tal como lo predicaban los doce terroristas. Que los criminales del 11 de septiembre fueran musulmanes, y que en todo el mundo éstos, incluso antes del 11 de septiembre, guardasen rencor sobre todo a EE. UU, me llevó a investigar las raíces del odio de la fe en la que fui educada. ¿Se halla esa agresividad en el islam mismo? Fui educada por mis padres como musulmana, como una buena musulmana. El islam regía la vida de nuestra familia y nuestras relaciones familiares hasta en los más ínfimos detalles. El islam era nuestra ideología, nuestra política, nuestra moral, nuestro derecho y nuestra identidad. Éramos, antes que nada, musulmanes, y luego somalíes. Se me enseñó que el islam nos separaba del resto del mundo, de los no musulmanes. Nosotros, los musulmanes, somos los elegidos de Dios; en cambio ellos, los otros, los kafires, los nocreyentes son asociales, impuros, bárbaros, no circuncidados, inmorales, desalmados, y sobre todo obscenos: son irrespetuosos con las mujeres- -unas rameras- muchos hombres son homosexuales, y hombres y mujeres mantienen relaciones sexuales sin estar casados. En definitiva, los infieles son malditos y Dios los castigará por ello de un modo atroz en la otra vida. Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas solíamos hablar de gente agradable que no profesaba el islam, pero entonces mi madre y mi abuela decían siempre: No, no son buena gente. Saben del Corán y del Profeta y de Alá y sin embargo no tienen conocimiento de que lo único que puede ser el ser humano es musulmán. Son ciegos. Si fueran personas buenas se habrían hecho musulmanas y entonces Alá las protegería del mal. Pero de ellos depende. Si se convierten, conocerán el paraíso El islam no es la única ideología que educa a sus hijos en el convencimiento de que son los elegidos de Dios- -el cristianismo y el judaísmo también- pero aun así entre los musulmanes existe la creencia de que Dios le ha conferido una gracia especial de una mayor amplitud. Llegué a Europa occidental hace aproximadamente doce años, huyendo de un matrimonio concertado. Pronto aprendí que aquí Dios y su verdadhan sido ideados de acuerdo a la dignidad humana. Si bien para los musulmanes la vida en la tierra es tan sólo un tránsito hacia el más allá, en Occidente la gente también puede invertir en su existencia terrenal. Además, todo indica que el infierno se ha abolido, y que Dios es más un dios del amor que un ente cruel cuyo fin es impartir castigo. Comencé entonces a observar de manera crítica mi propia fe y descubrí tres elementos importantes a los que antes apenas había prestado atención. El primero era que los musulmanes mantienen con su Dios una relación basada en el miedo. El concepto de Dios de los musulmanes es absoluto. Nuestro Dios exige una completa sumisión. Te premia si sigues sus reglas al pie de la letra, pero te castiga cruelmente si transgredes sus reglas: en la vida terrenal con enfermedades y catástrofes naturales; en la otra vida, con las llamas eternas del infierno. El segundo elemento es que el islam conoce una sola fuente moral: el Profeta. Mahoma es infalible, incluso se podría decir que es un dios, aun cuando el Corán es claro en este sentido: Mahoma es un hombre, pero es el mejor, el ser humano perfecto, igual que un dios, y debemos vivir según su ejemplo. El Corán recoge lo que Mahoma explica que Dios dijo. Así, en los miles de ahadith- -testimonios de lo que Mahoma dijo e hizo y los consejos que dio y que nos ha legado en gruesos tomos- -encontramos exactamente Para entender el atraso en que nos hallamos los musulmanes quizá debamos retrotraernos para hallar una explicación a la moral sexual que hemos mamado cómo debía vivir un musulmán en el siglo VII... la misma fuente en que devotos musulmanes buscan a diario respuestas a sus preguntas acerca de cómo vivir en el siglo XXI. En tercer lugar, el islam está fuertemente dominado por una moral sexual cuyas raíces se remontan a los valores tribales árabes de los tiempos en que el Profeta recibió los consejos, una cultura en que las mujeres son propiedad de padres, hermanos, tíos, abuelos, tutores. Así como la esencia de la mujer se reduce a su himen, el velo que oculta sus rostros recuerda permanentemente al mundo exterior esa moral asfixiante, que convierte a los musulmanes varones en dueños absolutos de las mujeres y que los obliga a evitar los contactos sexuales de su madre, hermana, tía, cuñada, sobrina y esposa. Y no sólo la cohabitación, sino también el mero hecho de mirar a un hombre, tomarle por el brazo o estrecharle la mano. El prestigio de un hombre se mantiene o se derrumba gracias al comportamiento correcto, obediente, de los miembros femeninos de la familia. Estos tres elementos aclaran en gran medida cuál es nuestro telón de fondo respecto al mundo occidental, e incluso el asiático. Para romper el enrejado de estas tres unidades que aprisionan a la mayoría de los musulmanes, debemos empezar con afrontar un autoanálisis crítico. Pero no es tarea fácil, porque quien ha nacido musulmán y se plantea preguntas críticas sobre el islam enseguida será tachado de renegado El musulmán que aboga por acudir a otras fuentes morales, además de la del profeta Mahoma, es amenazado de muerte. Y la mujer que escapa de la jaula de la virginidad es una prostituta. Gracias a la experiencia que da la vida, así como a las abundantes lecturas y a hablar mucho con la gente, me resultó evidente que la existencia de Alá, ángeles, demonios y la vida tras la muerte son al menos discutibles. Si Alá existe, su palabra no es absoluta, sino que es susceptible de crítica. Cuando en alguna ocasión puse por escrito las dudas acerca de mi fe con la esperanza de suscitar un debate, de súbito todos los musulmanes, hombres o mujeres, aparecían prestos a expulsarme de la co (Pasa a la página 10)