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ABC DOMINGO 12 3 2006 Internacional 27 MUERE SLOBODAN MILOSEVIC El Tribunal Penal Internacional de La Haya atraviesa sus momentos más polémicos y difíciles El antiguo líder serbio murió cuando sólo faltaban dos meses para el fin de su juicio b Se supone que la cárcel holande- sa de Scheveningen es un establecimiento de alta seguridad donde los reclusos más importantes son vigilados las 24 horas del día ABC LA HAYA. La muerte de Slobodan Milosevic supone también un duro golpe para el Tribunal Penal Internacional de La Haya para la Antigua Yugoslavia (TPIY) que esperaba concluir en apenas dos meses el juicio que seguía al antiguo líder serbio por genocidio y crímenes de guerra. La verdad sobre la eventual responsabilidad de Milosevic en unos hechos extremadamente graves jamás será establecida desde un punto de vista jurídico lamentó Geofrey Nice, fiscal de la Corte. En parecido sentido se pronunció el ministro holandés de Exteriores, Ben Bot, quien lamentó su muerte e insistió en que habría sido mejor que la Justicia se hubiese pronunciado Y es que Milosevic se había convertido en el acusado emblemático para la consolidación de un Tribunal Penal Internacional, que se enfrenta a múltiples obs- táculos en su intención de conformarse como una institución fuerte y capaz de juzgar a los más poderosos si son acusados de crímenes contra la humanidad. La muerte del ex dirigente yugoslavo viene envuelta en la polémica. Apenas seis días antes se había suicidado el líder de los serbios secesionistas en la provincia croata de la Krajina, Milan Babic, antiguo secuaz de Milosevic, y uno de los principales testigos en el juicio contra éste. Se supone que la cárcel holandesa de Scheveningen es un establecimiento de altísima seguridad donde los reclusos más importantes son vigilados las 24 horas del día. Incluso cuando Milosevic recibía la visita de su mujer, Mirjana, se supone que debía seguir siendo constantemente observado. Una bosnio- musulmana, superviviente de Srebrenica, celebraba ayer la noticia y problemas de corazón. Era tratado por un equipo de médicos en la prisión. Pero, para hacer aun más polémica su muerte, resulta que poco antes había pedido permiso para ser tratado de su enfermedad en Moscú. La última comparecencia de Milosevic tuvo lugar el pasado 3 de marzo y la próxima vista debía celebrarse el próximo martes. El proceso se encontraba en su recta final tras una tormentosa historia de interminables sesiones y aplazamientos. El propio Milosevic había hecho todo lo posible para AP Un enfermo rebelde Ni el suicidio de uno ni la imprevista muerte del otro van a contribuir a subrayar la solidez del Tribunal. Aunque también es cierto que el fiscal Nice acusó a Milosevic en repetidas ocasiones de no querer tomar su medicación para retrasar el juicio. El ex líder yugoslavo padecía hipertensión crónica La fiscal Carla del Ponte pondrá ahora un especial interés en la entrega de Mladic y Karadzic quitar legitimidad al juicio y había insistido incluso en actuar como abogado defensor de sí mismo. Con la desaparición del principal acusado del TPIY, la atención de la fiscal jefe Carla del Ponte se centrará aun más en los dos fugitivos más importantes de la Corte, el antiguo líder de los serbios de Bosnia, Radovan Karadzic, y el jefe de las fuerzas militares de estos últimos, el general Ratko Mladic, que entre otros varios cargos se enfrentan a la acusación de la matanza de más de 7.000 musulmanes bosnios en Srebrenica. La entrega de Karadzic y Mladic al Tribunal es una de las principales condiciones en las negociaciones para la adhesión de Serbia en la Unión Europea. Pero tras la muerte de Milosevic en tan polémicas circunstancias se teme que las autoridades serbias se inclinen por arrastrar los pies. TARDÍA DERROTA, AMARGA VICTORIA ALBERTO SOTILLO s como si nuestros dirigentes siempre hubiesen llegado tarde con él. En las presuntas conversaciones de paz de Ginebra, líderes del mundo entero le rendían pleitesía. Él era el último en llegar. Pero se veía que disfrutaba teniendo a sus pies a los más respetables líderes internacionales. A él, que había incendiado los Balcanes, le encantaba presentarse como el único hombre que podía llevar la paz. Era un pirómano a quien le encantaba hacerse pasar por bombero. Lo peor es cómo le seguían el juego los más respetables líderes internacionales del momento. Nada era más desalentador que saltar de aquella pantomima ginebrina al asedio de Sarajevo. Mientras el mundo entero le bailaba el agua, sus secuaces habían instalado los cañones en lo alto de los montes que rodeaban la capital bosnia y los disparaban al tuntún día y noche mientras los francotiradores apuntaban E contra todo lo que se movía. Cuesta entender de lo que es capaz un ser humano cuando se contempla a un chiquillo de trece años muerto por la bala de un francotirador, que le había apuntado certeramente en la nuca. Más cuesta entender que le había matado porque quien había disparado era serbio y el chiquillo, un bosnio musulmán. Pero lo que más desasosegaba era la familiaridad de quienes hacían aquella guerra, gente idéntica a todos nosotros, europeos que habían crecido escuchando a los Rolling Stones, rockeros, que habían encontrado un hueco en la guerra para pintar una calavera con dos tibias en la Avenida de los Francotiradores bajo el que habían escrito: Welcome to the hell (Bienvenidos al infierno) Después de aquello no me cuesta lo más mínimo imaginar a mis vecinos liándose a tiro limpio. El objetivo de Milosevic era crear un Estado étnicamente puro, una na- ción de serbios y para serbios que se extendería allá donde quiera que hubiese sido enterrado un serbio. Esa monstruosidad, sin embargo, fue consentida por una generación de dirigentes que durante muchísimos años estuvieron convencidos de que Milosevic era el único que podía llevar la paz a los Balcanes. Tras la muerte de Tito apostaron por Milosevic para mantener unida Yugoslavia. A Europa le cuesta mucho entender que el nacionalismo puede ser una peste muy mortífera. Después de la ruptura de Yugoslavia, siguieron apostando por él para recuperar la paz. Y cuando ya estaba en marcha la mayor operación de limpieza étnica desde la época de los nazis, seguían tratándole como un respetable líder político en quien había que confiar. Hubo que esperar a humillantes carnicerías como la de Srebrenica, y a que se vislumbrase la posibilidad de que aquel nacionalismo de irracionales principios étnicos se extendiese por la antigua Europa del Este para que la OTAN tomase cartas en el asunto. También llegó tarde el propio Milosevic. Cuando compareció ante el Tribunal de La Haya, con aquella horrorosa corbata de inconfundible corte co- munista, se presentó peleón y seguro de sí mismo, sin la menor idea de que había perdido la guerra. Han debido pasar muchos años para que empezase a asimilarlo. Ha sido una derrota tardía, que ha provocado una amarga victoria. Porque la ruptura de Yugoslavia no sólo es una tragedia del pasado, sino también un desastre del presente. Milosevic ha muerto en puertas de dos inminentes consultas sobre la secesión de Montenegro y Kosovo. Europa no tiene nada que celebrar estos días. Todo lo contrario. La escisión de Montenegro y Kosovo sería otra victoria de un peligroso nacionalismo. La secesión de Kosovo sería una humillación para Serbia que, tarde o temprano, nos pasaría factura. Kosovo es un territorio cargado de historia para cualquier serbio por muy antinacionalista que se sienta. Ese territorio fue después poblado por emigrantes albaneses, que, tras ser duramente discriminados, se las están arreglando para arrancar ese territorio a Serbia. No se entiende la sangre fría de la UE ante este desastre que puede provocar otra oleada de irracionalidad. Y que a España, en particular, puede ocasionarle muy graves problemas internos.