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ABC DOMINGO 12 3 2006 13 En plenas acusaciones del PSOE, ETA dice que Aznar rechazó la negociación PSOE y CiU ven inminente un acuerdo sobre el aeropuerto que podría sumar a ERC al Estatuto Los presos islamistas apenas reciben visitas, no provocan incidentes y están aislados de los internos etarras pilos al poner en relación su nombre con la situación penitenciaria en la que se encuentran ellos. Desde que empezaron las clases ha disminuido su agresividad explican los responsables de la prisión. Y es que la cultura es uno de los mejores antídotos contra la violencia. Al lado del colegio dos funcionarios custodian un despacho: Es que ahí está un etarra sanguinario con unos trabajadores sociales explican en el centro. Cualquier precaución es poca con un sujeto así. Moverse por los módulos de aislamiento no es fácil. Pasar de una zona obliga a superar una pesada puerta de barrotes, que sólo es franqueada cualdo el funcionario advierte que se trata de una visita. Hay puertas de esas para acceder al pasillo general; para llegar al pasillo donde están las celdas; para entrar en los patios... Y hay también muchas garitas de seguridad desde la que se controla todo el tráfico de personas, sean internos o no. Jamal Zougan, con una bolsa de plástico en la cabeza, custodiado por dos policías en marzo de 2004 EFE Silencio en el módulo Las paredes del módulo son blancas, en general pintadas recientemente, aunque en algunas zonas se aprecia la necesidad de una mano de pintura. Hay limpieza, orden- -en realidad no es difícil porque el mobiliario brilla por su ausencia por razones de seguridad- -y el olor es también característico. Llama la atención el silencio. A un lado y a otro del pasillo central se encuentran las galerías, con sus celdas individuales y también con sus patios. Las primeras tienen aproximadamente unos quince metros cuadrados y disponen de ducha, inodoro, lavabo, estantería, cama y una mesa. Todo de obra, para evitar que sean desarmadas y que el interno tenga la posibilidad de fabricarse un arma. Los funcionarios las registran a diario. Los internos están allí más de veinte horas diarias, y en ocasiones no salen en todo el día. Por supuesto, comen y cenan en el chabolo pero por seguridad sólo se les permite utilizar unos cubiertos especiales, imposibles de manipular pa- Una reclutadora de mujahidines que celebró el suicidio de su hermano en Irak Aunque la práctica totalidad de los terroristas islamistas en prisión son hombres, desde el 14 de enero de este año permanecen ingresadas en el módulo de aislamiento de la cárcel de Ávila dos mujeres: Fátima Hssini Alami y Karima Benedicto Gallego, acusadas de colaborar con una célula de reclutamiento de mujahidines La primera de ellas, según el juez GrandeMarlaska, pertenecía a una célula de reclutamiento desde 1998, prestó ayuda económica a un hermano para que fuera a Irak y se inmolase, lo que celebró cuando se produjo, y le propuso a su marido que hiciera lo mismo. Otro de sus hermanos, Ahmed Hassan Hssini, Abu Jabar está huido y se cree que tiene contactos con los líderes del Grupo Islámico Combatiente Marroquí. La segunda reclusa, Karima Benedicyo Gallego, ayudaba a su marido en el reclutamiento de terroristas, según el mismo juez de la Audiencia Nacional. ra convertirlos en estiletes. El único contacto con el mundo exterior es la televisión. El día en Madrid es soleado e invita a salir al patio, cubierto por una tela metálica para que no les puedan arrojar nada desde el exterior. Tiene ape- nas cincuenta metros cuadrado, el suelo es de asfalto y en la pared hay pintada una portería de balonmano. Antes de entrar o salir los reclusos, de uno en uno, pasan por el detector de metales. Sólo están juntos en el patio, y por parejas, donde pueden hablar pero son per- manentemente vigilados. Dos de los cuatro presos islamistas internos en Madrid V, vestidos con ropa deportiva y uno de ellos con kefia, pasean por la mitad del patio en la que da el sol, de arriba a abajo, una y otra vez, casi como autómatas. Charlan y en ocasiones se ríen. Únicamente cambian de expresión al ver al desconocido. Según los testimonios recogidos, son tranquilos, reservados y educados en el trato. Resulta imposible saber qué pasa por sus cabezas. Según las fuentes consultadas, la práctica totalidad de los 155 presos islamistas en régimen de aislamiento- -23 de ellos acusados de estar relacionados con el 11- M- -se comporta así. Entre sus pocas peticiones está, en ocasiones, la de pedir la presencia de un emir. No están organizados, porque lo impide la dispersión. Y apenas reciben visitas, por lo que disponen de una mínima información del exterior. De hecho, alguno de ellos no ha tenido ni siquiera una comunicación al cabo de (Pasa a la página siguiente)