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ABC DOMINGO 12 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL LOBO SLOBO N LA ESPAÑA MATAGATOS estas alturas de curso no creo que necesite presentación. No voy a ser como el egocéntrico locutor de sala de la convención del PP. Entre otras cosas porque como soy libre, no hay quien me ponga ni una correa, ni una mantita, ni un carné de partido. Hasta ahí podíamos llegar. ¡Miau! Soy Remo, el gato litergato romano de la Bética que dictó sendos libros sobre felina materia al señor que recogí en mi casa como mascota humana y al que le puse de nombre Burgos. Estaba de humano callejero, a riesgo de que lo cogiera un macrobotellón o un farruquito, atemorizado por lo que está pasando en España, donde hoy es todo más absurdo que ayer, pero menos que mañana. Hasta que lo recogí. ¡Lo agradecidos que son estos humanos! Siempre recomiendo a mis congéneres que recojan a uno en sus casas. ¡Qué serviciales, cuánta compañía dan! Lo bien que nos pagan la comida, la veterinaria, ANTONIO las vacunas, los gastos de comunidad, BURGOS la calefacción calentita, el IBI. Todo. No sé cómo hay gatos que todavía no han recogido a un humano en su casa. Sí, ya sé. Por la mala fama que tienen los humanos: gente violenta, agresiva, egoísta, que nada más que piensan en el dinero y en pasarlo lo mejor posible. Aprovechando que mi humano ha salido a comprobar si ha florecido ya el primer naranjo, me he metido aquí en su escritorio y he tomado sus trastos, porque estoy muy preocupado. Por la gripe aviar. Me paso todo el día en la salita, donde mis humanos tienen puesta la televisión, que es como una ventana por donde sale siempre una peluquera muy famosa y unas señoras que dicen que son muy progresistas, muy de izquierdas y solidarias, pero que se dedican a hacer el ridículo en África, disfrazándose de subsaharianas. Sin patera, claro: hotel de cinco estrellas y avión gran clase. A lo que iba: que por esa ventana por donde salen A todas las perrerías que quienes los gobiernan les hacen a los humanos españoles, he visto que están cayendo como chinches las compañeras gallinas, las compañeras ocas y los compañeros gansos. Por una enfermedad, la gripe aviar, que tiene nombre como de jugar a los barquitos: H 5 N 1... ¡agua! Eso: agua. Menos mal que esto no es la isla alemana de Rügen y que todavía no ha aparecido muerto en España ningún colega nuestro, ningún lindo gatuno. Lo que nos faltaba a los gatos de España era que cayera alguno de los nuestros por culpa de la gripe aviar y nos cogieran como cabeza de turco, encima de la que tienen tomada contra nosotros los ayuntamientos, los zoosanitarios con sus nazis cámaras de gas y otras inquisiciones que odian la Libertad que representamos. (Mi humano dice que la mejor Estatua de la Libertad no está en Nueva York, que soy yo, haciendo siempre lo que me da la gana) Si en esos países tan civilizados como Alemania y Francia, donde los gatos ocupamos el lugar que nos corresponde como los dioses que fuimos en el antiguo Egipto, como heraldos de la romanización, nos abandonan, nos meten en cuarentenas y lazaretos, nos persiguen, nos encierran, no quiero ni pensar la que nos pueden formar aquí en España, la nación europea donde tenemos peor prensa y somos más odiados. Sin ningún gato caído todavía por Bastet y por Egipto a causa de la gripe aviar, el Ayuntamiento de Bilbao, por ejemplo, ha prohibido bajo multa de 600 euros que los humanos nos alimenten a los callejeros. Han condenado cruelmente a la muerte por inanición a los libres gatos callejeritos de Bilbao. ¡Con la falta que hacen en las Vascongadas los monumentos vivos a la Libertad como somos los gatunos! Como no somos nobles linces, no nos hacen felinos predilectos de la Junta de Andalucía ni nada. Así que no quiero ni pensar lo que sería esta España matagatos si en el triste azar del H 5 N 1 dijeran un día: ¡Tocado y hundido un hermoso gato canelita del Campo del Sur de la Cuna de la Libertad que se ha comido una gaviota con gripe aviar! I una lágrima por el carnicero. Si acaso, el lamento civil de que haya muerto sin condena, aunque quede el consuelo de que al menos estaba en la cárcel a la espera de recibir su castigo en un juicio justo que no tuvieron sus víctimas. Las víctimas de Sarajevo, de Dubrovnik, de Srebrenica, de Kosovo. Los niños asesinados delante de sus padres, los ancianos de ojos arrancados, las doce mil mujeres violadas por los soldados y milicianos serbios según el sangriento designio de la limpieza étnica. Las víctimas del delirio nacionalista, tanto da que se trate de un nacionalismo expansionista como de uno separador. Un delirio de odio, una pulsión de exterminio contra la diferencia, el demonio del desvarío genocida que marcó en IGNACIO el siglo XX la historia de CAMACHO Europa. Una Europa que jamás podrá borrar su culpa en la catástrofe balcánica, el mayor fracaso de esa Unión que ahora languidece en su incapacidad para construir una cierta unidad política. Porque, al final, a Slobodan Milosevic lo derribó su propio pueblo harto de barbaries y derrotas, y fueron sus compatriotas quienes lo entregaron, comprados de manera miserable a cambio de las ayudas con que la UE trataba de paliar su conciencia culposa por haber permitido la barbarie yugoslava. Eso no se puede olvidar. Fue Europa, la brillante y confortable Europa comunitaria, la que reconoció prematura e imprudentemente a Croacia, la que luego se cruzó de brazos ante la invasión de Bosnia y el cerco a Sarajevo, la que con su pasividad consintió la masacre de Srebrenica, esa fosa común de la dignidad colectiva. La que ante el brutal éxodo etnicista de Kosovo titubeó hasta que Clinton hubo de forzar una intervención por las bravas. Mientras los jerifaltes de Bruselas vacilaban durante años en sus foros diplomáticos tratando de negociar con el monstruo, los siniestros esbirros del nacionalismo comunista de Milosevic- -y también, por cierto, los herederos del tristemente célebre fascismo croata- -desataban una orgía de sangre y violaban con saña cadáveres de familias enteras en sus impunes correrías de horror. Ese baldón de cómplice vergüenza no se borrará jamás, y deberían recordarlo los que piensan que la Unión Europa puede erigirse alguna vez en freno contra las enajenaciones nacionalistas: por las buenas o por las malas, con procesos de secesión pacíficos o violentos, media docena de estados que han ingresado ya en la Comunidad o están en la lista de espera para hacerlo, no existían quince años atrás. Que tomen nota los que quieran entenderlo. Magro consuelo, pues, la muerte del lobo Slobo en su celda holandesa. Durante una década campó a sus anchas en un yermo de muertos inocentes. Una tragedia que ensombrece nuestra condición de seres civilizados por haber condescendido, en un vergonzoso espectáculo de dubitativa transigencia, con los peores fantasmas de la alucinación extremista. Ay, los nacionalismos, maldita plaga.