Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 11 3 2006 Cultura 61 Un libro reúne Once voces contra la barbarie del 11- M b En el Círculo de Bellas Artes se CLÁSICA Ciclo Comunidad de Madrid Obras de Shostakovich y Mussorgski. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: James Conlon. Solistas: Tatiana Pavloskaya (soprano) y Sergei Aleksashkin (bajo- barítono) Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. representarán hoy y mañana cinco de las piezas teatrales de las once del volumen, cuyos beneficios serán para las víctimas TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Dos años ya del día del más atroz de los atentados terroristas en España. Madrid fue la ciudad en la que, tras los estallidos de las bombas en trenes de cercanías, sólo se oían los gritos que, tras la metralla, daban o pedían ayuda. Las sirenas atronaban el espacio. El resto fue silencio, porque 192 personas habían sido asesinadas, resultando heridas más de 1.500, muchas de las cuales aún necesitan atención física y psíquica. Del tropel habitual de coches que, como siempre, iban y venían, ningún conductor usó el claxon. Respeto y dolor. Como homenaje a las víctimas de aquel espanto, la Fundación Autor (SGAE) presenta hoy Once voces contra la barbarie del 11- M El volumen, coordinado por Adolfo Simón, recopila once piezas teatrales de autores españoles, que se representaron en 2005 en España, y luego en Portugal, México y Estados Unidos, con el fin de mostrar el fanatismo criminal de unos y el inasible sufrimiento de otros. La música que ambienta las obras- El Bosque de los Ausentes -es de Antón García Abril. Ahora, textos y partitura, componen el libro ya citado, que a Simón se le antoja necesario: Necesitábamos realizar un trayecto del horror a la esperanza y era importante encontrar alguien que tuviera la necesidad, como todos los que participamos del algún modo en este homenaje, de mantener la memoria viva Hoy, a las 20 horas, en el teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes se representan cinco de las piezas, concretamente las firmadas por Laila Ripoll, Yolanda Pallín, Yolanda Dorado, Raúl Hernández Garrido y Julio Salvatierra. Mañana la representación será a las 18 horas. En la obra de Ana Diosdado, Harira -una sopa marroquí de lentejas- en el escenario, un gran aparato de radio, un calendario, y un reloj que tras sonar a las 7.30 de la mañana, no volverá a mover sus agujas. Aquella hora marcó la muerte. Y así, en este libro, las palabras hablan de la tortura sufrida por víctimas y familiares. En Londres, se representará, coincidiendo con el atentado del 7 de julio de 2005, la obra de Paloma Pedrero. Otros autores que aparecen en el libro son Ignacio Amestoy, Jerónimo López Mozo, Margarita Reiz y Julio Salvatierra. Los beneficios que se obtengan de la venta del libro serán destinados a la Asociación de Víctimas del 11- M. SHOSTAKOVICH Y LA MUERTE ANTONIO IGLESIAS N Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Álvarez- Novoa, en la función ABC TEATRO Solas Basada en la película de Benito Zambrano. Adaptación teatral: Antonio Onetti. Dirección: José Carlos Plaza. Escenografía: Ricardo Sánchez. Iluminación: Francisco Leal. Vestuario: Pedro Moreno. Música: Antonio Meliveo. Intérpretes: Lola Herrera, Natalia Dicenta, Carlos Álvarez- Novoa, Idilio Cardoso, Aníbal Soto y Eduardo Velasco, entre otros. Lugar: Teatro Albéniz. Madrid. DOS LENGUAJES JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN No es raro que el cine utilice obras de teatro como base de su argumento y es menos frecuente que suceda a la inversa. El éxito de Solas una película de Benito Zambrano rodada a ras de vida en 1999, ha impulsado, a instancias del Centro Andaluz de Teatro, esta cuidada adaptación escénica que cuenta, entre otros alicientes, con el de ver a dos estupendas actrices, madre e hija en la vida real, interpretando a una madre y a una hija en la ficción. Pero aunque teatro y cine tengan puntos de contacto, son dos lenguajes diferentes, y secuencia y escena tienen respiraciones distintas. La versión de Antonio Onetti, que por razones prácticas ha hecho desaparecer al perro que en el filme cumplía un papel notable, es fiel a la estructura de la película, pero lo que en el cine era un vigoroso documento realista, original y rotundo en su manera de centrarse en dolorosas historias cotidianas de personajes humildes casi nunca retratados de esa manera protagonista, sobre el escenario amaga con aproxima- ciones al realismo social, y por el tobogán del añejo naturalismo llega en ocasiones hasta un melodrama con ecos sentimentales de los seriales radiofónicos. Tal vez por ello no termina de funcionar teatralmente este montaje discontinuo en el que rechinan las piezas de la maquinaria dramática y en el que, justo es destacarlo, se producen esporádicos fogonazos de verdad escénica, súbitos estallidos de emoción en los que se adivina la sabia mano de José Carlos Plaza, como en la larga y hermosa escena de la partida de cartas entre Natalia Dicenta y Carlos ÁlvarezNovoa. Lo mejor de la función corre a cargo del trío protagonista de este cruce de soledades redimidas: una Lola Herrera conmovedora, que llena de matices su papel de bondadosa y práctica mujer de pueblo sometida al grosero machismo de su marido; una desgarrada Natalia Dicenta a la que los golpes de la vida no han apagado la ternura; y un Carlos Álvarez- Novoa que repite su personaje del cine, el digno jubilado que sabe encontrar en la amistad y en algunas pequeñas cosas de la vida las chispas de algo parecido a la felicidad. La obra amaga con aproximaciones al realismo social y, por el tobogán del añejo naturalismo, llega en ocasiones hasta un melodrama con ecos sentimentales de los seriales radiofónicos o deja de resultar sorprendente que el controvertido, artística y políticamente, compositor ruso Dmitri Shostakovich, en su Sinfonía número 14 para soprano, bajo- barítono y orquesta de cámara, Op. 135 escrita en 1969, vuelva sobre la muerte como tema- -asunto tantas veces tratado, muy en particular por los músicos románticos- y llegue casi al final de su vasta obra a darle forma a una serie de once números cuya base es la voz, mejor dicho, las voces, puesto que incluye las de una soprano y un bajo. Tampoco es muy lógico que los textos poéticos que toma sean los de nuestro García Lorca, los del francés Guillaume Apollinaire, los del ruso- alemán Wilhelm Küchelbecker, los del checo Rainer Maria Rilke... En todo caso, llegamos al elevado número de sus sinfonías reduciendo la plantilla orquestal al género da camera en esta ocasión con diecinueve profesores de cuerda, una celesta y dos percusionistas, estos con evidente importancia durante los cincuenta minutos de su duración total. Es una página magnífica, originalísima, cuya técnica es suelta en una interválica que quiere ser actual por encima de todo, con pinceladas geniales y una trama magistral de sabios nexos que, a modo de ejes conductores, confieren una unidad a sus cambiantes facturas. Así, la primera parte del programa ofrecido en el Auditorio por la Sinfónica madrileña, bajo la batuta prestigiosa de Conlon, conocedora de un Shostakovich pleno en el interés creador desde múltiples puntos de vista, siguió la segunda, ocupada por los sabios Cuadros de una exposición que Mussorgski escribió para piano en 1874, y Ravel orquestó, genialmente, en 1922. Y si nuestros profesores sinfónicos fueron artífices singulares en la primera de las dos páginas rusas, subirían en la admiración en tan excelente partitura, que James Conlon, muy inclinado hacia el esplendor y la obtención de una versión derivada de lo tradicional, supo lograr un algo en detrimento del buen equilibrio de los momentos rápidos- -cuestión de ensayos- -sin que olvide los altos merecimientos de las dos voces solistas, la soprano Tatiana Pavloskaya y el bajo- barítono Sergei Aleksashkin, timbres rusos hasta la médula y sobresalientes con la batuta.