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60 Cultura SÁBADO 11 3 2006 ABC Mañana, con ABC, la novena entrega de la colección Museos del mundo ofrece un exhaustivo análisis de la pintura veneciana, por tan sólo 10,95 euros más Galerías de la Academia de Venecia TEXTO: DELFÍN RODRÍGUEZ Las Galerías de la Academia de Venecia, en una de las orillas del Gran Canal, a la que se llega a través del puente de hierro llamado de la Academia, viniendo de campo de S. Stefano, es uno de los museos más bellos del mundo y un lugar privilegiado para contemplar momentos y obras extraordinarias de la pintura veneciana, de la Edad Media o G. Bellini, a Vittore Carpaccio o Giorgione, de Tiziano a Veronés o Tintoretto, e incluso de pinturas de género o costumbres, ya propias del siglo XVIII, de las vistas de la ciudad de Canaleto y Guardi, a las que representan la vida cotidiana y galante de Longhi, sin olvidar obras maestros de Tiépolo o Piazzetta. Este último pintor fue el primer director de la Academia de Bellas Artes, fundada en 1750, y origen de las colecciones del museo actual, que fue creciendo en colecciones, y de su edificio actual, conociendo ampliaciones desde que, en 1807, el complejo de la Carità fuera elegido como sede de la Academia, teniéndose muy claro que la atención prioritaria del mismo debía ser la pintura veneciana, una escuela que había sido motivo de admiración frente a otras como la romana o la florentina. Las primeras obras de arte depositadas en la Academia debían cumplir funciones sobre todo docentes en la formación de los alumnos, y fueron donaciones y creación de los propios artistas y profesores de la misma, Piazzeta o Tiépolo, entre ellos, además de las que ya estaban de antiguo- -como la Presentación de la Virgen en el Templo, de Tiziano, o pinturas de Giovanni Bellini, Carpaccio y L. Bassano, entre otras- -en diferentes dependencias del complejo arquitectónico que ocupa la institución desde inicios del siglo XIX, compuesto por la iglesia, el convento y la escuela de la Carità, y que podían servir a la formación de los alumnos. De origen medieval, el conjunto de edificios fue ampliándose gracias a las obras y actividad de arquitectos venecianos tan importantes como Andrea Palladio o Giorgio Massari, o, ya en el siglo XIX, a la actividad de Selva y Lazzari. Convertida en Academia y Museo, siguiendo los criterios inaugurados en la edad napoleónica para estas instituciones, las colecciones fueron creciendo en función de exclaustraciones, legados y donaciones, tanto de coleccionistas como de artistas, entrando en el museo un muy importante número de dibujos y esculturas, además de pinturas procedentes de otros lugares de Italia y, por tanto, de artistas no venecianos, aunque es la escuela mencionada la gran protagonista de la institución con obras que hacen imprescindible su visita y conocimiento para cualquier aficionado o estudioso. Este dispar origen, característico de tantos museos modernos durante finales del siglo XVIII y los comienzos del siguiente, hizo que su ordenación atendiese a esa diversa procedencia, aunque manteniendo el eje central de lo veneciano, y que explica también el nombre en plural de galerías para el museo de la Academia de Venecia. Entre los primeros directores hubo nombres tan conocidos y fundamentales de la cultura artística y erudita italianas como el conde Leopoldo Cicognara, poseedor de una riquísima biblioteca de libros de arte y arquitectura, o Antonio Diedo. Pinturas enigmáticas Entre las obras extraordinarias que constituyeron y fueron enriqueciendo la colección a partir de inicios del siglo XIX, y de origen tan diverso como he señalado, incluidas las compras de algunas pinturas excepcionales, cabe recordar también obras de Piero della Francesca o Mantenga, aunque son los ejemplos de la pintura veneciana los verdaderamente inolvidables e imprescindibles, de Giovanni Bellini, el Ciclo de Santa Úrsula, de Carpaccio, o las diversas pinturas de Tiziano- -y, entre ellas, su maravillosa Piedad, de 1576- a la enigmática y extraordinaria pintura titulada La Tempestad, de Giorgione, una obra de verdadera importancia universal, así como a pinturas de Veronés y Tintoretto, ciertamente excepcionales y toda una lección de pintura.