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54 Sociedad SÁBADO 11 3 2006 ABC Religión El Papa establece intervenciones libres en la próxima reunión de cardenales Benedicto XVI quiere que el 23 de marzo se dé una tormenta de ideas entre los purpurados consistorio extraordinario se repetirá el mismo sistema de trabajo de las reuniones plenarias de cardenales previas al último cónclave JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. El estilo académico y colegial de Benedicto XVI se ha vuelto a notar en el orden del día de la reunión de todos los cardenales del mundo, convocados en el Vaticano el próximo 23 de marzo, un día antes del Consistorio que creará 15 nuevos purpurados. En lugar de establecer un tema estricto y mecanismos complicados de intervención, la carta enviada a los 193 purpurados, incluidos los mayores de 80 años, prevé, justo después del discurso de saludo del Papa, intervenciones libres de los cardenales sobre los problemas que más interesan a la Iglesia y al mundo La reunión de trabajo fue calificada por el Papa de jornada de reflexión y de plegaria el pasado 22 de febrero, cuando anunció que crearía 15 nuevos cardenales- -incluido el español Antonio Cañizares- -el próximo 24 de marzo, y que participaría en una concelebración eucarística con todo el colegio cardenalicio el día 25, festividad de la Anunciación de la Virgen. b En ese Juan Pablo II convocó durante su Pontificado seis consistorios extraordinarios para tratar durante tres o cuatro días asuntos específicos de gran relieve. Los de 1979 y 1982 estuvieron dedicados a las finanzas del Vaticano- -en números rojos por insuficiencia de ingresos- -y en parte a la reforma de la Curia romana, que Juan Pablo II llevaría a cabo en los años sucesivos. El de 1985 estudió las relaciones entre la Santa Sede y las diócesis, mientras que el de 1991 abordó dos temas: el problema de la cultura de la muerte que ganaba terreno en las modalidades de aborto, guerra, genocidio, terrorismo, etc... y la ofensiva de las nuevas sectas contra la Iglesia católica, especialmente en Iberoamérica. El de 1994 sirvió para perfilar el programa del Gran Jubileo y el último, celebrado en 2001, analizó las perspectivas de la Iglesia en el tercer milenio. Convocatoria anual A juzgar por los primeros indicios, Benedicto XVI se propone convocar encuentros de cardenales con mayor frecuencia que su antecesor, con una periodicidad quizá anual. Su primer nombramiento de nuevos cardenales incluye solamente doce electores para atenerse al límite máximo de 120 establecido por Pablo VI, pero que Juan Pablo II solía sobrepasar Benedicto XVI, en una imagen de archivo EPA Juan Pablo II convocó durante su Pontificado seis consistorios extraordinarios para tratar en tres o cuatro días asuntos importantes Un consistorio más participativo Las reuniones de cardenales, llamadas consistorios ganaron mucho en frecuencia e importancia con Juan Pablo II, quien convocó también numerosos sínodos de obispos para reforzar el aspecto colegial del gobierno de la Iglesia. Benedicto XVI ha dado ya nuevos pasos en ese camino estableciendo un sistema más participativo en los sínodos de obispos, el último de los cuales- -centrado en la Eucaristía- -contó diariamente con una hora de intervenciones libres que enriqueció mucho el interés de los debates. El Papa ha decidido repetir, en el consistorio extraordinario del 23 de febrero, el sistema de trabajo de las reuniones plenarias de cardenales previas al último cónclave, que Joseph Ratzinger presidió con gran soltura y eficacia en su calidad de decano del colegio cardenalicio. Varios cardenales electores comentaron que ese estilo respetuoso pero a la vez eficaz de presidir los trabajos fue uno de los factores que contaron a su favor en el Cónclave del pasado mes de abril. La teóloga Arana reclama más diálogo en el interior de la Iglesia J. BASTANTE MADRID. La teóloga y religiosa del Sagrado Corazón, María José Arana, ha reclamado más diálogo en el interior de la Iglesia. Arana apuntó esta necesidad en un artículo publicado en la revista Sal Terrae editada por la Compañía de Jesús, informa Ivicon. En él, y tras hacer un balance del Concilio Vaticano II, Arana subraya que se habla del Concilio, y se le cita continuamente, pero interpretándolo y reinterpretándolo en sus posibilidades más conservadoras, dando marcha atrás de este modo, en las aplicaciones, así como en su comprensión del diálogo especialmente intraeclesial Para la religiosa, en teoría el diálogo se acepta y se alaba, y se pide su prác- previendo las vacantes que quedarían libres en los tres años siguientes. Como Benedicto XVI no lo ha hecho, en la primavera de 2007 probablemente habrá otros doce puestos libres, lo cual sugiere un nuevo consistorio ordinario para la creación -ése es el término técnico- -de nuevos cardenales, precedido de un consistorio extraordinario de un día, como el de este año, para abordar libremente los temas que más preocupen a cada purpurado. Múltiples puntos de vista Al Papa le gustan las discusiones libres al estilo de tormenta de ideas porque generan propuestas novedosas, facilitan las intervenciones complementarias, multiplican los puntos de vista y permiten calibrar mejor cuáles son las prioridades de los cardenales. Al mismo tiempo, facilitan una mayor libertad al Papa a la hora de reflexionar posteriormente sobre ellas o de encargar su puesta en práctica a los diversos dicasterios de la Curia. En una ocasión, alguien comentó a Juan Pablo II que sería recordado como el Papa de los viajes Karol Wojtyla respondió que le gustaría ser recordado como el Papa del Sínodo por sus numerosas convocatorias a los obispos. A juzgar por los primeros indicios, podríamos estar pasando al Papa de las intervenciones libres tica hacia el exterior de la Iglesia, con otros organismos, iglesias, etc... e, incluso, en algunos casos- -muy pocos- -hacia el interior mismo de la Iglesia. Pero no se aceptan sus consecuencias, y menos aún en la práctica eclesial: el disenso es siempre mirado con sospecha, y disminuyen las posibilidades y los lugares de discusión Espacio de auténtica libertad De cara al futuro, María José Arana reclama un espacio de auténtica libertad para un diálogo sincero en el interior del catolicismo, sosteniendo que la Iglesia ha de ser consecuente consigo misma, evitando la contradicción entre el diálogo que reclama para la sociedad civil y lo que vive en su praxis y refleja en sus estructuras