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ABC SÁBADO 11 3 2006 Sociedad 51 Salud La enfermedad ¿Qué es? La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad degenerativa que lesiona la mácula, una zona del ojo rodeada de vasos sanguíneos, cerca de la confluencia del nervio óptico con la retina. Al ser la zona de mayor agudeza visual, la enfermedad lesiona el centro del campo visual. ¿Cómo se origina? Al inicio se ven torcidas las líneas rectas y deformados los objetos. Más adelante aparece una mancha en el centro del campo visual, que puede extenderse hasta acabar totalmente con la visión central. Seca o atrófica: Es un tipo de DMAE que conlleva una desaparición progresiva del epitelio pigmentario retiniano, produciéndose zonas de atrofia que crecen y se extienden. Produce una pérdida visual más lenta y de modo menos agresivo que el tipo neovascular o húmedo. Es la más frecuente y supone casi el 85 de todos los casos. Afecta al 10 de los mayores de 60 años. Neovascular o húmeda: Es la forma más grave y se caracteriza por la aparición de nuevos vasos sanguíneos de origen coroideo en la mácula. Al crecer, los vasos se asocian al tejido fibroso y originan el nacimiento de unas membranas que destruyen el tejido retiniano circundante. El proceso puede ocurrir rápidamente, provocando una cicatriz macular irreparable y la pérdida absoluta de la visión central. Al principio comienza en un ojo, aunque el paciente tiene un 50 de posibilidades de que en un plazo de cinco años la enfermedad se extienda al ojo sano. Afecta al 10 de los mayores de 60 años y es la responsable del 90 de los casos de ceguera. ¿Cuáles son los síntomas? Visión central borrosa, líneas rectas que parecen torcidas o inclinadas, dificultad para evaluar las distancias y alturas, mayor sensibilidad a la luz, mayor necesidad de luz para distinguir los objetos y aparición de un área oscura o vacía en el centro de la visión que sólo mejora al ladearse la cabeza. ¿Cómo se diagnostica? Básicamente con pruebas de agudeza visual, examen de dilatación de las pupilas y una tonometría, con la que se mide la presión interna del ojo. que en vez de enfrentarse a la lesión trata la patología, aunque sólo está indicada para la forma húmeda de la DMAE. De esta forma, se reduce el exudado y crecimiento de los vasos sanguíneos anormales, limitando la progresión de la enfermedad y ayudando a preservar la visión de los pacientes. El fármaco antiangiogénico (pegaptanib) intenta bloquear el crecimiento del endotelio vascular y se administra con una inyección intravítrea cada seis semanas. Este tratamiento reeducador limita la progresión de la enfermedaqd sin dañar los tejidos circundantes y ayuda a preservar la visión de los pacientes en el 70 de los casos, sin más pérdidas. PREVENCIÓN Un pasajero de clase turista duerme durante un viaje transoceánico AFP La presión y no sólo la inmovilidad facilitan el síndrome de la clase turista Volar durante un tiempo prolongado es un factor de riesgo en sí mismo ABC MADRID. La inmovilidad no es el único peligro para la trombosis venosa profunda. Este mal, más conocido como el síndrome de la clase turista cuenta también con otros enemigos. Un equipo de científicos daneses de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que los bajos niveles de oxígeno y la presión del aire de las cabinas de los aviones también pueden causar la formación de un coágulo o un trombo. Hasta el momento, se pensaba que este síndrome estaba relacionado con el tiempo que un pasajero permanecía sin mover las piernas en espacios reducidos como los de la clase turista de los aviones. Los investigadores daneses cuentan en la revista The Lancet que también se deben tener en cuenta otras condiciones de los viajes aéreos. Los autores estudiaron la coagula- ción de la sangre de 71 voluntarios que permanecieron durante ocho horas en distintas pruebas: un vuelo, una sala de cine y realizando otro tipo de actividades que les obligaba a permanecer sentados. Comprobaron que la presión del aire y el nivel de oxígeno podían influir en la formación de coágulos en la sangre. Para el director de la investigación, Frits Rosendaal, la causa de la trombosis venosa profunda no es sólo la falta de movilidad, sino que también existe un factor de riesgo por permanecer durante un tiempo prolongado en el aire, a diferencia de cuando se está sobre suelo firme Rosendaal apuntó que la baja presión del aire y los niveles de oxígeno podrían ser esos factores de riesgo, aunque indicó que no pueden descartarse otros como el estrés y la contaminación del aire. La sangre dispone de mecanismos que facilitan la generación de coágulos para reparar pequeñas rupturas de vasos sanguíneos, así como otros mecanismos que los disuelven. Estos dos sistemas se mantienen en perfecta sintonía hasta que se rompe el equilibrio, por la presión, la inmovilidad o el estrés y se forma el coágulo. Evitar riesgos En la mayoría de las ocasiones, el coágulo aparece en las piernas. Las consecuencias pueden limitarse a la aparición de dolor, hinchazón y enrojecimiento. Pero el mayor riesgo es que el trombo se desplace hacia los pulmones y se produzca un embolismo pulmonar que puede ser mortal. Beber agua, llevar ropa cómoda que no comprima, no tomar alcohol y moverse durante viajes de más de seis horas de duración son todavía los mejores consejos para curarse en salud. Más evidencias sobre el daño de la polución en el corazón y los pulmones ABC MADRID. Desde hace tiempo se especula con el peso que puede tener la contaminación en la aparición de enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Ahora una nueva investigación de la Universidad de Yale y del Hospital Johns Hopkins de Estados Unidos ofrece más datos que afianzan lo que en un principio sólo eran sospechas. Los investigadores escriben en JAMA, la revista de la Sociedad Médica Americana, que la exposición a partículas microscópicas presentes en ambientes contaminados eleva el número de ingresos hospitalarios por enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Sus conclusiones se basan en el examen de los ingresos hospitalarios realizados entre 1999 y el año 2002 en 204 condados urbanos de Estados Unidos. También se tuvo en cuenta el nivel de micropartículas y de ozono al que estuvieron expuestos los habitantes de más de 65 años que vivían en las ciudades estudiadas. El análisis mostró que la proporción de ingresos hospitalarios se eleva también con la exposición a pequeñas micropartículas ambientales- -de apenas 2,5 micrometros- -que ahora ya no pasan desapercibidas a los nuevos sistemas de detección ambiental. La relación más directa entre polución y enfermedad se encontró para el fallo cardiaco. Peligro para los más mayores Las micropartículas también empeoraron enfermedades pulmonares ya existentes al generar un aumento de la respuesta inflamatoria de los pulmones y reducir sus defensas. Los científicos piensan que la contaminación es especialmente peligrosa para la población de más edad.