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4 Opinión VIERNES 10 3 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil CUEVAS, ABRUPTO PASO AL FRENTE E HACIA UN NUEVO MODELO DE ESTADO L A Comisión Constitucional comenzó ayer a debatir la propuesta de reforma estatutaria para Cataluña. El texto que debatirán los comisionados en las próximas semanas ya no es el mismo que aprobó el Parlamento catalán el 30 de diciembre del pasado año, aunque las enmiendas introducidas en la ponencia no sólo no han eliminado las principales dudas sobre la constitucionalidad del texto, sino que, en algunos casos, las han agravado. Al margen de este juicio de conformidad o disconformidad con la Constitución, que tarde o temprano acabará emitiendo el Tribunal Constitucional, la novedad política de esta nueva fase de la tramitación parlamentaria de la propuesta estatutaria es que ya recoge los criterios del presidente del Gobierno y del PSOE. No es, por tanto, el Estatuto del tripartito más CiU, sino el Estatuto de éstos más el PSOE. En este sentido, la propuesta estatutaria para Cataluña actúa como foto fija del modelo de Estado por el que opta el socialismo español y, desde esta perspectiva, hay serios motivos para temer por la continuidad constitucional de España en caso de que, finalmente, esa propuesta alcance rango de ley en vigor. La intervención inicial de Mariano Rajoy identificó acertadamente los conflictos estructurales que va a provocar el probable nuevo Estatuto para Cataluña. Reconoce el carácter de Cataluña como nación y se atreve a reescribir el artículo 2 de la Constitución para dar cabida a ese reconocimiento, todo ello en un preámbulo con clara y trascendente eficacia jurídica. Basa la legitimación política de la Generalitat en la Constitución y, simultáneamente, en los derechos históricos. Crea un catálogo de derechos y deberes propios de la ciudadanía catalana, a partir del Estatuto, puesto en pie de igualdad con la Constitución y los convenios internacionales sobre derechos humanos. Sienta las bases de un poder judicial propio, a partir de la desmembración del Consejo General. E instaura una relación de bilateralidad entre el Estado y la Generalitat, que, por este tratamiento paritario, deja de ser materialmente Estado español para poder blindar sus competencias frente a éste. El análisis del texto que ayer comenzó a debatirse en la Comisión Constitucional debe trascender las declaraciones superficiales que realizan algunos de sus valedores, porque, como toda norma jurídica estatutaria, recoge facultades pú- blicas y atribuciones de competencias que, una vez vigentes, van a dar paso a un modelo de Estado que no es ni el constitucional ni el que estaba reflejado en el desarrollo estatutario de los últimos veinticinco años. Esta prospección sobre las consecuencias del futuro Estatuto catalán se está mutilando peligrosamente al prescindir de su incidencia en la fortaleza de las instituciones comunes del Estado, que es tanto como preguntarse por quién defenderá los intereses generales de la nación, pues lo que se ofrece es un modelo político en el que priman los intereses particulares de una determinada comunidad. El debilitamiento seguro de las instituciones del Estado (Cortes, Gobierno, Poder Judicial) y las dificultades previsibles para conservar la homogeneidad de la sociedad española van a hacer que este nuevo Estatuto para Cataluña tenga dos consecuencias muy graves. La primera es que no va a zanjar la reivindicación nacionalista, y será así no sólo porque los propios nacionalistas catalanes lo están avisando, sino principalmente porque este Estatuto va a ser interpretado como un repliegue del Estado y no un acuerdo definitivo. La segunda es que la debilidad del Estado azuzará la presión de otros nacionalistas, como los vascos y los gallegos, pues desde su lógica no habrá razones para no aumentar la intensidad de las reclamaciones a unas instituciones estatales que se desarman política y jurídicamente. El nacionalismo, como señalaba ayer Rajoy, se justifica por la permanencia del conflicto nacionalista, lo que exige no propiciar nunca su solución y alimentar el objetivo separatista, por inviable que sea. La propuesta de Estatuto para Cataluña no resuelve ningún problema, agrava los que ya existían y abre las puertas a procesos políticos aún más agresivos para el Estado y la Constitución. La responsabilidad de haber llegado hasta aquí y de haber puesto en este trance a España es del PSOE y del presidente del Gobierno. Pero también es suya la oportunidad de evitar que alcance rango de ley la propuesta política más conflictiva y desestabilizadora- -junto con el plan Ibarretxe, y a pesar de las diferencias entre una y otro- -de cuantas se han debatido desde la instauración de la democracia. La mejor opción es que la propuesta que ayer llegó a la Comisión Constitucional no sea aprobada. L presidente de la patronal se ha erigido en ariete contra la política del Gobierno, no sólo la económica, sino la antiterrorista. Sobre la primera, José María Cuevas fue contundente y lamentó la creciente y palpable tentación neointervencionista del Ejecutivo, que está perdiendo su coherencia económica y que comienza a resbalarse por la vertiente del populismo Tal fue el tono de la crítica del recién reelegido presidente de los empresarios españoles, que José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que salir a escena para pedirle ponderación, después de que Cuevas calificara de disparate la búsqueda de la paz en el País Vasco, que desmoraliza al empresario. La irrupción del presidente de la patronal, que entra de forma intempestiva en terrenos que trascienden el ámbito económico, puede resultar indiciaria del posicionamiento de la dirección de la CEOE ante los grandes asuntos de Estado. Hasta ahora, Cuevas había vertido críticas contra el Ejecutivo socialista, pero sin la contundencia mostrada ayer en una intervención que tuvo ribetes de discurso de investidura. Justo cuando se cumple la mitad de la legislatura, el presidente de la CEOE carga dialécticamente contra la línea de flotación del Ejecutivo socialista. ESCALADA VERBAL EN EL CONFLICTO IRANÍ E COBRAR POR EL E- MAIL XISTEN varias y poderosas razones que hay que considerar antes de sumarse al experimento emprendido por AOL (y observado, por ahora, desde la barrera, por Yahoo) de empezar a cobrar a cambio de correos electrónicos de calidad Es cierto, por un lado, que crece sin parar el descontento provocado por el aumento del correo basura que invade, hasta el punto de inutilizarlos, los buzones de los usuarios. Y que el número de agresiones de todo tipo a través del email (desde virus ocultos a mensajes fraudulentos o atentados contra la seguridad informática de empresas y particulares) crece de forma alarmante. Cerca de quinientos millones de ataques se produjeron en todo el mundo durante 2005. Y en España, sin ir más lejos, su número superó los 70.000 durante el mismo periodo. El e- mail de hecho, se ha convertido en el medio de comunicación interpersonal más utilizado del planeta, con un tráfico global diario de mensajes que se cuenta por miles de millones. Los ciudadanos que viven en las regiones más avanzadas cuentan a menudo con más de E una dirección de correo electrónico. Y miles de empresas basan sus comunicaciones internas, sus campañas de información y marketing e incluso la totalidad de sus negocios en el envío y recepción de correos electrónicos. El e- mail treinta años después de su invención por parte del informático Ray Tomlinson, se ha convertido en un derecho. De todos. Y con precios entre uno y veinte centavos de dólar por mensaje, sólo algunas (pocas) grandes empresas podrían hacer frente a un gasto tan imprevisto como considerable. Sería el fin para miles de iniciativas basadas en las ventajas de la comunicación instantánea. Tampoco sirve la idea de que cada uno elija lo que más le convenga porque el simple hecho de que existan correos privilegiados capaces, por ejemplo, de no quedar enredados en los filtros anti spam mientras que la mayoría no puede hacerlo, supone, en la práctica, una discriminación. Que inviertan, más bien, esas mismas empresas en fórmulas que permitan una mejor y más segura utilización de esta herramienta universal. Por parte de todos, y no sólo de unos pocos. N torno al conflicto iraní, la escenografía que rodea el enfrentamiento entre Teherán y Washington empieza a guardar peligrosas similitudes con las andanadas verbales que se lanzaron en su día Irak y Estados Unidos, hasta el punto que el guión parece calcado del de entonces. Estamos en la fase del tono incendiario y el ademán soberbio, que exhibe de manera grosera el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. La situación se complica a medida que avanzan los días, y la secretaria de Estado norteamaricana, Condoleezza Rice, fue rotunda al asegurar que Irán es el mayor desafío para Estados Unidos La comunidad internacional se mueve entre un pragmatismo necesario y el convencimiento casi general de que cuanto más tiempo se de a la búsqueda de una solución, más difícil será resolverla, como ayer mismo subrayó el embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, John Bolton. Entretanto, y mientras se incendia el clima en Oriente Próximo, el presidente iraní carga contra Estados Unidos y pide unidad a su pueblo frente a los planes enemigos con esa retórica propia de quien concibe el pueblo como una prolongación del régimen, privándole de la libertad de decidir. Interesadas arengas para caldear un ambiente al rojo vivo.