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ABC JUEVES 9 3 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ DEL MANZANO LA BANDERA NACIONAL Complejo tienen los que creen que ser progresista es, entre otras cosas, ignorar todo aquello que nos puede unir y, por el contrario, acentuar lo que a los españoles nos puede separar A ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, que tuvo lugar en la ciudad italiana de Turín, el pasado día 10 de febrero, suscitó en mí un gran sentimiento de envidia por varios motivos. En primer lugar, porque fue un espectáculo muy cuidado, variado, de una gran sensibilidad y estética, en definitiva, de buen gusto. Me sorprendió porque este tipo de inauguraciones suelen presentar un espectáculo más bien convencional y aburrido. Sin duda, el gusto italiano supo hacer de esta inauguración algo distinto y agradable. También me causó una favorable impresión la falta de complejos con que los organizadores exhibieron- -sin miedo a los tópicos- -sus valores propios: Pavarotti, Sofía Loren o el Ferrari, que demuestran que se sabe lo que se tiene y que se cuida lo propio con orgullo. Pero lo que ya me llevó a las comparaciones odiosas fue el respeto y la solemnidad que se les dio a la bandera y al himno nacional italiano. ¡Con qué cariño y entusiasmo acompañó el público asistente al estadio a la niñita que inició el canto del himno, demostrando su orgullo de fervor a su patria! Y, más adelante, en la presentación y desfile de los equipos de las diversas naciones participantes en los Juegos, se volvió a repetir, ahora de forma masiva, el orgullo de los diversos países por su bandera nacional. Prácticamente todos los atletas de los equipos desfilaban detrás de un abanderado que llevaba la insignia nacional, portando pequeñas banderas o símbolos representativos de su nación. Algunos llevaban- -como Canadá- -unos grandes guantes, muy apropiados para los deportes de nieve, con los colores nacionales; otros llevaban pañuelos- -como los italianos- -con los colores nacionales; y los más llevaban pequeñas banderitas nacionales que agitaban con alegría, demostrando así su satisfacción por representar a su nación en algo tan importante como son unos Juegos Olímpicos. Y llegó el turno de los representantes españoles, y con tristeza vi cómo detrás de nuestra formidable María José Rienda, que llevaba la bandera española como privilegiada abanderada- -lugar que se ha ganado por su gran palmarés- desfilaba el resto de los componentes del equipo nacional sin una sola referencia nacional apreciable, al menos desde la televisión. Desde luego, sin ninguna banderita o signo exterior con el que pudieran manifestar su orgullo de ser españoles. ¿Pero qué nos ha hecho nuestra bandera para que la ocultemos sistemáticamente? ¿Pero por qué la bandera española tiene que ser expresión de unos españoles frente a otros? Todavía no se me ha pasado la sorpresa que me llevé cuando situé en el corazón de Madrid, en la plaza de Colón, la mayor bandera nacional que entonces- -y supongo que ahora- -existe en España. El presidente del Gobierno entonces, José María Aznar, me había comentado su deseo de ver una gran bandera en un lugar público, y hasta el propio Aznar me trajo las medidas de la bandera mejicana L que ondea en la plaza del Zócalo de la Ciudad de Méjico. Y con que ilusión pedí a mis colaboradores, especialmente al teniente de alcalde Ignacio del Río, a su equipo y a Santiago Estrada que hiciéramos posible algo que creíamos iba a ser del agrado de todos los españoles: ver nuestra bandera representando el signo de unión de todos los españoles. Y vaya lío que se formó. Tuve que dar mil explicaciones sobre que no intentaba ofender a diversas regiones españolas, y acudí a los medios de comunicación, incluida la televisión, a explicar que la bandera era de todos. Y en ese empeño me acompañó el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo. Todos los actos de homenaje a la bandera, que habíamos previsto que se efectuaran todos los meses, se quedaron en el primero y último, ante el escándalo de quienes creyeron que izar nuestra bandera era un gesto inamistoso y partidista. Desgraciadamente, son muchos los que agitan la bandera nacional y las autonómicas como si fueran signos de enfrentamiento y diferenciación entre españoles. Cuando voy, por ejemplo, a un campo de fútbol y veo las banderas enfrentadas o asisto a alguna manifestación y veo que la bandera nacional no es la de todos, me sigo sorprendiendo y enfadando. A mí, que nuestra bandera me sigue pareciendo, como a los italianos, alemanes, franceses, nepalíes, americanos o ucranianos... por sólo citar algunos países, signo de unión y orgullo, y que es de todos los españoles, y que no nos debe separar, por el contrario, debe ser signo de una patria común e indivisible de todos los españoles, como dice la Constitución y sobre todo el sentimiento de los españoles, al menos el mío. Pero mi sentimiento no es fruto de una mirada nostálgica o acomplejada, sino un verdadero sentimiento de respeto y cariño a España. Recuerdo que, cuando izamos la bandera en la plaza de Colón, entre los argumentos que se esgrimieron contra mí estaba el de que yo tenía complejo de nacionalismo español. Complejo tienen los que creen que ser progresista es, entre otras cosas, ignorar todo aquello que nos puede unir y, por el contrario, acentuar lo que a los españoles nos puede separar; los que olvidan la Historia común que ha hecho de España una gran nación y la equiparan y enfrentan a sus propias partes integrantes; los que cuando se les pregunta en el extranjero sobre su nacionalidad, contestan sólo sobre su origen regional. Me siento, sin complejos, orgulloso de ser español y me gustaría que serlo y decirlo no signifique ofender ni separarse de los demás españoles. Presidente de Ifema y ex alcalde de Madrid REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ETA, INMOBILIARIAS Y FRANCO La celeridad crítica con la que Der Spiegel, el Guardian, Ireland On- Line o El Universal, entre otros muchísimos medios europeos y americanos, informan sobre ETA suena a tormenta de granizo, ya que todas las crónicas terminan recordando las recientes ilusiones del presidente Zapatero. En Buenos Aires, La Nación escribe: Ahora se sabe que la banda terrorista no solo fortaleció sus comandos. También aumentó la crueldad de su extorsión a empresarios, mientras el Gobierno manejaba la posibilidad de una tregua Por segunda vez en poco tiempo, La Nación evoca soterradas críticas de algunos ministros contra las esperanzas de Zapatero sobre ETA. En otro plano, en Luxemburgo, Tageblatt subraya que la tensión política en el País Vasco incluso ha hecho capotar la solidaridad entre las mujeres En el terreno meteorológico europeo, Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) publica una entrevista con el presidente del grupo E. ON, Wulf Bernotat, que avanza sus peones políticos y empresariales en un tono amable, pero desafiante. A su modo de ver, su oferta es muy atractiva y el Gobierno español debiera terminar plegándose a las temibles presiones de la Comisión. Por su parte, Financial Times (FT) da noticia de un nuevo estudio especializado, afirmando que el aumento de los tipos bancarios en la zona euro amenaza el boom inmobiliario FT descarta una caída repentina y brutal de los precios, pero insiste en que los precios de la vivienda en las regiones mediterráneas son los que corren mayores riesgos de estancamiento o caída España y Francia son citadas por FT en primera línea de una crisis potencial e imprevisible. Sin embargo, también en Londres, el Independent publica un artículo entusiasta sobre Extremadura. A su juicio, los precios y la calidad de la vida extremeños continúan siendo muy atractivos. Siempre original, el Times londinense publica una larga crónica y tres grandes fotos sobre las obras pictóricas del general Francisco Franco. El Guardian también concede un espacio significativo a la cosa. Mientras que el Telegraph sentencia: Antes que Blair, Franco dijo que sólo esperaba el juicio de Dios y la historia. Conocemos el juicio de la historia Ante la historia inmediata, El Mercurio chileno se pregunta, con cierta intriga: ¿Por qué Leticia no acompaña a Felipe? Vaya usted a saber.