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ABC JUEVES 9 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA VÁZQUEZ S GUERRAS CALLADAS H AY grandes enfrentamientos superficiales, ruido informativo, a veces ensordecedor. Son choques menores. Y hay guerras de fondo, silenciosas, silenciadas, desconocidas. Hay también buenos lectores profesionales, capaces de distinguir. Un columnista profesional absorbe, entre otras cosas, mucha información, la interpreta. El lector sabe que puede confiar. Lo anterior va sobre Irán, la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. Incluimos a España, miembro de la UE. Los estados guardan una parte de la información, a veces sustancial. De pronto surge una pre- noticia, algo distinto del mero rumor. Nos referimos en este punto al mercado de la energía, mercado relativo, claro está. Existen líneas de decisión, responsables que mandan: a escala global, europea, española. Luego están las empresas. El OIEA, Organismo Internacional de Energía Atómica, agenDARÍO cia de la ONU, depende de su secretaVALCÁRCEL rio general, Kofi Annan. A escala española, no en paralelo, el CSN, Consejo de Seguridad Nuclear, controla oficialmente la radiactividad producida en España, aunque sean altos funcionarios del ministerio de Industria quienes gestionen los problemas nucleares. En caso grave decidirá el ministro, los vicepresidentes, el presidente. Asunto distinto son las compañías estatales que gestionan, producen y venden uranio- 235, uranio enriquecido. Son pocas en el mundo. En Europa, la francesa Eurodif y la germano- británico- holandesa Urenco. Empresas interesadas por mantenerse discretamente, aunque internet les empuje a difundir sus páginas web. Lo que sigue no es una pre- noticia sino un rumor: la tecnología de Urenco es mejor y más barata que la de Eurodif. Entonces Eurodif hace una oferta a Urenco. Para lo cual debe hacer una ampliacion de capital. Uno de los accionistas minoritarios es España, el estado español. Se han detectado resistencias francesas a admitir al accionista minoritario en la ampliación. ¿Otro forcejeo callado? Quizá sea sólo un rumor, pero seguirlo. El uranio- 235 destinado a las centrales de generación nuclear se enriquece a un determinado nivel: de su fisión ulterior se obtendrá energía eléctrica comercializable. Si el mineral se enriquece a un grado distinto será útil para la fisión requerida en una bomba nuclear. Este es el equívoco, hasta hoy insalvable, que mantiene a Irán en conflicto con Estados Unidos y la Unión Europea. Rusia y China fingen mirar al frente, pero miran de lado. Moscú intenta aplazar el choque y hace una oferta a Teherán. El presidente Bush quiere ganar tiempo. Sin embargo la posición de Estados Unidos es otra, resolver la situación, encauzarla. Tal es la divergencia entre la Casa Blanca (también llamada administración Bush) y la administración americana, el cuerpo permanente al servicio de los Estados Unidos. Bush tiene ante sí 960 jornadas. El punto de no retorno, la obtención de la bomba por Irán, puede situarse en torno al día 580. Aunque el vector para hacerla operativamente temible necesite seis u ocho años aún. El programa iraní data de 1971. El Sha desapareció de la escena una mañana de enero de 1979. El cáncer le había debilitado más que la revolución. Pero el programa nuclear iraní quedó. No es una iniciativa de los ayatolás sino una política de estado. ¿Sería posible hoy el cinematográfico bombardeo israelí contra Irak, Osirik, en 1981? Irán ha distribuido en 46 laboratorios y centenares de pequeños centros de investigación su tecnología. Por otra parte ¿cómo elige Bush este preciso momento para proponer una excepción nuclear a favor de India? ¿Por qué India sí e Irán no? Al ritmo del presidente americano, leemos, Irán será pronto una potencia nuclear. Los iraníes podrán contemplar los años de Bush como una era dorada, llena de estímulos llegados de Washington, inestimable aliado. No es la opinión de un enemigo: es el editorial del New York Times, lunes último. E despidió ayer de La Coruña con una ofrenda a María Pita al son del La, la, la de Massiel, peculiar guiño al topónimoen castellano de la ciudad que hagobernado durante 23 años, de cuyo artículo determinado hizo una verdadera batalla política. Francisco Vázquez siempre ha llamado La Coruña a La Coruña, brechtiana manera de luchar por lo evidente, a contraviento incluso de la Xunta de su amigo y rival Manuel Fraga, que llegó a recurrirle en los tribunales este singular desafío lingüístico. Alcalde carismático, populista y levantisco en esa hispánica tradición de regidores rebeldes del linaje de Zalamea y de Móstoles, Vázquez encarna la estirpe más honesta y decentedel socialismo español, cuyos rasgos de identidad empiezan justamente por el concepto de una profunda españolidad IGNACIO a partir de la cual surge la CAMACHO causa igualitaria de una nación de ciudadanos, para cuya defensa no parece haber sitio en medio de la presente zarabanda de aldeanismos, exclusiones y confusos derechos históricos. Por eso se va camino de una embajada de pompa y rango junto al Tíber, a ver de lejos el espectáculo de un país empeñado en bailar con sus demonios más pertinaces, aquellos que según Gil de Biedma han convertido nuestra Historia en la más triste de todas las historias de la Historia. Eso que sale ganando. Y eso que salimos perdiendosus conciudadanos, coruñeses y españoles, condenados a la descapitalización de una clase política que a base de coraje, fe en los principios y respeto al adversario bordó el proceso democrático más ejemplar de la Europa moderna. Ya no queda lugar aquí para los hombres y mujeres que se dejaron la juventud y la energía en construir desde la Transición un país moderno y solidario, arrumbados por la crecida de otra generación empeñada en darle una vuelta de tuerca a aquel proceso de cohesión histórica. Los tipos como Vázquez, autónomos, individualistas, aficionados a ir por libre bajo el código de su propio compromiso civil, se han vuelto gente fastidiosa en esta sociedad acomodaticia de perfiles tibios, de corrección política, de modas confortables y éticas indoloras. Un tipo que se empeña en considerarse español, cristiano y socialista, qué engorro. Que se vaya a Roma, a tratar con los sinuosos curiales vaticanos de esas cosas abstractas y obsoletas de la religión, las creencias, las doctrinas. Qué hombre tan cargante. Y a Roma seva, tras cuatro décadas ganando elecciones a base de modernizar su ciudad y trabajar por ese asunto tan cansino y absurdo del bienestar de las personas. Se despidió al compás, provocador y castizo, del pasodoble Suspiros de España e inaugurando una calle dedicada a Albert Camus, otro espíritu resistente e indómito que creía en la fuerza agrupada de los ciudadanos como motor de la libertad. Quizás en el fondo, cercado en los últimos años por una marea de nacionalismos rampantes y exacerbados, él mismo haya terminado sintiéndose extranjero, exilado interior, intruso social como el antihéroe condenado del escritor de Mondovi. O a la manera machadiana: extranjero, ay, en los campos de su tierra. Vaya con Dios, alcalde.