Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 Cultura MIÉRCOLES 8 3 2006 ABC Fernando premio Primavera diez años después de conquistar el Planeta b En su novela Vichy, 1940 el diplomático y escritor analiza las razones que llevan a un héroe a convertirse en villano y a un villano a transformarse en héroe A. ASTORGA MADRID. Fernando reapareció ayer en el ruedo literario ibérico alzándose con el IX premio Primavera. Diez años después de conquista el Planeta con El desencuentro el diplomático ha empleado esta década en pergeñar otra novela, Vichy, 1940 cuyo protagonista es un diplomático español nacionalizado francés, aunque asegura que no tiene nada que ver con él. La historia se sitúa en la segunda mitad del año 1940. Segunda Guerra Mundial. Francia obtiene el armisticio, pero está partida en dos mitades. Rescatando el machadiano hallazgo de la charanga y pandereta el relato presenta a un gobierno que se declara vencedor de un armisticio cuando ha sido derrotado. Cuenta que su novela abriga historias de amor, desgarro y comprensión, que giran en torno al afrancesado diplomático. En el corazón de la Francia perseguida y torturada resiste un bastión de víctimas (embajadores. mujeres de salón de té, una joven alemana de origen judío... que debe decidir de qué lado está para evitar que les atropelle la imparable maquinaria bélica. Toda guerra convierte a un hombre en un ser confuso, no en un héroe. En el fondo, esta novela analiza las razones que llevan a un héroe a convertirse en villano y a un villano a transformarse en héroe observa el escritor. El jurado lo componían Ana María Matute, Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Pilar Cortés y Mercedes Castro. Basanta apuntó que Vichy, 1940 refleja la transformación de una ciudad balneario para convertirse en refugio de toda la clase política del momento: espías, artistas, mataharis diplomáticos, periodistas... El autor construye dos planos: el de alcance más general y un muestrario de las gentes más variopintas en un ambiente difícil. Es la historia de un amor frustrado por la guerra y desgarrado que surge entre el protagonista y una joven alemana de origen judío, antinazi. El protagonista es un tipo al que sus compañeros tienen como punto de referencia para llegar a las autoridades del Gobierno del mariscal Petain Mayra Santos- Febres, de Puerto Rico, quedó finalista de este premio Primavera, que convocan Espasa y Ámbito Cultural, con Nuestra señora de la noche recibirá 200.000 euros y Santos, 30.000. Ali Farka Touré, en un concierto en el festival español Pirineos Sur REUTERS Muere Ali Farka Touré, el genial músico africano al que enseñaron a tocar los espíritus del río El bluesman maliense fue descubierto por el guitarrista norteamericano Ry Cooder en 1994 b De formación autodidacta, era una de las grandes figuras de la cultura del Continente Negro. Los cantos de sirena occidentales nunca le llamaron la atención M. DE LA FUENTE MADRID. Por conocida la historia no deja de ser típica: occidental conoce músico del Tercer Mundo y al Primer Mundo se le cae la baba. Ésta también es en buena medida la historia del artista maliense Ali Farka Touré, uno de los más grandes de la música africana de los últimos años. Y el occidental, en este caso, fue Ry Cooder, quien lo descubrió, se lo llevó a los Estados Unidos, luego al estudio (grabaron el genial Talking Timbouctou y derechitos a recoger un Grammy. Farka, de 67 años, falleció ayer en Bamako, capital de Mali, aunque su entierro se celebrará en un pequeño poblado, Niafunké, en el que el músico vivía alejado del mundanal ruido y de la fama, dedicado a la agricultura y al cuidado de su enorme prole de sobrinos (sus catorce hermanos murieron antes que él) El mundo (occidental) lo conocía como el John Lee Hooker africano, pero en justicia tal vez se debería haber dicho de Hooker que era el Ali Farka del Mississippi. Puede parecer exagerado, pero para Farka lo que él hizo desde su infancia es el auténtico blues, con un solo acorde y no con cuatro como los americanos, y usando el djourkéle, guitarra de una sola cuerda. Todos sus títulos son auténticas joyas. Farka fue un autodidacta y la historia de su vida es de leyenda, ya que se cuenta que de niño una serpiente se le enroscó en la cabeza, enfermó gravemente, sanó y ya no volvió a ser el mismo, ante el aplauso de los espíritus del río que le enseñaron a tocar. Casi como el encuentro del bluesman Robert Johnson con el diablo. Para él, la música se construía con pasión, a golpe de pulmón Y a ello se dedicó toda su vida, y sin dejarse tentar por los cantos de sirena occidentales. Le bastaba para vivir su finca, su huerto, y el sonido de su djourkéle sonando y soñando en la gran noche africana.