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ABC MIÉRCOLES 8 3 2006 Cultura 57 guerra franco- prusiana, sólo la función magisterial del Papa de Roma en situaciones límite y su capacidad de tomar una decisión última de orden infalible. Entonces, la gran constitución sobre la fe y la gran constitución sobre la Iglesia quedan en silencio ante el hecho de haber definido al Papa infalible. Desde fuera dicen: manda uno y todos obedecen, piensa uno y todos callan. Pero ese trauma provoca en la conciencia católica una inmensa reacción de redescubrimiento de la identidad como comunidad de fe. El redescubrimiento de la Biblia como fuente de inteligencia. Y el redescubrimiento de la espiritualidad del Dios vivo... Están Santa Teresa de Lisieux e Isabel de la Trinidad, surgen los movimientos bíblico, litúrgico, patrístico, ecuménico, en orden a una recuperación del cristianismo en su originalidad, su fecundidad y su catolicidad. Y todos estos grandes cauces van a desembocar en el Vaticano II que se centra en dos grandes propuestas. Primero, sobre la misión de la Iglesia hacia dentro y hacia fuera. Y segundo, el diálogo con la conciencia crítica de la modernidad a partir de la Ilustración, en orden a superar la dicotomía entre conciencia humana y conciencia eclesial. -Sin embargo, uno de los frutos del Concilio, la llamada teología de la liberación, se convirtió en una fuente conflictos. ¿Qué ocurrió? -La teología de la liberación es la prolongación del método expuesto en la Gaudium et spes Partiendo de la realidad, se analiza qué sintonía, qué distancia, qué rechazo se tiene con respecto al Evangelio. Si el Evangelio es una lucha de vida, de libertad y de esperanza, ¿qué palabras, hechos, instituciones y formas de vida proponemos cuando rigen no la libertad sino la dictadura, no la justicia sino la injusticia, no la vida sino la muerte? Eso es lo que está en el origen y eso es sagrado. Pero, ¿cómo se pasa de esa propuesta a una articulación política? Y ahí es donde entra el marxismo y donde se produce el problema. Claro, el marxismo da una interpretación materialista de la realidad, de la historia, de la economía, de la política y de la cultura. El problema es que ésa es una interpretación, pero hay otras. Por otro lado, hay que reconocer que dentro de la comprensión eclesial hay pluralismo, no todos consideramos las mismas primacías, las mismas urgencias, las mismas negatividades. -Pero ¿qué pasó? -La gran cuestión es que la teología de la liberación quedó afectada en su nacimiento por la situación del mundo dividida en dos bloques, y afectada luego por el hundimiento de uno de esos bloques. Se queda sin respaldo social, cultural, político. Ahora es cuando sí hay que hablar de teología de la liberación, cuando no va unida a un sector político. Ahora es cuando se tiene libertad y debe ejercer esa libertad para discernir, asumir y criticar las propuestas políticas que se ofrecen. ¿En qué medida el catolicismo de resistencia polaco de Karol Wojtila marcó el declive de la teología de la liberación, desplazando, además, la influencia de los jesuitas hacia el Opus Dei, que participó en aquella lucha suya contra el comunismo? -La historia de Juan Pablo II es la que es, uno no inventa su historia. Uno no nace, le nacen. Juan Pablo II no eligió Polonia ni el año veintitantos. Él tuvo esa historia y la gran cuestión es cómo la vivió. cómo respondió a ese desafío local y temporal. Y en eso, mire, cuando uno lee más sobre el tema, ve la grandeza heroica de un huérfano que interrumpe la ilusión de vida, que era ser actor teatral, para ser fiel a la fe, a la Iglesia y a la nación. Es sencillamente admirable. Luego, en sus años posteriores mantiene esa confianza en la identidad cultural de Polonia y en la capacidad histórica de resistencia de la fe. La gran cuestión no es cómo es Papa sino por qué lo eligen. Había ya un giro interno de la Iglesia. Ciertas cosas no podían seguir ocurriendo. Y esa convicción de que ciertas cosas no podían seguir ocurriendo y de que El anuncio del Evangelio y la lucha por la justicia son sagradas, pero no se puede decir que sean cosas idénticas La Transición política la hacen la izquierda, la universidad, el mundo obrero y la Iglesia otras cosas son inolvidables y tienen que ser actualizadas es la que hace que se elija a Juan Pablo II, quien viene lógicamente con la historia que ha vivido. Y, por tanto, con una distancia entre sonriente e irónica frente a una Europa que se había preparado para ser la expresión occidental del proyecto socialista. Incluida la Santa Sede con la ostpolitik del cardenal Casaroli. Para él era el desistimiento y la renuncia a los valores de la libertad y a la comprensión cristiana de la vida. Hay muchas cosas que se pueden matizar, pero decir que Juan Pablo II no había hecho la Ilustración, eso no. Todos hubiéramos esperado que no se afirmara sólo un grupo, sino otros muchos grupos, no sólo unas figuras masculinas, sino también femeninas. En cualquier caso, las cosas hay que valorarlas en cada país y en cada época. No es lo mismo el Opus en España que en Alemania. En España es un factor político, económico, cultural y eclesiástico, y ha monopolizado Gobiernos durante el Régimen de Franco. En otros países sólo es un fenómeno religioso. Por su parte, la Compañía de Jesús es una de las inmensas aportaciones de España a la Iglesia Universal. Por lo que el Vaticano II ha significado como expresión de libertad, de modernidad, de reconocimiento de autonomía tenía que crear en ella una crisis, porque si una institución hubo de obediencia incondicional, ésa era la Compañía. El anuncio del Evangelio y la lucha por la justicia son sagradas, pero no se puede decir que sean cosas idénticas. No son separables pero tampoco identificables.