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ABC MARTES 7 3 2006 Madrid 39 HÉCTOR CUESTA CALLEJA Primer abogado invidente en la Administración Pública MADRID AL DÍA Un invidente puede alcanzar lo mismo que otro que no lo sea Es uno de los doce letrados de la segunda promoción que llega a la Asesoría Jurídica del Ayuntamiento de Madrid, y el único abogado invidente que presta servicio en la Administración. Si de algo sabe, es de lucha. Espera que casos como el suyo se vean pronto con normalidad TEXTO: SARA MEDIALDEA FOTOGRAFÍA: JAIME GARCÍA FLORENTINO SE EQUIVOCA PEDRO MONTOLIÚ M Héctor Cuesta Calleja es, hoy por hoy, el único letrado invidente afiliado a la ONCE que presta servicio en la Administración Pública. Ayer tomó posesión de su puesto, en la segunda promoción de la Asesoría Jurídica del Ayuntamiento madrileño, junto a los otros once compañeros de su promoción. Nacido en La Coruña hace 30 años, ha vivido prácticamente siempre en Guadalajara, y estudió Derecho en la facultad correspondiente de la Universidad de Alcalá de Henares. -No es la primera oposición a la que se presenta... -No; desde que terminé la carrera en 1998, he preparado oposiciones para el cuerpo de abogados del Estado, para el de letrados de la Comunidad de Madrid y ahora para el Ayuntamiento madrileño. ¿Es usted invidente de nacimiento? -No; desde pequeño tuve problemas con la vista, pero me quedé ciego a los 14 años. ¿Y qué dificultades extra se ha encontrado a la hora de preparar y realizar los exámenes? -Lo más complicado era estudiar, porque los temarios y los apuntes que conseguía, tenía que escanearlos para poder utilizarlos, con lo que me retrasaba respecto al resto de opositores. A la hora de realizar los exámenes, en realidad no he encontrado dificultades especiales. En todas las oposiciones que se organizan por las Administraciones Públicas está previsto adaptar los medios y el tiempo de cada prueba para las personas con alguna discapacidad. Por ejemplo, los exámenes escritos los realizaba mediante un programa especial de ordenador que lee la pantalla. En los orales, tenía las mismas posibilidades que el resto de compañeros. ¿Y a la hora de ejercer sus funciones, necesitará medios especiales? -Hace falta una adaptación del puesto de trabajo, que en este caso ha realizado ya la ONCE. De hecho, cuando mañana llegue a mi despacho, podré empezar a trabajar de inmediato. ¿Qué sensación le produce ser el primer abogado invidente que trabaja para la Administración Pública? -Es una manera de demostrar con conocimientos que una persona con discapacidad puede alcanzar los mismos objetivos que otra que no la tenga. En mi caso, es un orgullo para mí decir que no he entrado en el Ayuntamiento Héctor Cuesta, junto a una ayudante, ayer durante su toma de posesión por el cupo de plazas reservadas a personas con minusvalía, que es de un 5 por ciento del total de la oferta, sino en el turno libre. Es otra prueba de que hay que luchar para superar los obstáculos. -Y el hecho de que su aprobado, con el número dos de la promoción por cierto, se convierta en noticia, ¿qué le parece? -Creo que sería mejor que algo así se viera con normalidad en la sociedad. ¿Cree que servirá como ejemplo o modelo a imitar para otras personas con minusvalía? -Si la gente ve que hay otras personas que lo han conseguido, creo que se animarán a intentarlo. Lo que mi ejemplo dice es que hacerse, se puede hacer. i buen amigo Florentino Pérez, sorprendentemente, se ha equivocado. No se trata de que haya malcriado a algunos jugadores- -ahí se notan las enseñanzas de nuestro común colegio de los escolapios de San Antón- -ni de que se haya equivocado con los entrenadores. Su gran fallo fue deshacerse del arma secreta del club a cambio de muchísimo dinero. ¿Era ésta el difícil equilibrio entre canteranos y galácticos? No. ¿Quizás era la incorporación al organigrama directivo de grandes jugadores que como Butragueño- otro alumno escolapio- habían llevado los colores del club? Tampoco. Hasta el año 2002, el Real vivía días de gloria en España y el extranjero. Recordemos: ganó la Liga y la Supercopa española en 2001 y 2003, la Copa de Europa en 1998, 2000 y 2002, la Supercopa de Europa en 2002 y la Copa Intercontinental en 1998 y 2002. Parecía una locomotora. Pero un día Florentino Pérez que, como todos reconocen- -y ya es raro que en España haya unanimidad en algo- -es un fiera de las finanzas, convirtió el suelo de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, en la Castellana, en las minas del rey Salomón. Su recalificación urbanística y su venta para levantar en el solar las cuatro torres más altas de España, además de un equipamiento que primero iba a ser Estadio Deportivo y ahora se perfila como el tercer Palacio de Congresos de la capital, permitió al club eliminar su deuda y acometer la construcción de una nueva ciudad deportiva más grande y moderna a un tiro de piedra del aeropuerto de Barajas. El problema es que con esta acción Florentino, sin saberlo, renunció al arma secreta del club. En su favor habría que decir que posiblemente no conociera ni su existencia. Ahora se ha descubierto: un pozo de 230 metros de profundidad que fue abierto hace 30 años y del que no sería extraño que los jugadores bebieran tras los entrenamientos. Al irse a Valdebebas, el equipo se quedó sin pócima y los romanos vieron su oportunidad de apoderarse de la aldea de Asterix. Y así ha pasado lo que ha pasado.