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ABC LUNES 6 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA HAY PARTIDO M PADRE Y MADRE E van a sustituir en las inscripciones del Registro Civil los sustantivos padre y madre por un eufemismo que elimine la naturaleza dual de la filiación. Algunos pardillos han pensado que esta reforma semántica es una mera concesión grotesca a la corrección política. Sin embargo, se oculta detrás de ella una implacable operación de ingeniería social. Los ideólogos de género pretenden que entre hombres y mujeres sólo existe una banal diferencia fisiológica (subsanable, por lo demás, en el quirófano) y que, por tanto, cualquier otra peculiaridad psicológica o afectiva es un mero producto cultural que conviene erradicar. Así, sostienen que cada cual puede elegir sus preferencias sexuales, que de este modo ya no serían una inclinación inscrita en los genes, sino una mera opción que cada persona puede inventar, modelar, rectificar e intercambiar a su antojo. Las diferencias JUAN MANUEL entre los dos sexos se convierten en DE PRADA convenciones elaboradas por una cultura represora contra la que cualquier persona puede- -y debe- -rebelarse, adscribiéndose al género que le pete: heterosexual, homosexual, bisexual o cualquier otra variante que se le pase por el caletre. No se requiere una inteligencia privilegiada para intuir la operación de ingeniería social que se oculta detrás de tan estrafalario derecho a inventarse a uno mismo. Feminidad y masculinidad se convierten en entidades automáticamente perseguibles. Se niega la existencia del instinto materno; también, por supuesto, la posibilidad de que los afectos que un padre y una madre entablan con sus hijos sean diversos. La familia tradicional se convierte ipso facto en una forma de organización social obsoleta, de un estatismo indeseable; las relaciones naturales surgidas en su seno, entre las que la filiación ocupa un lugar primordial, deben ser combatidas. Y es que la filiación no se elige: presupone un padre y una ma- S dre que no son aleatorios, sino establecidos por un acto procreador. Padre y madre son expresiones inequívocas de la realidad dual del ser humano; dualidad que la ideología de género aspira a destruir. Para ello, se presenta en primer lugar el matrimonio como una unión de carácter puramente contractual, configurable, modificable y rescindible a gusto de los cónyuges (que ya no habrán de ser nunca más marido y mujer) Los ideólogos de género saben que la familia con padre y madre infunde a los hijos la noción- -tan natural, por lo demás- -de que hombres y mujeres somos diferentes; para borrar esta noción del disco duro de las nuevas generaciones, la ideología de género ha habilitado un sofisma tan burdo como eufónico: Diferencia significa desigualdad Al anular las diferencias- -nos venden- al evitar que padres y madres se comporten como tales, instauraremos una idílica sociedad igualitaria. Desde el momento en que la multiforme inclinación sexual del individuo se antepone sobre su dualidad biológica, ya no tiene demasiado sentido sostener la división entre hombres y mujeres, mucho menos entre padres y madres. Seamos todos progenitores (A y B y C y D y los que hagan falta) fundidos en la amalgama diseñada por la ideología de género, que no pretende- -aunque así lo pregone, para disfrazar sus fines aberrantes- -la promoción de la mujer, sino la anulación de lo femenino y lo masculino como expresiones de la naturaleza humana. Esta desnaturalización comienza a consagrarse a través del lenguaje, mediante el cual se designa y se conforma, se moldea y manipula la realidad. De ahí estas reformas semánticas, que algunos ilusos despachan con chascarrillos, pensando que sólo obedecen a un ridículo prurito de corrección política. Pero no, queridos pardillos: son el primer paso para indiferenciar a los seres humanos, para sovietizar y uniformizar los afectos, para otorgar carta de naturaleza a la anomalía, sobre la que esperan construir su nuevo mundo feliz EDIADA la legislatura que se abrió tras el shock del 11- M, el resultado de las próximas elecciones generales se presenta incierto, apretado y disputadísimo, y ello es debido a dos factores complementarios: la política de riesgo asumida por el Gobierno en las materias ultrasensibles del terrorismo y el modelo de Estado, y la resistencia de un Partido Popular que no sólo no se ha hundido tras su inesperada derrota, sino que muestra unasolidez suficiente para permitirse aventajar la mayoría de las encuestas. Un panorama por el que casi nadie habría apostado hace dos años, cuando el planificado relevo controlado de Aznar saltó por los aires con las aún inaclaradas bombas de Atocha. La Convención que ayer clausuró el PP muestra un partido cohesionaIGNACIO do en condicionesde intenCAMACHO tarel asalto al poder. Ha resistido la implosión que pudo provocarle el naufragio del 14- M, ha conjuradolas dudassobre la voluntadde Rajoy y ha aplazado o diluido las previsibles conspiraciones contra su liderazgo. Tiene problemas para modular el discurso opositor y encontrar alianzas, ha perdido Cataluña en el necesario empeño de denunciar el dislate del Estatuto y muestra en ocasiones la sensación de ir por detrás de los acontecimientos, pero en conjunto mantiene intactas sus expectativas de voto y aguanta la durísima y continua ofensiva que le plantea un Gobierno empeñado en aislarlo políticamente y amplificar la dureza de sus negativas a secundar el discurso rupturista de Zapatero, más perfilado como un líder radical a la italiana que como un socialdemócrata europeo. Este perfil ambiguo del presidente, ideológicamente sinuoso e inaprensible, ofrece a la oposición dificultades para combatirlo con riqueza de matices y sin caer en el esquematismo, y la encierra a veces en una rigidez excesiva de la que sólo puede salir con propuestas constructivas que no siempre encuentra. El escalón que el PP ha de subir cuanto antes es el que lleva de un partido que denuncia con rigor los planes desquiciados de este Gobierno aventurerista a otro que plantea un proyecto para sustituirlo, y en ese sentido la Convención de Madrid ha dejado sobre la mesa interesantes iniciativas que pueden servir de base a un programa. Si los cabezas de huevo de la calle Génova dan con tres o cuatro ideas- fuerza capaces de ilusionar a los ciudadanos, el PSOE encontrará un desafío que tendrá que afrontar sin los nacionalistas, interesados sólo en aquello que sirva a sus intereses de debilitar el Estado. Demomento, hay partidoen la dobleacepción, metafórica y literal, de la frase. Hay partido porque restan muchos minutos por jugar y el resultado está en el aire. Y hay partido porque el de la oposición se está reorganizando como alternativa. Eso sí: con este horizonte de desencuentros las mayorías absolutas parecen una quimera, por lo que el futuro pertenece al que mejor sepa granjearse aliados. Ése es el gran test del post- aznarismo, y Rajoy tiene las municipales de 2007 como examen de selectividad para una candidatura triunfadora.