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5 3 06 GRANDES FIRMAS RELEYENDO A RAYMOND ARON DIALÉCTICA NUCLEAR Hace un cuarto de siglo las disputas transatlánticas eran tan intensas como hoy. Entonces la cuestión era cómo defender mejor a la mitad europea bajo la amenaza soviética. En este artículo, Aron tiene en cuenta las propuestas de Irving Kristol, padre del movimiento neoconservador americano, sobre el compromiso de no ser los primeros en emplear el arma nuclear 2 de abril de 1982 El 25 aniversario del tratado de Roma se celebró en un ambiente de pesadumbre. Los estados de Europa occidental siguen tan lejos de los Estados Unidos de Europa como lo estaban ayer. Los diez asisten impotentes a la represión de la revuelta polaca, como asistieron, en 1956, a la represión de la revuelta en Hungría. Les guste o no, los gobiernos les dedican más tiempo y atención a la aportación británica al presupuesto de la CEE y a los precios agrícolas que a la política con mayúsculas. El cuarto de siglo del Tratado de Roma habría podido servir para reavivar el recuerdo de la Comunidad Europea de Defensa, la CED, que suscitó un intenso debate en Francia. Retrospectivamente, el Tratado de Roma parece haber surgido como reacción al fracaso de la CED, pero la revancha económica no borra el fracaso político. Francia ya no pertenece al mando integrado de la OTAN; y centenares de miles de alemanes, belgas y holandeses gritan en protesta contra los Pershing II estadounidenses, pero no contra los SS- 20 soviéticos que apuntan a sus países. Inicialmente, algunos observadores comentaron que la CEE aumentaría la oposición entre los intereses europeos y estadounidenses. Efectivamente, en el plano económico, la CEE, y en concreto la Política Agrícola Común, genera discusiones más o menos intensas de lado a lado del Atlántico. Pero eso no es lo esencial: en la actualidad, los pueblos de un lado tienen miedo de que su territorio se convierta en campo de batalla nuclear, mientras que al otro lado del Atlántico la opinión pública se irrita porque los aliados parecen tenerle más miedo a su protector que al enemigo. Hace algunas semanas, Irving Kristol abordó este vital problema en el Wall Street Journal y propuso una solución. Sí, escribe, la congoja de los europeos está justificada. En caso de agresión soviética a Europa, ¿respondería Estados Unidos con un ataque nuclear contra la Unión Soviética? Esta última le infligiría al territorio estadounidense daños comparables a los que hubiese sufrido ella. Debido a esto, los europeos tienen dudas sobre el paraguas nuclear estadounidense y se imaginan el riesgo de que se dé una guerra nuclear limitada, de la cual Europa sería el escenario y la víctima. Irving Kristol ha recuperado una vieja idea, sugerida en el pasado alguna vez por los soviéticos: el compromiso universal del no first strike, el pacto asumido por todos los estados de no ser los primeros en usar armas nucleares. Si todos los estados se negaran a ser los primeros en utilizar armas nucleares, éstas, como el gas en la última gran guerra, no serían utilizadas. Raymond Aron (1905- 1983) uno de los grandes pensadores y analistas del pasado siglo. En sus artículos, algunos de los cuales estamos reproduciendo, afrontó conflictos que siguen abiertos LOS ESCENARIOS POSIBLES Estados Unidos siempre se había negado a asumir este compromiso: al tener los soviéticos una superioridad incuestionable en armamento clásico, los occidentales no podían prohibirse el recurso a las armas nucleares. Irving Kristol no ignora las consecuencias de su propuesta: si lo que buscan es la igualdad con el Imperio Soviético en este terreno, los europeos deben aumentar drásticamente su armamento clásico: La doctrina del no first use convencería a los estadounidenses de que en este campo estamos haciendo todo lo posible por evitar un holocausto nuclear, ya sea grande o pequeño escribe. También les impondría a los estadounidenses y a sus aliados la responsabilidad de un aparato militar clásico, enorme y costoso, de manera que podríamos hacer frente a nuestras responsabilidades sin que surja inmediata y permanentemente el fantasma del desastre nuclear. Si los occidentales se niegan a asumir esta responsabilidad, se están mostrando indignos de las libertades que pretenden proteger Puede que las democracias occidentales no estén por la labor de soportar el peso financiero y humano de ejércitos dispuestos a me- Foto de familia, algo sombría, para conmemorar el cuarto de siglo de la Comunidad Económico Europea, en 1982