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ABC DOMINGO 5 3 2006 Madrid 47 temente, el asesinato de una mujer a manos de su marido, chófer en un chalé de Villanueva de la Cañada. El hombre, además, se colgó tras cometer el crimen. Es, precisamente, el homicidio el delito en el que cuidar cada detalle, por mínimo que sea, resulta más trascendental. La escena de los hechos es lo más importante y requiere un estudio minucioso. Se dan muchas instrucciones sobre lo que hay que hacer, puesto que es donde más pistas se encuentran: cómo marcar la zona, el cordón de seguridad, qué fotos hay que hacer... Hasta que llegan los especialistas indican las fuentes consultadas. La Policía Judicial tiene unas pautas de trabajo concretas basadas en sus conocimientos científicos y técnicos. Cuando llegan los miembros del laboratorio, junto a la comisión judicial, se procede a la inspección más minuciosa del lugar y se intenta identificar a la víctima. Para ello hay varios métodos: la reseña de huellas- -que sólo sirve para personas fichadas con anterioridad- la reseña dental, la necroidentificación- -reconstrucción de las yemas de los dedos- la difusión de fotos del fallecido... Todo ello, con el apoyo de la Unidad Central de la Guardia Civil, que también tiene un laboratorio de Criminalística. La pista de los pasteles en el salvaje crimen de Collado Mediano El doble crimen de Collado Mediano, en el que un hombre de 59 años y su hija de 28 perecieron asesinados en el interior de su chalé en la urbanización El Mirador el 29 de diciembre de 2004, es uno de los más recordados por la Policía Judicial de la Guardia Civil de los últimos años. En aquel truculento caso fue importante un singular detalle: el asesino olvidó una caja de pasteles procedentes de Toledo en la escena del crimen. Fue uno de los más difíciles de resolver, aunque se logró. Pero aún quedan otras espinas que siguen clavadas. La más conocida es el caso de Eva Blanco, la Inspección en la urbanización El Mirador, de Collado Mediano chica de Algete asesinada el 20 de abril de 1997, que continúa sin ser esclarecido, aunque existen pistas que hacen no perder la esperanza. No es el único crimen sin resolver. El de un guardia civil muerto en Navalcarnero en 2002, el de una prostituta en El Molar, y el más reciente, el del vecino de Tres Canto Francisco Quintana Calvo, que la falta de pruebas ha impedido cerrar. Suicidio, muerte natural o asesinato Otro de los elementos fundamentales es conocer el tipo de muerte- -natural, suicidio u homicidio- incluso cuando se sospecha que puede ser un caso de suicidio, se siguen las pautas de los asesinatos. Las características del crimen, de la víctima y su entorno son lo primero que se investiga en caso de muerte violenta: sus movimientos, la hora y el lugar de los hechos, su círculo personal, el laboral. Es la indagación en datos objetivos que generen otros, para así poder ir estableciendo un abanico de hipótesis. Ese modelo de esquema es el que se ha seguido en el último crimen resuel- to por el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil, el del ex piloto de Iberia Rafael Romero Arrieta, de 63 años, en Torrelodones. Le mató de un tiro en la nuca un amigote cocinero, al que le había prometido hacía unos meses un trabajo que nunca llegó. Al final, lo más importante es la paciencia y la meticulosidad dicen desde la Guardia Civil, que no se muestran muy convencidos de la similitud entre los chicos de la serie CSI y la realidad española. No sé hasta qué punto tienen allí ese material, pero sí es cierto que hay ciertos aspectos no asimilables por nuestro sistema jurídico Lo que están claras son las cifras: entre los años 2004 y 2005, la Guardia Civil ha tenido que hacer frente a 13 asesinatos, de diversa complejidad. Casi el 100 resueltos. Pese a que, el delincuente no sabe de demarcaciones