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ABC DOMINGO 5 3 2006 Internacional 37 Los presos de Guantánamo sólo confían ya en el Supremo de EE. UU. La prisión militar se mantendrá sin cambios, según la Casa Blanca b La publicación de los nom- SOBRE NUEVA ORLEANS E bres de parte de los casi 500 detenidos supone un paso de gigante, según las organizaciones de derechos humanos MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. El tira y afloja entre el Gobierno norteamericano y los tribunales de ese país concluyó el viernes con la entrega a la agencia de noticias Associated Press de 5.000 páginas de transcripciones de las audiencias militares que se siguen contra los presos de Guantánamo. Por primera vez las páginas estaban limpias de borrones, lo que ha permitido identificar a muchos de ellos con nombre y apellidos. Los documentos ya los obtuvo anteriormente la agencia de información estadounidense el año pasado en virtud de la Ley de Libre Información, pero el Gobierno los censuró con tachones para proteger la intimidad de los presos y su propia seguridad Un año después, el juez federal Jed Rakoff no ha admitido la excusa. Dado que la polémica prisión de la base naval de Estados Unidos en Cuba es el centro de interés de los organismos internacionales y las instituciones estadounidenses, la publicación de esa información servirá al interés público dictaminó la semana pasada. Para organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, se trata de un paso de gigante en la lenta batalla que se lucha contra el Pentágo- no para sacar el penal de Guantánamo, al que más de una laguna legal ha convertido en un agujero negro, del secretismo y oscurantismo. Los presos no están amparados por la legislación internacional ni la de país alguno. Sus familiares no conocen su paradero, ni se les permite contacto con abogados o incluso miembros de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Detenidos tras el 11- S La mayoría de los presos de Guantánamo fueron detenidos durante los primeros bombardeos de Afganistán, en los meses que siguieron a los atentados del 11- S, en 2001. Muchos ni siquiera sabían que el World Trade Center había sido destruido en un atentado terrorista. Empezaron a llegar a la isla caribeña en enero de 2002, y la identificación de sus nombres debería haber sido el primer paso. Se calcula que por Guantánamo han pasado alrededor de 1.200 presos, pero la presión internacional de los países que tenían ciudadanos entre los detenidos, y la de la justicia estadounidense, ha obligado a liberar a más de la mitad. Hoy quedan en la base militar en torno a 500 prisioneros, de quienes Ap estima que ha obtenido las transcripciones de 317 audiencias, aunque muchos son identificados sólo como el detenido Zahir Shan, un afgano de quien se dice que al ser capturado tenía un lanzagranadas (RPG) en su poder lo niega rotundamente. ¿Qué íbamos a hacer con eso? Nosotros nos dedicamos a cultivar trigo, maíz, verduras y melones. Tenemos rifles para cazar y protegernos, ¿pero un RPG? dijo a los tres jueces militares que le interrogaron. Uno de estos jueces, identificado tan sólo como coronel de las Fuerzas Armadas, arremete malhumorado contra uno de los detenidos que acusa a sus guardianes de humillarle manteniendo relaciones sexuales delante de él y forzándole a comer cerdo. En un momento exige que se le muestren las pruebas que obran en su contra, y el juez explota. Señor Abbasi, su conducta es inaceptable y ésta es la última advertencia que le doy. No me importa la legalidad internacional. No quiero volver a oír esas palabras Todo seguirá igual Esa posición es la misma que observa el Gobierno de George Bush, que el mes pasado desestimó el informe independiente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en el que se pide el cierre inmediato de esta instalación penitenciaria. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, aseguró que nada cambiaría en Guantánamo. De hecho, dijo que el Pentágono había invertido cientos de millones de dólares para mejorar las instalaciones. Si bien la presión crece, los analistas creen que Bush no cederá un milímetro en esta cuestión, convertida ya en piedra angular de su política. La única esperanza de los presos está en el Tribunal Supremo norteamericano y en las elecciones presidenciales de 2008, a las que Bush no puede presentarse. Activistas paquistaníes protestaban ayer en Karachi, durante la visita de Bush, por la existencia de Guantánamo REUTERS n la misma semana en que la celebración del carnaval permite presentar un buen grado de recuperación de Nueva Orleans- -gracias a importantes medidas de apoyo federal- -reaparecen las acusaciones de negligencia sobre el presidente Bush por su actuación durante la catástrofe del Katrina Evítese a toda costa cualquier atisbo de concesión honorable a esta Administración. ¿Recuerdan aquella acusación de discriminación racial tan repetida en septiembre? ¿Aquella que nos afirmaba que se había dejado morir a los negros pobres mientras los ricos blancos tenían u obtenían los medios para huir? Esta semaRAMÓN na se cita en The SpectaPÉREZ- MAURA tor un informe de The New York Times, el diario que más duro fue en sus acusaciones de racismo soterrado contra la administración Bush. Como viene siendo habitual, lo mejor del Times están resultando ser sus rectificaciones. Hogaño el diario neoyorquino admite que un análisis de las víctimas del huracán muestra que la inmensa mayoría de los que se quedaron en la ciudad tenían coches o recibieron la oferta de ser sacados. Fueron ellos los que escogieron quedarse. Y si las estadísticas sirven para algo, en este caso demuestran que la más castigada fue la comunidad blanca, no la negra. Así, los blancos son el 28 por ciento de la población de Nueva Orleans, pero pusieron el 36 por ciento de los muertos. En cambio, los negros, que son el 68 por ciento de la ciudad, pusieron el 59 por ciento de los fallecidos. De otros datos, como que Lousiana hubiera recibido en los cinco años anteriores más dinero que ningún otro estado de la Unión para su Cuerpo de Ingenieros del Ejército- -el responsable de mantener los diques y de que no se sabe muy bien dónde ha acabado ese dinero, mejor no hablar. Ahora se trata de tomar una frase del presidente Bush y retorcerla. No seré yo quien pierda el tiempo en intentar demostrar la lógica de lo que ha dicho. Afirmemos simplemente que para cuando le dijeron a Bush- -como hipótesis- -que los diques podrían romperse, ya nada se podía hacer. Y que su frase de que nadie podía imaginárselo es perfectamente aplicable a un contexto anterior al día de autos. Pero los hechos no desmontarán, tampoco ahora, una buena crítica. Mi duda, seis meses después, sigue siendo por qué se retuercen siempre los hechos contra Bush y en otros casos donde los datos siempre estuvieron muy claros, no hay la más mínima crítica. ¿Recuerdan la ola de calor en Francia en el verano de 2003? Murieron 10.000 ancianos. Y, lo que es peor, los cuerpos corrompidos de muchos de ellos permanecieron abandonados durante días sin que nadie los recogiera. ¿Cuándo fue, querido lector, la última vez que leyó una critica a Chirac por eso? Pero allí fue todo más fácil: el muerto al hoyo y el vivo... a las casas inmaculadas que les quedaron.