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34 DOMINGO 5 3 2006 ABC Internacional ANÍBAL CAVACO SILVA Presidente electo de la República Portuguesa Las sensibilidades nacionales no pueden violar las reglas del mercado interno europeo El próximo día 9 se convertirá en el sexto presidente de la III República Portuguesa... Nacido en Loulé en 1939, Cavaco empieza ahora su segunda vida política y, con su experiencia acumulada, cree que el Tratado de Niza no responde a las ambiciones actuales de la UE TEXTO RAMÓN PÉREZ- MAURA BELÉN RODRIGO FOTO INTERSLIDE LUIS VIEGAS LISBOA. Con él, el centro derecha portugués alcanza por primera vez la máxima magistratura nacional de una república de sistema semipresidencialista. Cavaco Silva habla con una sonrisa en los labios que rara vez se altera. Mira a su interlocutor a los ojos. Recibe en el palacio de Queluz, algo destartalado, en el que tiene su despacho el presidente electo durante el periodo de transición. Para un hombre que dirigió los destinos del país durante tres mandatos legislativos entre 1985 y 1995, la mayoría absoluta alcanzada en la primera vuelta de estos comicios ha hecho desaparecer el amargo sabor de la derrota en las presidenciales de 1996 contra Jorge Sampaio, que el próximo jueves le cederá su despacho en el Palacio de Belem. ¿Cuáles son los retos que usted se ha marcado para su Presidencia? -Portugal se ha visto envuelto en cuatro elecciones en los últimos dieciocho meses: Parlamento Europeo, Asamblea de la República, comicios municipales y elecciones presidenciales. Tiene ahora por delante la posibilidad de estar tres años y medio sin cualquier disputa electoral a nivel nacional, lo cual es una gran responsabilidad para que los políticos portugueses puedan hacer aquello que es necesario: tomar las medidas de fondo forzosas para vencer los desafíos que se presentan. En el campo económico, esas metas resultan de la globalización y de la ampliación de la Unión Europea al Este. Como presidente de la República pretendo crear las condiciones para preservar la estabilidad política, fundamental para que Portugal venza las dificultades, así como crear condiciones para alcanzar grandes consensos en las fuerzas políticas. Creo en las virtudes del diálogo para la acción, y tal como dije en la campaña electoral, estoy muy abierto a la cooperación estratégica con los otros órganos de soberanía, en particular con el Gobierno. Y siendo presidente, elegido directamente por el pueblo, voy a actuar de tal forma que pueda movilizar a los portugueses, aprovechar las energías nacionales, con el objetivo de vencer las dificul- tades en las que se encuentra el país. -Hace veinte años Portugal entraba en la UE, con España. ¿Qué balance hace de la UE hoy? -La UE es el proyecto de mayor éxito después de la II Guerra Mundial, y la prueba está en el número de estados que quieren entrar. Es un proyecto que tiene dificultades, pero muchas ya han sido superadas en el pasado y estoy convencido de que ocurrirá lo mismo ahora. Recuerdo que cuando la adhesión de España y Portugal, la expresión más usada era euroesclerosis ¿Cree que sería beneficioso un Tratado Constitucional europeo? -Yo nunca fui entusiasta de la expresión Tratado Constitucional Después de un largo debate se llegó al acuerdo de un texto, posteriormente rechazado en Francia y en Holanda. No creo que en este momento sea posible resucitar el texto tal como está, pero es un buen punto de partida para una nueva reflexión que es necesario realizar para proceder a alteraciones de los tratados. Hay un reconocimiento general de que aquello que salió de Niza no responde a las ambiciones actuales de la Unión Europea. Es necesario debatir sobre enmiendas del tratado y para eso hay que movilizar a No creo que en estos momentos sea posible resucitar el texto del Tratado Constitucional europeo tal como está Europa no debe intentar ser una fuerza alternativa, sino cooperar con los Estados Unidos Portugal es un país con una fuerte unidad, que no tiene problemas lingüísticos, étnicos o religiosos los ciudadanos, no es posible hacer alteraciones de espaldas a ellos. Las elites deben convencer a los europeos de que una mayor integración es necesaria para responder a sus preocupaciones: desempleo, seguridad social, seguridad interior, emigración, globalización. Los líderes deben demostrar que se preocupan de las verdaderas inquietudes de los europeos y que los cambios en el tratado son para que Europa pueda vencer en este mundo global. ¿Tiene más fe en un mercado común que en una unión política? -No, la UE tiene que reforzar la dimensión política para que su voz suene más fuerte en la escena internacional. Lo que está en juego en esta revisión de los tratados es una mayor eficiencia de las instituciones, pero también reforzar la dimensión política para que Europa no sea una gran potencia económica sin contenido político. -Hemos visto que la reacción en Francia a una opa de una compañía alemana sobre una española ha sido la de unir dos compañías francesas con cuestionamientos por parte de la Comisión Europea. ¿La UE debe construirse transnacionalmente o potenciando cada país? -Hay unas libertades esenciales en la UE, las de movimiento de mercancías, servicios, capitales y personas, que justifican la existencia de un mercado interno, y que son los grandes pilares, por lo que deben ser respetadas. Pero existe un trabajo inacabado sobre la libertad de servicios. Creo que el proteccionismo no es respuesta a los problemas de la UE, aunque puedo comprender determinadas actitudes de las opiniones públicas cuando están en causa grandes empresas con intereses nacionales muy fuertes. Hay que dejar funcionar el mercado y las reglas vigentes de la competencia. Lo que pueda ser hecho para conservar lo que llamamos los centros de decisión estratégica no puede ser en violación de las reglas comunitarias ni debe ser realizado a costa de los consumidores. Se deben tener en cuenta las sensibilidades cuando están en causa grandes empresas y las opiniones públicas piensan que pue- den herirse los intereses estratégicos. ¿Y las sensibilidades nacionales? -No pueden violar las reglas del mercado interno. Pero en todos los países existen esfuerzos de los gobiernos para que la propiedad de algunas grandes empresas quede en posesión nacional, porque están convencidos de que si no fuera así algunos intereses del país, muy importantes, podrían ser tocados, y por eso es una cuestión que debe ser analizada con cuidado. -Hace veinte años había dos Europas y un Occidente. Hoy, una Europa y probablemente dos Occidentes. ¿Es responsabilidad de EE. UU. de la UE o de los dos por igual? -Europa y EE. UU. comparten valores de civilización comunes. Lo que une a los dos lados del Atlántico es mucho más fuerte que lo que ocasionalmente los puede dividir. Europa y EE. UU. deben tener una cooperación saludable para combatir la pobreza, garantizar la seguridad, defender los derechos humanos, conseguir un desarrollo sostenible... Es de interés estratégico para Europa mantener una buena relación con EE. UU. sin que eso signifique una relación de sometimiento. Soy un defensor del diálogo y de la cooperación trasatlántica. Tanto un lado como otro emprendieron alguna cosa errada en los tiempos difíciles de la guerra de Irak, y espero que esas situaciones que no salieron bien, en las que ambos aprendieron, no se repitan. ¿Debería Europa aspirar a ser un poder alternativo a los EE. UU. -Creo que Europa no debe intentar ser una fuerza alternativa, sino cooperar con los EE. UU. y esto no quiere de-