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ABC DOMINGO 5 3 2006 Nacional 25 Las condiciones de Bono para devolver el Castillo a Barcelona han irritado a todos los partidos- -a excepción del PP- que le acusan de humillar de manera gratuita a la ciudad con una fortaleza cargada de simbolismo y ya casi desmilitarizada Asalto a Montjuïc POR ÀLEX GUBERN FOTO: EFE BARCELONA. Desde hace ya tres veranos, los fosos del Castillo de Montjuïc acogen en las noches de verano pases de cine al aire libre. Centenares de personas, aprovechando el fresco, plantan el mantel de cuadros, sacan la fiambrera y convierten la fortaleza en una popular verbena con el cine como excusa. Se trata de un asalto en toda regla a la fortaleza que desde 1640 vigila el llano de Barcelona, y que en las últimas semanas se ha convertido en objeto de disputa entre el Ayuntamiento de la ciudad y el Gobierno. Lo que en otras circunstancias sería una simple discusión entre administraciones sobre la titularidad del espacio, ha degenerado en una trifulca en la que los elementos simbólicos han ido cobrando protagonismo, hasta el punto de organizarse en Montjuïc una guerra de banderas hasta ahora inédita en Barcelona, algo que el Ayuntamiento atribuye en exclusiva al ministro José Bono. Demonizado, desde el PSC se acusa al titular de Defensa de utilizar el Castillo como un arma en sus ansias por aparecer ante la opinión pública como martillo de nacionalistas. Republicanos y nacionalistas han exigido durante años la titularidad del Castillo de Montjuïc para el Ayuntamiento barcelonés anunció la decisión del consejo de Ministros de devolver el Castillo pero no que la ley incluía condiciones, dejó al alcalde en ridículo. Al igual que con el Estatuto, la polémica empezó a escribirse a raíz de una promesa del presidente del Gobierno durante un mitin en la campaña del referéndum europeo, en junio de 2004. Entonces, solemne y de manera inesperada, el presidente del Gobierno le prometió a Clos que el Ejecutivo devolvería la fortaleza a la ciudad con todas sus consecuencias, esto es, incluyendo la cesión de usos, ya que la propiedad, de hecho, ya es de Barcelona desde 1960. Ese año, el Gobierno prácticamente culminó la desmilitarización del Castillo, que cerró en sus funciones de prisión militar para reabrirlo tres años después como museo. Era una de las condiciones que imponía la ley de cesión- -todavía vigente- que establecía además la creación de un patronato, presidido por el capitán general de Cataluña, que decidía sobre la fortaleza. Companys, fusilado en el foso Y es que, entre los que acuden a los pases de cine, quienes practican tiro con arco los fines de semana o entre los turistas- -cada vez menos- -que se aventuran a subir al castillo, pocos sabrían explicar las razones de una polémica se diría que sacada de quicio. De hecho, y aunque la lista de fusilados en los fosos del castillo sea extensa- -entre ellos el presidente de la Generalitat en el exilio, Lluís Companys, en 1940- o de que los mismos cañones que debían defender Barcelona fuesen empleados en más de una ocasión para bombardearla, entre otros acontecimientos, el simbolismo de Montjuïc dentro del imaginario del nacionalismo catalán ha sido más bien escaso: al menos hasta ahora. De hecho, no ha sido hasta que ha estallado la polémica cuando han empezado a reverdecer los acontecimientos de amargo recuerdo vividos allí y a los que se refiere el anteproyecto de ley de devolución del castillo en su exposición de motivos. En este sentido, desde la capital catalana, el comportamiento del Gobierno, y del ministro José Bono en particular, han caído muy mal, no tanto por el hecho de tratarse del castillo en sí como por que se considera que con la situación se ha humillado de manera gratuita al alcalde de Barcelona, Joan Clos, y por extensión al conjunto de la ciudad y de Cataluña. El hecho de que Clos fuese burlado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que le Guerra de banderas en el Castillo Permanentemente, y en lugar preferente El anteproyecto de ley de devolución del Castillo establece que las banderas de España, Cataluña y Barcelona permanecerán en la fortaleza, una mención que desde el Ayuntamiento se considera forzada e innecesaria, ya que se recuerda que el Consistorio nunca ha tenido problemas en respetar la normativa vigente que regula la presencia de enseñas en los edificios oficiales. No obstante, desde el grupo del PP se recuerda que esto no siempre ha sido así, ya que en algunas sedes de distrito, como en la de Gràcia- -gobernado por ERC- -la bandera española es a menudo obviada. Por lo que respecta al mantenimiento de las antenas, el Ayuntamiento ha ofrecido alternativas al Ministerio, sin que por ahora haya habido respuesta. La discusión se traslada ahora al Congreso, donde debe tramitarse la ley de cesión. Mínimo destacamento Desde entonces, y en mayor o menor medida, la ciudad ha reclamado que la devolución del castillo se realizase de manera plena, con objeto de poder llevar a cabo las reformas que pretenden renovar el atractivo de una instalación que en los últimos años ha ido desapareciendo de los circuitos turísticos. La promesa de devolución incondicional de Zapatero se transformó lue- Los nacionalistas se oponen a un consorcio con participación de Defensa para regir un museo o Centro de la Paz go en cesión cautiva -según lenguaje de los partidos catalanes- -cuando el ministerio de Defensa entró en las negociaciones. Bono impuso tres condiciones: garantía de que la bandera española siguiese ondeando, mantenimiento del centro de antenas y de comunicaciones, así como del mínimo destacamento que lo custodia. Para sorpresa del Ayuntamiento, estas condiciones no sólo se mantuvieron sino que se ampliaron en el anteproyecto de ley aprobado por el Gobierno la pasada semana, ya que además se señalaba que Defensa se reservaría dentro de la instalación el espacio que requiriese para acoger el destacamento, y se creaba un consorcio con participación de Defensa para regir un museo o Centro de la Paz, lo que el Consistorio entiende que perpetúa el derecho de veto del Ministerio en cualquier decisión que ataña a la fortaleza. Con el PSC de Barcelona descolocado ante la jugada de un Gobierno a priori amigo, CiU, ERC e ICV han cargado duro contra la prepotencia de Bono, convertido, se diría que gustosamente, en el punching ball del nacionalismo catalán. El PP, por su parte, es el único partido que celebra el anteproyecto en sus actuales términos, convencido de que es compatible la devolución del Castillo con la presencia de las Fuerzas Armadas, según explica Alberto Fernández, al frente del grupo municipal. Mientras, y con una de las mejores vistas sobre Barcelona, el Castillo sigue vigilando la ciudad, ya sin cañones que la apunten y con sesiones de cine al fresco en sus fosos.