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100 Los sábados de ABC SÁBADO 4 3 2006 ABC PROPUESTAS Y LUGARES (Viene de la página anterior) (León) viajó a Tierra Santa en el siglo V, y de allí se trajo, entre otros objetos, un trozo del brazo izquierdo de la cruz en la que agonizó Cristo. Así, al menos, lo cree la Iglesia. Unas cuantas hojas del calendario más tarde, el cuerpo de Santo Toribio y las reliquias que le habían acompañado desde Jerusalén fueron trasladados a Liébana, quizá para escapar de la invasión árabe, quizá fruto de las migraciones de la meseta a las montañas motivadas por las expediciones de Alfonso I, rey de Asturias. Desde el siglo XI hay constancia de que la cruz estaba en Santo Toribio. En el siglo XVII, aquella madera de ciprés oriental se serró en cuatro trozos, y se alojó en una cruz de plata sobredorada, con incrustaciones de amatista. Hasta hoy. Casa de franciscanos En Piasca se conserva esta iglesia del X- XII, románica y gótica El padre Gaya abraza el tesoro, sorprendentemente desprotegido. En Europa estaría tras un cristal de dos dedos de grosor murmura un turista empeñado en fotografiar al mismo tiempo la cruz, el templo y el paisaje de rocas y nieve que nos rodea, al pie del monte Viorna. Nadie pudo elegir mejor el lugar para el edificio. Otro Toribio, obispo de Palencia, inspiró su construcción en el siglo VI, aunque entonces se llamó San Martín de Turieno. Beato de Liébana, célebre por su texto Comentarios del Apocalipsis fue el abad en el último tercio del siglo VIII, antes de que el magnetismo del Lignum Crucis impulsara a rebautizar el monasterio, ahora guardado por cinco franciscanos (por los benedictinos en otras épocas) Los franciscanos son los custodios de Tierra Santa, y éste es, al cabo, un trozo de Jerusalén explica el padre prior. Los monjes de Santo Toribio ofician misa en otras iglesias de los pequeños pueblos de la comarca. En Piasca, por ejemplo, resisten media docena de vecinos, entre ellos Cándido, organizador del carnaval de los zamarrones. La iglesia de Santa María la Real, que forma parte de esta ruta de turismo religioso- cultural, fue levantada entre los siglos X y XII, y desde que cedió el suelo bajo sus pies en el siglo XV, aparece curiosamente inclinada hacia la izquierda. Cerca (en el valle, desde Fuente Dé hasta el desfiladero que enlaza con Santander, todo está cerca) encontramos la iglesia de Santa María de Lebeña, otra joya del X, de estilo mozárabe, con los primeros pilares compuestos que se hicieron en España. Y, en el exte- Santa María de Lebeña, estilo mozárabe en Liébana rior, una historia de amor y naturaleza que encandila al visitante. El conde de Lebeña mandó traer un árbol del sur como regalo para su esposa, un olivo para acompañar al tejo que allí trepaba hacia el cielo. Más de mil años después, el olivo y el tejo aún se miran a los ojos, aunque dicen que el segundo goza de mala salud, que su enfermedad es incurable. Al abrigo de las cumbres Desde Lebeña, la vista del valle llena la tarjeta de memoria de la cámara digital. A un lado, la cordillera Cantábrica; al otro, los Picos de Europa, arropados por una manta blanca. Estamos en una caldera bien protegida, de muy difí- El interior de Santo Toribio, a la espera de los peregrinos En Liébana residen habitualmente sólo seis mil personas, un remanso de paz a los pies de los Picos de Europa En la batalla de Peña Subiedes empezó la Reconquista cil acceso: el puerto de San Glorio, hacia León; el collado de Piedras Luengas, hacia Palencia, y el desfiladero de la Hermida, hacia Asturias y el resto de Cantabria. La ruta en coche desde Santander es en sí misma una pantalla de cine inolvidable, encajonados durante más de veinte kilómetros entre las rocas y el cauce del Deva, siempre presente desde su nacimiento en Fuente Dé. Por cierto, estos días están cambiando las cabinas del teléferico, para lucirlas en la avalancha de usarios que se esperan durante este Año Santo. El entorno arisco de la comarca, un fuerte rocoso de 556,3 kilómetros cuadrados, ha influido decisivamente en su historia, y en la de España. Éste fue el último foco de resistencia de los cántabros contra los romanos, el refugio de infinidad de religiosos castellanos, la punta de lanza de la Reconquista contra los árabes. Los historiadores creen que la gran batalla contra las tropas árabes, después de las primeras escaramuzas en Covadonga, se desarrolló aquí, en Peña Subiedes, junto al Deva. Hoy aún se aprecian las huellas de las rocas desgarradas y después arrojadas cumbre abajo contra el enemigo. Muy cerca nos espera Mogrovejo, uno de los pueblos mejor conservados de la comarca