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30 Internacional SÁBADO 4 3 2006 ABC MIJAÍL GORBACHOV Último presidente de la extinta Unión Soviética Las raíces del extremismo y del fundamentalismo están en la pobreza MOSCÚ. La desintegración de la URSS le dejó sin reino y fracasó en su intento de recuperar el poder. En las elecciones presidenciales de 1996, las únicas a las que se ha presentado, obtuvo menos del 1 por ciento de lo votos. Hoy continúa al frente de la Fundación que lleva su nombre y preside la Cruz Verde Internacional. Pronuncia conferencias y participa en actos benéficos por todo el mundo. Gorbachov cumplió el jueves 75 años. Con ese motivo y en el marco de la Asociación de Prensa Extranjera de Moscú, ha concedido una entrevista a un grupo de periodistas. ¿Cómo ve usted la situación actual en el mundo? -La idea de que la situación en el planeta mejoraría después de la Guerra Fría, en cuanto a que los recursos empleados en la carrera de armamentos quedarían libres para dedicarlos a luchar contra la pobreza, no se ha materializado. Desaprovechamos la ocasión. La globalización ha avanzado de forma caótica, fuera de control, y eso tiene consecuencias destructivas. Debería lograr un mundo más abierto, sin embargo se ha abierto un profundo abismo entre países ricos y pobres. Las raíces del extremismo, del fundamentalismo y de la especulación en el campo de la política están precisamente en la pobreza. Mientras no la erradiquemos no tendremos un mundo estable. La seguridad, la pobreza y la amenaza ecológica son los principales desafíos, pero también lo será pronto la escasez de agua potable, que puede llegar incluso a provocar guerras. ¿Qué se puede hacer para atajar todos esos problemas? -Hay que aprovechar las lecciones del pasado. Durante la Guerra Fría nadie creía que se podía acabar con la carrera de armamentos. Alguien tuvo que dar un primer paso. Lo dio la nueva generación de dirigentes soviéticos de entonces y se logró. Estaba claro que, en los años 80, la URSS no podía recurrir de nuevo a los tanques como había hecho en Berlín, en 1953; en Budapest, en 1956, o en Praga, en 1968. Ahora hace falta una mayor dosis de diálogo, comprensión y paciencia. Estados Unidos debe hallar su lugar como gran potencia mundial y asimilar su status. Se creen los vencedores de la Guerra Fría y, a veces, el complejo de superioridad del vencedor es peor que el de inferioridad del vencido. ¿Rusia se siente ahora inferior? -Harán falta decenios antes de que Rusia se convierta en el país que Occidente espera. Lo que se ha hecho en Europa en cuanto a democracia en 200 años no lo puede hacer Rusia en 200 días. Rusia es un país con una larga y dramática historia, especialmente el El padre de la perestroika recibió el premio Nobel de la Paz en 1990... A sus 75 años, considera que la situación internacional no ha mejorado después de la Guerra Fría RAFAEL M. MAÑUECO. CORRESPONSAL Gorbachov saluda en el concierto que en su honor se celebró en Moscú el martes EPA El mundo musulmán es un problema... Ahora están en la cuneta y les cuesta adaptarse a los nuevos tiempos siglo XX, con muchas culturas y religiones, con diez usos horarios y distintas lenguas. Todavía tratamos de superar el estalinismo. ¿Significa eso que la desestalinización que inició Nikita Jrushov en el XX Congreso del PCUS hace 50 años están aún sin culminar? -Jrushov actuó con valentía. Su mérito fue enorme al dar el primer gran empujón a las reformas. Hoy en Rusia hay quien piensa que el informe de Jrushov ante el XX Congreso fue el primer acto de traición, y la perestroika que yo inicié, el segundo. Hay que comprender que muchas personas que participaron en la II Guerra Mun- dial creen que vencieron gracias a Stalin. La mitad de la población vive en la pobreza y muchos creen que Stalin no lo hubiera permitido. -Un reciente sondeo indica que el 53 por ciento de los rusos consideran que usted es el responsable de la desintegración de la URSS... -Luché hasta el último cartucho por evitar la desintegración de la URSS. Propuse mantener el Estado soviético en una forma blanda, con elementos confederativos. El país tendría un presidente electo y un Parlamento. La Administración central conservaría atribuciones en Defensa, política exterior y aspectos financieros. Todo lo demás se decidiría en el seno de las repúblicas. El 25 de noviembre de 1991 llegamos a un compromiso sobre el Tratado de la Unión que aceptaron todos, incluido Borís Yeltsin. Pocos días después, a mis espaldas, se reunieron en Belovézhkaya Pusha (Bielorrusia) Yeltsin, Kravchuk y Shuskévich- -dirigentes respectivos de Rusia, Ucrania y Bielorrusia- -y enterraron la URSS. ¿El culpable de la desintegración de la URSS fue entonces Yeltsin? -La culpa recae directamente sobre el GKChP- -junta golpista que intentó tomar el poder en agosto de 1991- Políticamente nunca lograron hacer valer sus postulados, pero aprovecharon mis vacaciones para llevar a cabo el levantamiento. Tras el golpe, comenzó la cadena de declaraciones de independencia en las repúblicas federadas. Yeltsin se movía entre dos aguas. Me dijo que apoyaba mi proyecto de Unión de Estados cuando era evidente que estaba ya preparado para apuntillar a la URSS. Le gustaba el papel de salvador. Me acusó de connivencia con el golpe de estado, falso e inaceptable. Después de su destitución como jefe del Partido en Moscú, debí haberle enviado de embajador a alguna república bananera. ¿Qué opina de la política de Putin? ¿Ha dilapidado muchas de las conquistas de la perestroika -Putin recibió un país sumido en el caos en todos los terrenos. Sólo por haber evitado la desintegración de Rusia merece que su nombre aparezca subrayado en las enciclopedias. Ha cometido errores, pero el balance general de sus dos mandatos es positivo. No se convertirá nunca en un dictador. ¿Cómo ve las mediaciones que Rusia lleva a cabo con Irán y los radicales palestinos de Hamás? -No podemos admitir la postura de Hamás de no reconocer Israel, un país miembro de la ONU. Han ganado unas elecciones limpias y deben comprender que su papel ha cambiado, formar gobierno y resolver problemas. Hay que tenderles una mano. En cuanto a Irán, hay que dialogar y convencerles de que tiene derecho a dotarse de un programa nuclear para uso pacífico, pero respetando el Tratado de No Proliferación Nuclear. El TNP establece que los firmantes deben, además de evitar la proliferación, reducir sus arsenales atómicos y eso no sucede. Por eso Irán cree tener derecho a su programa nuclear. Las grandes potencias quieren seguir poseyendo el arma absoluta. En ese contexto, Irán quiere acceder a la energía nuclear en un momento en el que las fuentes de energía se están limitando. El mundo musulmán constituye un problema. Durante siglos movió la civilización, la cultura, y eso ha quedado en la memoria de esos pueblos. Ahora están en la cuneta y les cuesta adaptarse a los tiempos. -Hablando del mundo musulmán, ¿Qué solución ve al problema checheno? -Necesitan un estatuto especial dentro de la Federación Rusa. Deben ser dueños de su tierra.