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ABC VIERNES 3 3 2006 Espectáculos 67 Syriana Entre el terrible Sudoku y el Damero maldito EE. UU. 126 M. Director: Stephen Gaghan Intérpretes: George Clooney, Matt Damon, Chris Cooper, Amanda Peet E. RODRÍGUEZ MARCHANTE George Clooney, con un físico muy distinto al que nos tiene acostumbrados, en una escena de Syriana Clooney: No tengo intención de meterme en política, haría más daño que bien Opta al Oscar como mejor actor secundario por Syriana b Esta película, con la CIA, el petró- leo y Oriente Medio de fondo, está dirigida por Stephen Gaghan y opta el domingo a una segunda estatuilla al mejor guión adaptado TONI GARCÍA Ésta no es una película pensada para hacer dinero afirmaba George Clooney, fiel a su línea de decir lo que piensa, en la presentación de Syriana en el Festival de Berlín, hace sólo unas semanas. Clooney interpreta en el filme a Bob Barness, un agente de la CIA (inspirado libremente en Robert Baer, operario de la CIA en Oriente Medio, que, después de retirarse, escribió el libro Soldado de la CIA en el que se basa la película) metido en un gigantesco embrollo con diversos gobiernos (incluido el suyo) que le llevan a situaciones poco agradables. No estábamos interesados en hacer una película fácil, porque estamos en un mundo complejo, y la película trata de explicar algo de este mundo razona Stephen Gaghan, director de Syriana y ganador del Oscar en 2002 por el guión de Traffic Gaghan teje una espesa telaraña alrededor de sus personajes, con la ayu- da de un espectacular reparto, donde destacan Matt Damon, Chris Cooper, Christopher Plummer y William Hurt. El realizador bromeó con el hecho de haberse llevado el gato al agua: Bueno, para mí fue una sorpresa que Warner aceptara que fuera yo el que dirigiera la película. Estaba seguro de que hubieran dado el doble porque la dirigieran Tony o Ridley Scott. No debían estar disponibles añadió entre risas. Empujón a la recaudación Alguien debe hablar de este tipo de cosas y esta vez me ha tocado a mí- -comenta Stephen Gaghan- Cuando em- Gaghan: Cuando empecé con el proyecto no sabía nada de Oriente Medio, ni del petróleo, ahora sé demasiado Aclara Clooney que Syriana no habla de Bush; habla de la corrupción, que no es patrimonio de un país pecé con este proyecto no sabía nada de nada de Oriente Medio, ni del petróleo, ni de nada, y ahora creo que sé demasiado Los responsables de Syriana esperan que los Oscar (la película cuenta con dos nominaciones, al mejor guión y al mejor actor secundario) pueden dar un empujón a la recaudación, algo que reitera Clooney: A pesar de que no es un producto destinado al gran público, es obvio que me gustaría que la viera la mayor cantidad de gente posible y es obvio también que los premios, y especialmente los Oscar, pueden ayudar a ello Cuestionado sobre si el filme era o no un ataque al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, el actor fue contundente: Syriana no habla de Bush, habla de la corrupción. Es una película contra la corrupción, que es algo que, desgraciadamente, no es patrimonio de un solo país Cuestionado sobre sus (aireadas) opiniones políticas y sobre su intención de acceder en el futuro a algún cargo en este campo, el actor fue claro: No tengo ninguna intención de meterme en política, creo que haría mucho más daño que bien, así que por buenas intenciones que pueda tener, estoy al margen y así pienso quedarme a ambición de Syriana es enorme y lícita: intenta desentrañar esa madeja embrollada que es el mundo en que vivimos tirando de uno de sus hilos esenciales, la sed de petróleo (de poder) y lo que ella influye en las grandes potencias, en sus macroempresas y sus macropolíticas, en la estabilidad en el próximo Oriente y aledaños, en las graves decisiones sociales, políticas, culturales, religiosas... en fin, en cómo el mundo entero se mueve al inestable oleaje de esa adicción al petróleo. La complejidad del asunto requería un gran narrador, y se puso al timón el guionista Stephen Gaghan Traffic de Steven Soderbergh) quien también la ha dirigido. Su percha para sujetar semejante macrohistoria es el libro Soldado de la CIA en el que Robert Baer cuenta sus propias experiencias como agente secreto en el avispero árabe- israelí. Lo que ocurre es lo siguiente: el libro es claro, directo, entretenido, sorprendente y elocuente; mientras que la película (basada muy ligeramente en él) es confusa, liosa, tan entramada y bifurcada que uno acaba sospechando lo cerca que ha de estar de alguna Gran Verdad, ésas que son tan ciertas que nunca se comprenden. Hay abundancia de personajes, de multinacionales, de servicios secretos, de comités, de facciones, de líderes, de intereses... Príncipes, traidores, presidentes de petroleras, agentes, fiscales, analistas, abogados... Uno se siente tan lejano de todo ello y tan perdido como ante la sórdida realidad. Y la realidad es que, ante el alud que se le viene a uno encima, sólo queda apretar las meninges y concentrase mucho, como la gasolina de 98. Al final, lo de siempre, se agarra uno a algunas caras conocidas, como la de Chris Cooper, Christopher Plummer, Matt Damon... o el propio George Clooney, al que se le ha valorado su trabajo de interpretación en Syriana hasta el punto de convocarlo entre los cinco finalistas al Oscar de reparto. Pero la confusión es total y en todos los ámbitos: ¿por qué era preciso que Clooney engordara hasta poner en peligro su salud? La película transcurre veloz y a ritmo de intriga, tiene cuerpo y empaque, no elude fuertes secuencias de acción y otras no menos fuertes de texto llega sin duda hasta donde quiere llegar y dice probablemente lo que quiere decir... pero ¿quién le acompaña en ese viaje y en ese recitado? L