Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 3 3 2006 Espectáculos 63 La fiesta del Chivo make de El salario del miedo en Santo Domingo y yo tuve chance de asistirle en esa producción que era el Hollywood más babilónico, pues venía de dos éxitos como esos y tenía todos los bancos a sus pies. Aquella experiencia me permitió absorber lo que era el país. Y no se puede estar en República Dominicana conversando con amigos sin que se hable de Trujillo. Tampoco la televisión, la radio o los periódicos dejan pasar un día sin hablar de él. -Grandes novelas como Tirano Banderas de Valle, El señor presidente de Asturias, Yo, el Supremo de Roa, o El otoño del patriarca de García Márquez, aunque puedan ser ficciones, tienen mucha carne Vargas Llosa y realidad... ¿Verán está muy los espectadores a contento con Castro en la faz del la fidelidad y Chivo? -M: Yo creo que sí, la Trujillo es otro eximio naturalidad representante de una de la película especie- -la del dictador latinoamericano- -que no está extinta y que no acaba en Castro, sino que sigue con Chávez dispuesto a continuar la tradición. La película muestra esa realidad totalmente estructurada alrededor de la voluntad omnímoda de un caudillo, de un jefe máximo. Yo creo que la asociación vendrá naturalmente. Y no sólo con América Latina, sino con todos esos dictadorzuelos que hay en África y en tantas otras partes del mundo, y que son, digamos, pequeñas variantes locales que encajan perfectamente dentro de ese molde. La franca abdicación de una sociedad frente al déspota que toma decisiones por todos; y el temor generalizado a caer en desgracia y que lleva a extremos terribles de servilismo e indignidad son sus temas centrales. Cuando salió el libro hubo reacciones en Dominicana como una carta en un diario que decía: Mi hermana vivió una historia muy parecida a la de Urania Cabral. Éramos una familia trujillista y tuvimos que irnos del país. Mis padres murieron de la vergüenza que significó esa historia Ese tipo de cosas que pasan en la novela y en la película son las secuelas inevitables de un sistema en el que el dictador tiene derecho sobre vidas y haciendas. Trujillo era dueño de lo que había allí y también de sus gentes. La historia de las placas que la gente ponía en casa diciendo Aquí Trujillo es el Jefe revelaban lo que ocurría realmente. Además, esas placas las fabricaba una empresa que era propiedad de Trujillo. -L: Cuando leí la novela me fue inevitable la identificación entre Johnny Abbes, jefe de inteligencia de Trujillo, y Vladimiro Montesinos, que lo fue con Fujimori. Había muchos elementos de similitud. -M: Las dictaduras generan este tipo de personajes como el brujo López Rega en la Argentina de Isabelita Perón... -L: Pero a mí, más que la pura cuestión política de tipos como Montesinos o Abbes, me han interesado las terribles consecuencias humanas de todo aquello. De Llosa a Llosa España, 120 m. Director: Luis Llosa Intérpretes: Tomás Milian, Isabella Rossellini, Juan Diego Botto, Stephanie Leonidas Paul Freeman, Shawn Elliot E. RODRÍGUEZ MARCHANTE l director, Luis Llosa, comparte algo más que el apellido con el autor, Mario Vargas Llosa: las ganas por ilustrar con convicción y con detalle el original. La única diferencia es que el original para el escritor es el propio Chivo, el dictador Leónidas Trujillo, y el paisaje desolado a su alrededor; mientras que para el director Luis Llosa, el original es la novela en la que fielmente se basa, La fiesta del Chivo Es casi lo mismo. La película conserva frescos los personajes esenciales, en especial el demoníaco dictador (que encarna con puro hueso Tomás Milian) cuya imagen compagina esa doble máscara teatral del personaje del sátrapa, el gesto adusto y sanguinario con el asomo burlesco de la caricatura que inevitablemente aparece. También adquieren entidad trágica el de Urania Cabral (Isabella Rossellini) y su terminal padre (el ex ministro Agustín Cabral, Cerebrito quienes de algún modo nos cuentan la historia, ensamblan los tiempos, ofrecen, en especial ella, la estampa más sórdida, cruel, patética y al tiempo bufonesca del tiranuelo. E Con singular discreción La fiesta del Chivo aborda todas las tramas y subtramas del original, y lo hace con singular discreción; tal vez habría que considerar como virtud el hecho de que el Llosa director se diluya detrás del Llosa escritor: no hay afán de protagonismo en la puesta en escena; no hay especial aventura ni en la dirección ni en la narración cinematográfica. Es, digamos, un trabajo meramente ilustrativo, aunque en ese adverbio haya algo de injusto, pues nunca es del todo fácil ilustrar meramente y renunciar a erigirse en autor quien es sólo ilustrador. Queda potenciado en la película el peso melodramático, pues la visualización de lo trágico, la música, la interpretación y otros elementos contribuyen a convertir tragedia en melodrama; es decir, vemos a Isabella Rossellini interpretando el dolor de Urania Cabral; vemos a Tomás Milian tejiendo las villanías de Trujillo, casi todas de índole sexual... Vemos a Juan Diego Botto convertir en peliculero su dramático personaje... Y todo ello probablemente por indicación o decisión directa de Luis Llosa, que pretende y consigue una réplica de la réplica del original. Ya quisiera, por otra parte, García Márquez tener un pariente cineasta que hiciera algo por él y por su obra. Para Mario Vargas Llosa, una novela son palabras y un filme, imágenes IGNACIO GIL