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30 Internacional VIERNES 3 3 2006 ABC que fue la figura en la sombra que más maniobró para que el bloque chií apoye la reelección del primer ministro y que espera contar a cambio con mayor poder. En la sangrienta guerra de las mezquitas que siguió al ataque contra el sagrado mausoleo chií de Samarra, muchas de las más salvajes represalias fueron atribuidas a las milicias de Al- Sadr. Éste, por el contrario, se presenta a sí mismo como uno de los más esforzados artífices del paulatino apaciguamiento de la crisis. Pero, en todo caso, a los partidos kurdos les inquieta el radical integrismo religioso predicado por los seguidores de Moqtada al- Sadr y no les hace ninguna gracia su oposición a la división del país en tres regiones federales No les han gustado en absoluto ni la inclinación de Al- Yáfari hacia Al- Sadr ni algunos gestos del primer ministro, como su reciente visita a Turquía- -principal enemigo de los kurdos- que parecen haber colmado el vaso. Bomba en un minibús Presuntos insurgentes detenidos por el Ejército iraquí en una pequeña aldea junto a la ciudad santa de Kerbala AFP La crisis política se estanca en Irak, y la violencia se cobra la vida de 36 personas Suníes y kurdos se oponen a que el chií Al- Yáfari sea primer ministro ABC BAGDAD. Los principales grupos políticos kurdos y suníes han lanzado una ofensiva para tratar de impedir la reelección del actual primer ministro, el chií Ibrahim al- Yáfari. Una maniobra que es también un reto al actual predominio de los partidos religiosos chiíes en el poder iraquí, y que prolonga la inestabilidad política al tiempo que la violencia continúa azotando el país. Ayer, en una nueva jornada sangrienta, murieron al menos 36 personas en diversos ataques y atentados. Suníes y kurdos acusan a Al- Yáfari de parcialidad y amenazan con negarse a formar parte de un nuevo gobierno y con formar un bloque político aparte. Desde el bloque chií, el influyente asesor de seguridad Muafaq alRubaie afirmó que no hay la menor intención de retirar el apoyo a Al- Yáfari. La coalición de partidos religiosos chiíes Alianza Iraquí Unida cuenta con 130 escaños en el Parlamento y, como principal grupo de la Cámara, tiene la prerrogativa de presentar candidato a primer ministro. Pero no cuenta con la mayoría absoluta para formar gobierno. Suníes y kurdos suman 141 escaños si agrupan a todas sus formaciones. Es impensable que controlen el poder por sí solos, pero tienen la fuerza suficiente como para impedir que el bloque chií forme gobierno. Su desafío corre el riesgo de mantener el actual marasmo político en un país cada día más violento pero, con esta maniobra, suníes y kurdos buscan provocar fisuras en la coalición de partidos religiosos chiíes. Al fondo de este movimiento se perfila también la creciente influencia sobre el Gobierno de Al- Yáfari del clérigo fundamentalista Moqtada al- Sadr, Con este enredado telón político de fondo, la de ayer fue otra sangrienta jornada para Irak en la que murieron al menos 36 personas. El ataque más sangriento fue perpetrado en el arrabal chií de Sadr City, donde una bomba escondida en un minibús mató a cinco personas e hirió a ocho más. También en la capital iraquí murió ayer uno de los guardaespaldas del líder suní Adnan al- Dulaimi, jefe de filas del Frente de la Concordia- -44 diputados en el Parlamento- cuando regresaba de la localidad de Abu Ghraib, a donde había ido a presentar su pésame al jeque Hareth al- Dari, jefe del Comité de Ulemas, tras el asesinato de dos miembros de esta influyente asociación de religiosos suníes. Asimismo murieron cuatro personas y once resultaron heridas por la explosión de una bomba en un mercado del sureste de Bagdad. La mayor parte de las víctimas eran mujeres que estaban haciendo la compra. Y fuera de Bagdad, otras 22 personas murieron en diversos ataque y tiroteos, en su mayoría dirigidos contra miembros de la Policía y del Ejército. ¿QUIÉN GANA CON LA GUERRA CIVIL? IGNACIO ÁLVAREZ- OSSORIO. Profesor de la Universidad de Alicante as huestes de Al- Zarqaui han decidido gastar su último cartucho en Irak: intentar provocar una guerra civil entre suníes y chiíes. El reciente atentado contra la mezquita de Samarra ha desencadenado una espiral de violencia sin precedentes y ha encendido todas las alarmas en torno a la posibilidad de que los esporádicos enfrentamientos degeneren en un conflicto de baja intensidad de impredecibles consecuencias. Abu Musab al- Zarqaui, el hombre de Al Qaida en Irak, está llevando hacia extremos difícilmente imaginables la estrategia yihadista puesta en marcha L por Osama bin Laden. Sólo así se entienden los atentados contra la comunidad musulmana chií, a la que acusa de colaborar con las tropas americanas y de intentar marginar a los suníes en la era post- Sadam. Lo más chocante es que los atentados pretenden justificarse desde el punto de vista religioso, aludiendo a la necesidad de combatir a los rawafid es decir, a aquellos que tras la muerte de Mahoma no reconocieron la autoridad de los califas ortodoxos y engrosaron el bando de Alí, primer imán de los chiíes, provocando el gran cisma dentro del islam. Similares argumentos fueron empleados por los saudíes en 1801 para saquear la ciudad santa de Kerbala, donde descansan los restos del imán Husayn. Al- Zarqaui considera tan legítimo atacar a las tropas americanas, a las que tacha invariablemente de cruzados como volar los santuarios de los chiíes. Al proceder de esta manera, está consiguiendo crear un auténtico desierto en torno a él, ya que su estrategia terrorista e incendiaria genera fuertes resistencias, incluso entre los propios suníes. Aunque se pretenda disfrazarlo co- Los yihadistas tratan de extender el caos y la anarquía por todo el país para acelerar la salida de EE. UU. mo un conflicto confesional, está claro que el objetivo es político ya que se busca desencadenar una guerra civil. Los yihadistas comulgan con la máxima cuanto peor, mejor e interpretan que, de extenderse el caos y la anarquía por todo el país, la Administración Bush habrá fracasado en su intento de asentar la democracia en la región y se verá obligada a acelerar su salida del país para no verse entre dos fuegos. Todo ello pone de manifiesto que el yihadismo ha entrado en una fase aún más mortífera y desesperada que las anteriores, ya que además de perseguir objetivos occidentales (como ocurriera en el 11- S neoyorquino, el 11- M madrileño y el 7- J londinense) ahora ha extendido su terror a todos aquellos musulmanes considerados infieles y apóstatas, planteamiento que, llevado a su paroxismo, podría desestabilizar todo el Oriente Próximo.