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ABC VIERNES 3 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PLANTA SIETE ESDE fuera de la política, desde la condición peatonal de la ciudadanía, resulta fácil caer en la tentación de pensar que hacerle la oposición a este Gobierno es una bicoca. Nada más incierto. Y no sólo por aquel axioma pragmático de Andreotti acerca de que el poder desgasta sobre todo al que no lo tiene, sino porque Zapatero maneja la iniciativa con una agenda destinada en gran medida a arrinconar al PP, a enredarlo en contradicciones, a aislarlo de cualquier alianza. El Gobierno abandera causas sectoriales para atraerse el favor de las mujeres, de los discapacitados, de los homosexuales; se coaliga con los nacionalistas, se despliega como activista de minorías y va tejiendo una malla que envuelve a la oposición en la burbuja de una antipática negativa. Además, establece esIGNACIO trategias de riesgo en CAMACHO asuntos de extrema sensibilidad- -terrorismo, modelo de Estado- -que aunque desgastan al presidente obligan al PP a instalarse en el antagonismo, creándole a través de su bien manejada agit- prop una imagen ceñuda de partido del No En la Planta Siete de la sede popular cunde cierta angustia por la imposibilidad de colocar mensajes constructivos cuando el debate nacional está centrado en cuestiones que suscitan enorme inquietud ciudadana. No se pueden hacer propuestas de futuro, esa clase de medidas por las que la gente decide su voto, mientras la opinión pública esté colapsada por el tema, el metatema, la madre de todos los temas, que es el terrorismo asociado a la cuestión de la estructura del Estado y de la ruptura del modelo constitucional. Y, sin embargo, para recuperar el poder el PP tendrá que hacer algo más que denunciar la insensatez de un Gobierno empeñado en sacar a bailar a los peores demonios de nuestra Historia reciente. El gran desafío de la oposición consiste en trascender su negativa a ser cómplice de un proyecto desquiciado para ofrecerse como recambio de poder con proposiciones para gobernar mejor. Ése iba a ser en un principio el eje de la Convención que hoy comienza en Madrid, pero los estrategas del partido calibran que es mal momento para lanzar ideas programáticas de futuro, que serían arrastradas bajo la fragorosa tormenta de la agenda política inmediata. Por eso, y salvo la previsible soflama inicial de Aznar, la cita del PP va a procurar sobre todo relanzar la figura del candidato Rajoy, con un pronunciamiento claro sobre la lucha antiterrorista y el modelo autonómico, y alguna oferta preelectoral, como una nueva bajada de impuestos. El resto de propuestas económicas, sociales y de bienestar quedarán sólo esbozadas a la espera de un mejor momento, más cercano a las decisivas elecciones locales y autonómicas de 2007. Lo que preocupa en el estado mayor de la calle Génova es el modo de encontrar la forma de salir de la asfixia y abrirse paso como una alternativa real con un proyecto para mejorar la vida de las personas. Mientras estén en juego cosas más esenciales, lo demás, como en Shakespeare, es silencio. Y ahí lleva ventaja un Gobierno al que no parece importarle caminar en el alambre sobre un abismo nacional. D LA PAZ DE MAITE H ACE poco más de dos días escuchamos a Maite Pagazaurtundúa elevar un canto por la unidad de los partidos políticos en la lucha contra el terrorismo que, a buen seguro, caerá en el mismo saco roto en el que han caído todas las preces que, en ese sentido, se han salmodiado en la España de este par de años recientes. El consenso, hoy por hoy, puede ser abordable, pero es inabordado. Quizá porque ambos grandes partidos sostienen que consenso quiere decir, en realidad, estar de acuerdo conmigo. Si lo estás, consensuamos; si no lo estás, no hay consenso. Y para de contar. El Partido Popular, que el pasado martes quiso poner al Gobierno en evidencia al proponerle apoyar las conclusiones del Congreso de Víctimas de Valencia, recuerda que difícilmente puede apoyar una política de la que no le hacen partícipe: Rodríguez no le enseña a Rajoy el secretito que guarda en su CARLOS cofrecito y que, en cambio, sí les HERRERA ha mostrado a sus colegas y socios, y así no hay quien se solidarice. Dime de qué va y ya veré yo si te apoyo, argumenta Rajoy. No te lo digo porque no me fío de ti, dice el presidente. Y la casa sin barrer. En cualquier caso, es difícil, querida Maite, aunar posturas antagónicas: el PSOE está ligado íntimamente a sus socios parlamentarios, más allá del indecente Pacto del Tinell, y le resultará altamente complicado desembarazarse de sus planteamientos forzosamente comunes. En esa misma sesión parlamentaria, el PNV dejó claro que no quería vencedores ni vencidos y que buscaría la paz como sea con lo que marcó el camino a seguir, ése que lleva a abandonar el deseo de derrotar a ETA y a establecer un precio final por la paz. Cuando el PNV dice que quiere la paz como sea quiere decir que, cuanto más como sea más nueces recogerá del árbol agitado. Frente a ellos se sitúan los que aseguran que la paz de los cementerios, la paz a cualquier precio, no tiene ningún interés, ya que si hubiésemos querido esa paz, la hubiésemos tenido a nuestro alcance hace muchos años: con ofrecer lo que se exigía, se habría acabado la guerra para siempre. Eso sí, tendríamos ahora lo que algunos quieren que tengamos pasado mañana, un escenario muy parecido al de Azcoitia, lleno de cristalerías, de etarras subvencionados, de víctimas acomplejadas. Azcárraga, un contumaz miserable que ha llegado a ser consejero de Justicia del Gobierno vasco, lo acaba de declarar en viaje por Argentina: a lo que aspiramos es a que Euzkadi sea un estado que mantenga una buena vecindad con España. Y ha dicho más: Hay diálogo, claro que está habiendo diálogo, y posiblemente hayan llegado ya a algún acuerdo Ello confirma las sospechas de los que, desde el lado de las víctimas, temen que el Gobierno de su país haya pactado futuras cesiones. Y junto a ellos se sitúa el PP. Así, Maite de mis carnes, ¿cómo se van a poner de acuerdo? Si el Gobierno del PSOE hace un esfuerzo y consigue que Pepe Blanco se tome la pastilla antiinsultos, hace otro y le cuenta a Rajoy lo que sabe de ETA o lo que ha sondeado a ETA, y lo redondea siendo medianamente gentil con las víctimas- -sin pretender empatar su dolor recordándoles que el presidente también perdió un abuelo en la Guerra Civil- entonces puede que ambos partidos establezcan políticas concretas. El PP también tendrá que renunciar a varias cosas, pero comenzará un periodo en el que los que quieren el empate con los terroristas- -empate en campo contrario, ergo derrota- -acaben perdiendo sus esperanzas. Pero no nos engañemos, Maite, ese escenario es manifiestamente improbable. Podemos lamentarnos, podemos intentarlo, pero lo ciertamente útil será seguir rebelándonos contra esa paz sin libertad que algunos quieren decretarnos. www. carlosherrera. com