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62 Cultura JUEVES 2 3 2006 ABC Francisco Ayala, en ABC EL ARTE COMO OBJETO DE CONSUMO uando en 1924 escribió Ortega y Gasset su famoso ensayo sobre la controvertida deshumanización del arte estampó en él una frase muy de su estilo lapidario declarando que: Dondequiera que las jóvenes musas se presentan, la multitud las cocea Discurría el autor acerca de la impopularidad del entonces arte nuevo, pretendiendo afirmar que, a diferencia de la actitud habitual del público frente a las novedades, rechazadas primero por cuanto tienen de tales, para ser aceptadas y asumidas tan pronto como el efecto de la sorpresa ha pasado, las masas están excluidas por principio de la comprensión y disfrute del arte de vanguardia; que en su caso no era la novedad lo que dificultaba y aplazaba su recepción por el común de las gentes, sino que el arte ahí descrito como deshumanizado quedaba desde luego sustraído a su alcance y les era vedado para siempre. Han pasado los años, y este dictamen y el consiguiente pronóstico parecerían desmentidos por la experiencia. Multitudes innumerables acuden hoy a las exposiciones de obras, tanto de aquella vanguardia (en estos días mismos está siendo muy visitada la que el Museo Reina Sofía presenta en Madrid sobre André Breton y su entorno) como de las creaciones de los artistas actuales, con frecuencia aún más alejadas del tradicional arte representativo que las que se inspiraron en aquel surrealismo. Y no sólo se aglomeran las masas para desfilar- -quizá tras horas de paciente espera- -ante obras tales, sino que, popularizadas ya, la reproducción industrializada de muestras muy extremas de tan difícil arte son adquiridas con entusiasmo para adorno de viviendas en cuyas paredes lucía antaño un almanaque con el Sagrado Corazón o con la consabida maja de abanico y mantilla. ¿Quiere decir esto que Ortega se equivocara en su apreciación? ¿Significa ello que, como ocurría en tiempos anteriores, la gente se ha acostumbrado a las pautas estéticas innovadoras y que ahora ya acepta, asume, valora y disfruta el arte nuevo Creo que algunas matizaciones al respecto podrían ser oportunas. Para empezar, entiendo yo que la caracterización hecha en su tiempo por nuestro filósofo fue básicamente correcta, aun cuando sus retóricas formulaciones, encaminadas a causar impacto sobre el lector, resultaran chocantes. Así, al calificar de deshumanizado al arte por entonces nuevo, apenas hace otra cosa que insistir en la demanda, también por aquel entonces muy general, de un arte puro es de- C mo una mofa, como una blasfemia, como un sacrilegio que venía a herir sus convicciones. Pero esto, ¿no implicaba precisamente que estaba en posesión de unos criterios bien arraigados, esto es, que se hallaba instalado dentro del cuadro de una formación sólida por cuanto al arte concierne? Educado arFRANCISCO AYALA de la Real Academia Española tísticamente en unas determinadas pautas y unos ciertos valores, el buen burgués se aferraba a un concepto firme, inconmovible, de lo que el arte es y debe ser, y desde tal posición se mostraba muy beligerante, con cerrada intransigencia, frente a obras que contradecían su concepto. Es muy probable que, pasado el choque y descargada su indignación, empezara a reeducarse en nuevas pautas por las etapas del camino habitual que va desde el snob pretencioso y vano hasta llegar al amateur y el connaisseur o bien, que se refugiara acaso en los productos tardíos de un arte kitsch o, en fin, que terminase por desinteresarse del arte, integrándose en esta masa que pasa ahora sin comentario ni particular atención ante los más diversos objetos que una exposición pueda presentar a su curiosidad. Pero (y esto es lo que importa para marcar el contraste con la recepción indiferente de cualquier producto artístico, tan corriente a la fecha) debe advertirse que aquel rechazo filisteo del arte nuevo estaba apoyado sobre un seguro, aunque ya obsoleto, sistema de valores estéticos, mientras que esta aceptación indiscriminada de ahora responde a la ausencia de todo criterio. Según sugerí al comienzo, la popularización de que en la actualidad disfrutan los productos artísticos de la vanJOSÉ LUIS ÁLVAREZ guardia, y su consumo por la multitud, en el fondo no desmiente el grada, sino más bien con aquellos burcir, de un arte libre de intenciones ajeviejo dictamen y negativo pronóstico gueses a quienes se solía despreciar, nas al efecto estético y, por consiguiende Ortega y Gasset, pues corresponde motejándolos de filisteos a causa de te, un arte gratuito despojado de rea un fenómeno general de nuestro sus gustos tradicionales. Tales burgueferencia a los diversos intereses práctitiempo y de esta sociedad nuestra, ses eran quienes de hecho reaccionacos del diario vivir. Y cuando, en cotan felizmente orientada hacia el más ban con santa indignación frente a las nexión con ello, declara intranscenamplio y generoso derroche de toda audacias de las innovaciones vanguardente al arte, está aprovechando el clase de bienes. Innecesario será repedistas; es decir, frente a estas mismas equívoco que proporciona la acepción tir lo que tantas veces se ha hecho paaudacias que en la actualidad traga el de cosa sin importancia que este votente y puesto en evidencia: que las público- -la masa- -con insaciable e incablo tiene en el uso vulgar para decir obras de arte- -buenas, mediocres o diferente avidez. de manera llamativa y hasta escandafrancamente malas; auténticas o falsiDetengámonos por un momento a losa algo que sin embargo resulta obficadas; en su original o en mecánica considerar el asunto con algún cuidavio: que el valor estético es inmanente reproducción industrial- -han pasado. ¿No parece curiosa la santa indignaa la obra de arte; que ésta se refiere tan do a ser, dentro de la economía acción que sentía el burgués filisteo al ensólo a sí misma. tual, una mercadería más, ofrecida frentarse con las expresiones artístiConvendrá ahora precisar todavía mediante la multiforme y hábilmente cas de la vanguardia? ¿Por qué cocearalgo en relación con la multitud que, seductora promoción publicitaria a las ¿No hubiera bastado acaso, si de según Ortega afirmaba, cocea a las la avidez adquisitiva de un público ellas no gustaban, con volverles la esartes nuevas. Esa multitud no era coinque en sus valoraciones y gustos, en palda y desentenderse? Su rechazo viocidente con las masas que, perspicaz, sus apetencias, se guía y es gobernalento de tales formas artísticas era deveía él mismo crecer en perspectiva, y do por los resortes de la propaganda bido sin duda a que, en efecto, las consique de hecho han llegado a constituir comercial. deraba ofensivas, a que las percibía cohoy una sociedad ampliamente inte- Hoy se constituye la Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario de Francisco Ayala. Con este motivo, reproducimos a continuación la Tercera que ABC publicó en 1991 con motivo de la concesión del premio Cervantes