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58 JUEVES 2 3 2006 ABC Cultura y espectáculos La Bienal del Whitney revela la huella de la guerra de Irak en el arte contemporáneo Más de 250 trabajos de 101 artistas proyectan una radiografía crítica de Estados Unidos b Richard Serra presenta un dibujo- protesta- Parad a Bush -contra la tortura y la humillación de prisioneros que refleja un oscuro capirote, con los brazos abiertos y los dedos conectados a electrodos MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. Contradictorio, confuso, provocador. Todo eso y mucho más se puede decir de la selección de arte contemporáneo que forma la septuagésimo tercera Bienal del Museo Whitney, que fue inaugurada ayer. Pero si algo marca ya para la historia este arte atrapado entre el día y la noche es la guerra de Irak, que viene a ser lo que la guerra de Vietnam fue para otra generación de artistas, cuarenta años después. Corrían los agitados días del año 1966 cuando Mark di Suervo, inspirado en una idea de Irving Petlin, erigió una Torre de la Paz de casi diecisiete metros de altura para protestar contra la Guerra de Vietnam. Su collage con paneles de artistas de todo el mundo desafió a Washington durante tres meses desde la esquina de Sunset Boulevard con La Ciénaga, bajo las colinas de Hollywood. edición, para la que el sugerente título de la película Day For Night El día por la noche o La Nuit Américaine -un clásico de François Truffaut del año 1973 que aborda la técnica cinematográfica de filtros para rodar escenas de noche a la luz del día- -se ha revelado providencial. La deliberada confusión entre el día y la noche es una metáfora sobre la ambigüedad y la incertidumbre que vive el arte contemporáneo. cas es el dibujo original sobre Abu Ghraib que Richard Serra hizo en protesta a la tortura y la humillación de prisioneros en esa infame prisión. Basado en una de las polémicas fotografías, Stop Bush (Parad a Bush) representa la oscura figura del capirucho, con los brazos abiertos y los dedos conectados a electrodos. Más de de doscientos cincuenta trabajos de 101 artistas, sin contar los cen- tenares que se exponen a través de grupos independientes, que suponen exposiciones dentro de la exposición, proyectan todo tipo de críticas y tendencias. No son los cien mejores recuerda Illa, sino los que representan las secuencias del arte contemporáneo La exposición estará abierta hasta el 28 de mayo, salpicada con la celebración de numerosos actos en los que intervendrán sus protagonistas. Tendencias y simbolismo Si bien el Whitney se ha dedicado en cuerpo y alma al arte contemporáneo estadounidense, esta vez la road movie en la que los conservadores rastrean cada rincón del país no ha sido suficiente, sino que han tenido que buscar por las cuatro esquinas de la aldea global. Tiravanija, por ejemplo, coautor de la Torre de la Paz, vive a caballo entre Nueva York, Tailandia y Berlín. Hoy los artistas se mueven por el mundo con gran fluidez, creando una compleja red de intercambio artístico que se niega a ser contenida por las barreras geográficas explica la comisaria, Chrissie Iles. Por eso El Día por la Noche no es sólo un espejo de la corriente cultural del momento en Estados Unidos, sino que también refleja la relevancia de Estados Unidos como parte de un momento cultural mucho mayor La británica advierte a los europeos de que no se apresuren a juzgar a Estados Unidos por los errores que esté cometiendo, porque si miramos el siglo XX veremos el desastre que hizo Europa del mundo y los ríos de sangre que dejó tras de sí Es a los artistas americanos a quienes corresponde la radiografía crítica de su país, y la Bienal del Whitney no deja lugar a dudas de que la están haciendo. Otra de las piezas más simbóli- El día por la noche Otra guerra equivocada y sangrienta ha llevado al ya septuagenario escultor a revivir el proyecto, ahora con un nuevo socio, Rirkrit Tiravanija, de cuarenta y cuatro años y la contribución de trescientos artistas. La nueva Torre de la Paz recibe a los visitantes a la entrada de la Bienal del Whitney, que cada dos años toma el pulso al arte contemporáneo de los Estados Unidos. Por primera vez se ha bautizado la Obra de Richard Serra en la que muestra su oposición a Bush El MoMA rescata diecisiete miradas del arte islámico sin fronteras ni etiquetas M. G. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Artistas y museos se han aliado para desvincular la lucha contra el terrorismo del mundo islámico. Los primeros protestan en sus cuadros por una guerra construida sobre mentiras y los segundos albergan sobre sus muros a los llamados artistas islámicos para retar los tópicos de nuestra sociedad. La oleada de exposiciones que ha salpicado Nueva York alcanza su cumbre en el Museo de Arte Moderno (MoMA) que el domingo inauguró Sin fronteras: 17 formas de mirar El título sugiere ya el manifiesto de esta exposición, con la que se busca conceder a cada artista la libertad de una mirada personal que no esté etiquetada exclusivamente por su lugar de origen. La gran mayoría de los artistas seleccionados han nacido en países musulmanes, y no hay duda de que en su arte se puede encontrar la tradición islámica, pero casi todos viven ahora en Occidente y desarrollan ahí su obra. Con su variado origen (Turquía, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Argelia e India) llega también la variedad de medios que utilizan para expresarse (pintura, escultura, vídeo, animación, fotografía, tejidos y hasta cómics) pero, sobre todo, el derrumbe de nuestros tópicos. Ellos son los primeros que pueden deleitarse en el erotismo, criticar su sistema más ortodoxo y hasta retratar al profeta, ahora que pensábamos que está prohibido dibujarle (en realidad lo que les subleva es la mofa de la caricatura) Por supuesto, algunos de estos respetados artistas seleccionados para colgar sus obras en el gran monumento del MoMA se han encontrado con la incomprensión y la crítica en sus países de origen, que los acusan de haberse occidentalizado, mientras que en Occidente los estigmatizan por su islamismo. Sus obras, como la de muchos artistas estadounidenses que exponen en el Whitney, no están exentas de la crítica política y social, quizás mucho más sutil, como respuesta a su origen cultural.