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ABC MIÉRCOLES 1 3 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL ISLAMISMO NACIONALISTA Ni Europa ni Estados Unidos pueden ceder ante un gobierno que niega el derecho a existir del vecino y hace gala de su práctica terrorista con parte del dinero recaudado a los ciudadanos, como es el caso de Palestina... T ODOS sabemos que el islam radical aspira a restablecer el Califato, que rechaza el estado por occidental y ajeno a la supuesta tradición musulmana y que no considera otra opción en su relación con la Vieja Europa y el Nuevo Mundo que la conversión a la fe verdadera. Sin embargo, sería un error pensar que el conjunto del mundo radical comparte la misma estrategia. Hay distintas formas de llegar al mismo objetivo. Al Qaida recrimina a Hamás el haberse presentado a unas elecciones, porque el propio procedimiento es corrupto. También le echa en cara su apego a la causa nacional- palestina, cuando es la Umma la que debería preocuparles. La sola posibilidad de que inicien un diálogo con Israel, aun manteniendo su negativa a aceptar la existencia del estado de Israel, escandaliza a los seguidores de Osama. Sin embargo, la realidad es que la aproximación maximalista de Al Qaida no para de cosechar fracasos, mientras que el pragmatismo de los Hermanos Musulmanes está comenzando a recoger importantes éxitos. Al Qaida impresionó con los atentados de Nueva York y Washington, pero tuvo que pagar el alto precio de perder Afganistán, sufrir el desmantelamiento de cuadros y células, ver cómo caía Irak y, por último, sufrir la crítica y el desprecio de los suyos por los crímenes contra musulmanes en Jordania e Irak. Al Qaida ha ganado popularidad, pero sólo eso. harán todo lo posible para crearlo. Su triunfo a medio y largo plazo depende de que el musulmán medio entienda que el islam y Occidente son incompatibles, que nosotros no les respetamos, que tratamos de dirigirlos en favor de nuestros propios intereses y que la relación sólo les llevaría a la decadencia por corrupción. Una idea que no es en absoluto nueva, pues no deja de ser una variante de la doctrina leninista sobre las relaciones entre la Rusia soviética y el bloque capitalista Soviéticos e islamistas se sienten débiles en su relación con el mundo libre. Intuyen con razón que la libertad es una fuerza devastadora, capaz de hacer volar por los aires los artificios racionales de los primeros y los ensueños melancólicos y fanáticos de los segundos. D l islamismo más convencional tuvo que aprender a la fuerza de las experiencias de Argelia y de Turquía. Entonces comprendieron que las Fuerzas Armadas y Occidente no tolerarían su triunfo en las urnas. Se adaptaron a un nuevo entorno, bajaron el volumen de su discurso, adoptaron un tono más conciliador, se fueron infiltrando en la estructura del estado... con el fin de hacerse más fuertes e impedir nuevos golpes en su contra. Hoy muy probablemente ganarían elecciones en lugares tan importantes como Marruecos y Egipto, siempre aunando el fervor de los fieles con el sentimiento de rechazo de todos aquellos hartos de corrupción, injusticia e incompetencia. Hamás no es un ejemplo de islamismo moderado, de la misma manera que la Autoridad Palestina no es un ejemplo de estado árabe tradicional. Pero esta variante palestina de los Hermanos Musulmanes no deja de ser eso, una variante local, que en lo fundamental sigue la estrategia común. Buscan llegar al poder por medios electorales, prohibir los partidos que no representen la justa vía del islam- -como en Irán- imponer la sharia o ley coránica y dar un giro a la política seguida durante las últimas décadas. Ellos buscan y necesitan que un abismo nos separe y E os crisis diplomáticas van a ser fundamentales en este sentido. La iraní y la palestina. Occidente trata de que Irán abandone su programa nuclear y el gobierno palestino reconozca el derecho a existir de Israel, renuncie al terrorismo y negocie la paz. En ambos casos los mulás chiitas y los imanes sunitas tratarán de presentar nuestras presiones como casos flagrantes de injerencia en sus asuntos internos, ejemplos de neocolonialismo. Regarán así la planta de la frustración, que les lleva a culparnos de cualquiera de sus problemas. Toda la responsabilidad recae inexorablemente sobre nuestras espaldas. El general Franco transformó la Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas de 12 de diciembre de 1946- -que condenaba a su régimen, recomendaba la retirada de los embajadores y amenazaba con sanciones económicas- -en una fiesta de sentimiento nacional ofendido, que acabó convirtiéndole en el hombre providencial capaz de garantizar la dignidad nacional frente a la intromisión exterior. Otro dictador de estirpe gallega siguió sus mismos pasos y hasta el día de hoy combina en Cuba el sentimiento nacional con el marxismo- leninismo. Como él mismo ha reconocido, sólo gracias a la supuesta amenaza exterior es posible justificar el fracaso del régimen. El bolivariano Chávez apunta maneras semejantes, aunque en esta ocasión con petrodólares, una diferencia sustancial. Iraníes y palestinos tienen sus maquinarias propagandistas preparadas. Saben que si lo hacen bien las presiones y condenas occidentales pueden transformarse en un instrumento de cohesión política utilísimo para sus fines estratégicos. No sólo se convertirán, como Franco en 1946, en los valedores de la dignidad y la soberanía nacionales, además robarán a las fuerzas políticas tradicionales- -nasseritas, baasistas, Fatah... -e incluso a las monarquías tradicionales una de sus señas de identidad: la causa nacional. a convergencia entre radicalismo religioso y nacionalismo abre nuevas vías políticas donde los Hermanos Musulmanes tienen mucho que ganar. Por esta razón, en la gestión de ambas crisis debemos ser tan firmes en la defensa de nuestras posiciones como cuidadosos en las expresiones. Evitemos, en la medida de lo posible, alimentar el campo enemigo. La clave está en dejar claro desde un primer momento cuáles son los términos de un posible acuerdo y su razón de ser. Hay que dirigirse al conjunto de la población musulmana y explicarlo. La característica ambigüedad diplomática es en esta ocasión extraordinariamente nociva, por el control que los radicales tienen de los medios de comunicación. Ellos están en condiciones de tergiversar la realidad y aprovecharán cuantas oportunidades se les presenten. Ni Europa ni Estados Unidos pueden ceder ante un gobierno que niega el derecho a existir del vecino y hace gala de su práctica terrorista con parte del dinero recaudado a los ciudadanos, como es el caso de Palestina. Ni Europa ni Estados Unidos pueden permitir que Irán, violando el Tratado de No Proliferación Nuclear, desarrolle un programa nuclear con fines militares, poniendo en peligro a sus vecinos, entre los que nos encontramos, haciendo saltar por los aires el régimen de no proliferación y forzando a otros estados a seguir el mismo camino para garantizar su seguridad. Esto se puede y se debe explicar, limitando los beneficios que los extremistas esperan obtener. L FLORENTINO PORTERO Analista del Grupo de Estudios Estratégicos