Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 28 2 2006 93 Deportes La selección española portará una pancarta contra el racismo en el amistoso de mañana en Valladolid Florentino Pérez, el día que ganó las elecciones a la presidencia del Real Madrid y en su última aparición como presidente, en el palco de Son Moix FOTOS: IGNACIO GIL y EFE Florentino se va, harto de los jugadores El presidente deja el Madrid al darse cuenta de que no es capaz de reflotar la parcela deportiva ENRIQUE ORTEGO MADRID. ¿A ver si el problema voy a ser yo? se preguntaba Florentino Pérez en los últimos meses, en las últimas semanas, en los últimos días. Lo decía en la intimidad, pero en voz alta. Se lo confesaba a los suyos. A los que desde el primer día estuvieron a su lado y nunca le abandonaron. Ni le abandonarán. Algunos se irán con él porque llegaron con él. Posiblemente fue su mujer, Pitina, inseparable en todos los viajes, en todos los frentes, la primera persona que supo que su marido estaba dispuesto a abandonar. Su hermano Enrique también estaba al tanto. Paradojas de la vida. Fue en Palma, donde tiene su segunda casa, donde están atracados sus barcos, donde descansa- -si es que este hombre descansa alguna vez- -cuando tiene dos días libres, donde cerró la carpeta. El partido contra el Mallorca fue la última gota que colmaba una paciencia que estaba a punto de rebosar. Yo más no puedo hacer les decía a los suyos las últimas semanas. Y muchos de sus colaboradores más directos le aconsejaban que era el momento de dejarlo, con el club económicamente saneado y una proyección social que nunca antes había tenido en sus cien años de historia. Leo, escucho, veo y soy el culpable de todo lo que pasa en el club, pero he hecho todo lo posible para crear un nuevo proyecto. He hecho cosas que nunca pensaba hacer, como destituir entrenadores, fichar jugadores en el mercado de invierno... Este año hemos fichado lo que los técnicos me han dicho que necesitaba el equipo. Hasta nos hemos gastado 27 millones en Sergio Ramos, un chaval de 18 años, el último día de mercado. Me dijeron que era necesario y ahí está. Y Baptista. Y Robinho. Y después Cicinho, Cassano... Confidencias telefónicas A lo peor no son palabras textuales, pero por esos derroteros andaban sus reflexiones en las últimas semanas. Se venía un poco arriba- -es optimista por naturaleza- -cuando el equipo daba leves síntomas de recuperación, pero volvía a caer en la depresión cuando al partido siguiente llegaba otro varapalo. El domingo, después del encuentro, del último ridículo de su equipo, como siempre solía hacer en la victoria, la derrota o el empate, comenzó la rueda de consultas. Estaba hundido. La actitud de sus jugadores le había una vez más desilusionado. A través del teléfono le venían a decir más o menos lo mismo. Le comentaban las imágenes de la televisión cuando marcó Sergio Ramos. Habló con todos sus directores generales y sus amigos más íntimos, pero sólo los primeros, José Ángel Sánchez (márketing) Manuel Redondo (infraestructuras y jefe del gabinete de presidencia) Carlos Martínez de Albornoz (corporativo y económico) y Antonio García Ferreras (comunicación) recibieron la confidencia y los cuatro se El ridículo del equipo en Mallorca fue la gota que colmó el vaso de su paciencia, se rindió y decidió dimitir marcharon a la cama con el secreto. Me voy, mañana- -por ayer lunes- -nos reunimos en mi despacho. No puedo aguantar más Florentino bajó las escaleras de Son Moix indignado con sus jugadores, con su comportamiento, con su actitud. Para su desgracia no era la primera vez. Pero será la última. Como se demostró ayer en la comparecencia ante la prensa su relación con los futbolistas nunca fue buena. Cuando llegó a la presidencia, en su ideario no se contemplaba tener relaciones con ellos. De hecho se pasó muchos meses simplemente saludándoles. No quería intimar. En ACS tengo diez mil empleados y les saludo cuando nos cruzamos en el ascensor o tenemos una reunión, pero no como con ellos, ni ceno... Con el paso de los meses, de los años, el poder de seducción de algunos jugadores, su magnitud galáctica, le terminó por cautivar. Rompió sus reglas. Figo siempre fue su ojito derecho y hablaba con él por teléfono cuando el portugués lo necesitaba. Por Zidane sentía fascinación futbolística y también hubo hilo directo. Ronaldo, acostumbrado a codearse con los presidentes, pronto se dio cuenta de que el único que mandaba en el club era Florentino Pérez y a él acudía cada vez que quería conseguir algo fuera de lo común... y no se enteraba nadie más. Sin embargo con los demás, los capitanes, los que alzaban la voz y controlaban el vestuario, nunca congenió. No había el mismo feeling que con los hombres que él había fichado. Ni con Fernando Hierro, al que no renovó a pesar de haber llegado a un acuerdo verbal para que continuara dos años más; ni con Raúl, que heredó los galones de Fernando cuando éste saltó del club. Con el nuevo capitán la relación mejoró en los últimos meses. El socio 10.228 Florentino ha sufrido mucho más en los últimos meses de lo que los que no le conocen pueden imaginar. No está acostumbrado a perder, pero su fuerza mental le permite presentar por la mañana las cuentas del grupo ACS, anunciar un 34,5 por ciento de beneficios, lo que supone 608,7 millones de euros, y por la tarde salir ante cien periodistas y decir que deja la presidencia del Real Madrid. Hoy será otro día. Presentará las cuentas de Unión Fenosa y volverá a abrumar a sus interlocutores. Las personas pasan y las instituciones quedan solía decir en los momentos de máxima tensión, pero su obra ahí está, más allá de que en los dos últimos años no haya ganado ningún título. Simplemente por haber conseguido que en un equipo de fútbol puedan haber coincidido jugadores como Figo, Ronaldo, Zidane, Roberto Carlos, Raúl, Hierro, Casillas, Beckham, Robinho... hay que darle las gracias. Sus errores, que también ha cometido, han sido su penitencia y por eso ayer pasó a ser el socio 10.228. Su relación con los galácticos fue fluida, pero nunca se entendió con los capitanes, Hierro y Raúl