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ABC MARTES 28 2 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL MARASMO ANDALUZ UBO un tiempo en que Andalucía fue mucho más que una nación. La reescritura de la Historia ha mitificado el esplendor de Al Andalus y sobrevalorado como un nirvana melancólico su conflictiva convivencia de culturas, que ahora los fanáticos del fundamentalismo musulmán reclaman como el mito liminal del paraíso perdido, pero durante el Califato florecieron las artes y las letras, se desarrolló el comercio y la agricultura conoció inéditas fronteras tecnológicas, mientras en otras tierras que ahora presumen de singularidad identitaria se cazaba a pedradas o se convertía la degollina en método de expansión política. No conviene idealizar el pasado, y IGNACIO menos convertirlo en raCAMACHO zón de futuro, pero tampoco se pueden levantar construcciones simbólicas manejando las realidades históricas a conveniencia exclusiva de parte. Hubo otra época, mucho más reciente, en que Andalucía se comportó, además, como un pueblo en marcha. Fue durante la Transición, cuando los alquimistas de la política trataron de encontrar la piedra filosofal de la España plural en un Estado de dos velocidades, y los andaluces decidieron sin remilgos incorporarse con todos los derechos a una fiesta en la que no habían sido invitados. Lo lograron saltando por encima de barreras de arbitrariedad y engaño en un referéndum a contraviento del poder, hicieron trizas aquel modelo desigual y forzaron la creación de una arquitectura solidaria que ha cohesionado el país durante un cuarto de siglo. Desde entonces, el 28 de febrero es la fiesta de Andalucía, pero el régimen clientelar que sobrevino de aquel éxito ha convertido la efemérides de una rebelión civil en un pasacalles de autocomplacencia y triunfalismo. Hoy está en juego la pervivencia de este sistema equilibrado porque los perdedores de aquel pulso han encontrado abono para su eterna cantilena de insatisfacciones, y Andalucía calla enfrascada en un ensimismamiento tan miope como satisfecho. El orgullo de no ser menos que nadie ha perecido en un cómodo sesteo subvencionado y folclórico, y los paladines de la antigua rebeldía viven instalados en la sumisa docilidad de un sindicato de intereses, sin querer reparar en que la obsequiosa generosidad de sus nóminas depende de los mecanismos de solidaridad financiera que están a punto de romperse. La figura más prominente de la Andalucía oficial es un cantante macarrilla idolatrado por las adolescentes, ese David Bisbal al que hoy los próceres de la autonomía colgarán una medalla en su bucles de oro mientras los procónsules del nacionalismo catalán le roban la cartera a un pueblo que dormita un sueño de mansedumbre. La comunidad que evitó la fractura del Estado ha caído en un marasmo de acatamientos serviles, pastoreada por nuevos caciques que para no perder sus prebendas asisten vestidos de gala a la esquila del rebaño. H TEMPORADA DE DESCONFIANZA A supervivencia del político estriba muchas veces en no fiarse de nadie, mientras que el ejercicio de la política exige cierta confianza en el sistema. Hacia tiempo que no existía tanta desconfianza entre los dos grandes partidos, que tienen en común, y no es poco, representar proporcionadamente el total del territorio nacional. Ese rasgo hasta ahora les había hecho sentirse habilitados para consensuar las grandes líneas de la política territorial, como diferencia constitutiva respecto a partidos que sólo pretenden una representación periférica o parcial de España. Ese rasgo se había convertido en un elemento sustantivo de la política prácticamente desde la ajetreada redacción de la Carta Magna de 1978. Por la misma razón, los dos grandes partidos, por lo general, no habían aceptado soluciones preelectorales a la bávara: es decir, presentarse como la CDU alemana en toda Alemania menos en la Bavaria VALENTÍ de Strauss para luego sumar escaños. PUIG En su justa proporción, ésa fue la causa por la que el CDS de Adolfo Suárez no aceptó conjugarse con la llamada operación Roca cuando la propuesta consistía en listas del CDS para toda España menos para Cataluña. Desde la llegada de Zapatero al poder, la desconfianza entre ambos partidos es de tal magnitud que incomoda a no pocos ciudadanos y, además, cuestiona aquel sobreentendido respecto a la función de los partidos de ámbito y contextura nacional. Con dosis de paralelismo, el choque actual supera en mucho la crisis de confianza ocasionada en mayo de 1980 al presentar el PSOE, por sorpresa, una moción de confianza contra el Gobierno de la UCD que presidía Suárez. Al ir contra Suárez, la moción contaba con la aquiescencia de la AP de Fraga y facciones de la propia UCD gubernamental. Al PSOE no le salían bien las encuestas- -como no le había ido bien en las elecciones autonómicas de Cataluña y el País Vasco- -y pretendía elabo- L rar una nueva mayoría casi de la noche a la mañana. En las crónicas parlamentarias puede comprobarse que la probabilidad de contactos del Gobierno con ETA fue parte amplia de un debate llevado por Felipe González algo más allá de los límites de lo que de forma eufemística llamaríamos prudencia política. Alfonso Guerra dijo entonces que ni Suárez soporta la democracia ni la democracia soporta por más tiempo a Suárez Años después, Suárez reconocía haber ganado la moción legalmente, pero perdiéndola moralmente. Quién sabe. Incluso haciendo abstracción transitoria de los factores que allanaron el acceso de Rodríguez Zapatero, la contribución disolvente de la confianza por parte del PSOE ha podido hasta parecer un sistema de goteo bastante programado. Con carácter previo, en el pacto del Tinell, por el que Maragall accede al poder con ERC y IC en el Ejecutivo de la Generalitat, la voluntad de marginar y expulsar al PP del sistema democrático es algo que ahí quedó escrito. Aquella fue una jornada a la que algunos periodistas de propensión socialista acudieron a escribir la crónica épica acompañados de sus hijos. Gran página de la profesionalidad, rubricada por el intento explícito de excluir del sistema los 400.000 votos del PP en Cataluña. Cuando Zapatero llega al poder con el apoyo de ERC y IU, en poco tiempo inyecta toda una colonia de termitas en los cimientos del Pacto Antiterrorista, pieza capital en la lucha contra ETA, fuente de confianza para la inmensa mayoría del electorado y único contrafuerte para el mínimo valimiento practicable entre PSOE y PP. Los folios del documento de Santillana sobre política autonómica volaron con el viento. Una vez más, el PSOE busca una nueva mayoría. Dick Morris, el gurú de Bill Clinton, tiene por fórmula principal que un gobernante necesita una mayoría popular todos los días de su mandato. Si no es así, se explica que Hillary Clinton recurra como asesor a James Carville y deje a Morris para las cosas de su marido. vpuig abc. es