Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 Cultura LUNES 27 2 2006 ABC FLAMENCO Ciclo Flamenco y Copla Cante: Vicente Soto Sordera Guitarras: José María Molero e Iván Palmero. Violonchelo y bajo: Sebastián Fuenzalida. Piano: Carlos Rodríguez. Percusión: Manu Soto. Coros: Gema y Lely Soto. Lugar: Centro Cultural de la Villa CANTANDO A LOS GRANDES POETAS MANUEL RÍOS RUIZ a poesía más significativa llevada al cante flamenco lo enriquece, si la adaptación se realiza con inteligencia y capacidad creativa. Y verdaderamente emociona al buen aficionado, escuchar excelsos poemas en la voz flamenca y por todos los estilos del género. Esa es nuestra experiencia y conclusión en relación con el espectáculo Versos jondos Su protagonista, el cantaor jerezano Vicente Soto Sordera demuestra su maestría y su poderío cantando a los grandes poetas. Es admirable su capacidad, su profesionalidad, su entrega para llevar a cabo tamaña e impecable labor. Vicente Soto Sordera vive un momento de plenitud artística, sobrado de facultades y con un dominio interpretativo cierto, inició su concierto por martinetes, sobre el poema A la orilla de este río de Fernando Pessoa, ganándose justamente la primera gran ovación de la velada, porque realmente estuvo colosal en todos los tercios. Y ya con la guitarra del maestro José María Molero, cantó donosa y brillantemente En la arboleda perdida versos de Rafael Alberti por alegrías. A continuación siguiriyas con Maldigo las horas de José Bergamín, rememorando los ecos marrurreros. Y soleá por bulerías, con Nocturnos de Juan Ramón Jiménez. Luego, con su compañía completa en el escenario, Sordera entonaría por tangos Don Quijote y el loco Cardenio textos de Miguel de Cervantes. Completaría el programa con Las tres hojas de Federico García Lorca; Rayito fuera de luna de Salvador Rueda; Una mañana de otoño de Antonio Machado; y Dos clavellinas de Manuel Machado, por distintos aires festeros. El público en pie le aplaudía con las llamadas y jerezanas palmas del Paula Y Vicente Sordera correspondió a la larga aclamación con El Café de Chinitas y una tanda de coplas buleaeras. Se impone persistir en el enorme mérito de Vicente Soto Sordera en su aventura de cantar los poemas reseñados, logrando una aportación de suma importancia para el cante flamenco, precisamente en una época en la que se abusa de lo liviano y lo comercial. La suya es una actitud digna de encomio, la señal inequívoca de su amor a su arte. L Jeannine Mestre y Enriqueta Carballeira, en una escena de Trenes que van al mar ABC TEATRO Trenes que van al mar Autor: Luis Araújo. Dirección: Carlos Martín. Escenografía: Tomás Ruata. Vestuario: Miguel Crespi. Iluminación: Dominique You. Compañía: Teatro del Temple. Intérpretes: Enriqueta Carballeira y Jeannine Mestre. Lugar: Círculo de Bellas Artes. Madrid ARRIBA Y ABAJO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN D os mujeres se preparan para viajar juntas a la playa. Cada una forma parte de un mundo distinto al de la otra, paralelo y distante, aunque se traten a diario. Sólo un suceso que ha turbado la rutina cotidiana hará que se produzca una intersección entre las dos órbitas. Ellas son Clara, una crítica de arte, y Felipa, su asistenta; el suceso: el abandono del hogar por parte del marido de la primera tras un largo matrimonio. Una sacudi- da de las estructuras que hará que Clara decida pasar fuera el fin de semana y proponga a su empleada, que nunca ha visto el mar, acompañarla. La obra transcurre durante los preparativos del viaje y concluye con la llegada al destino. Pero su meollo, su materia esencial es el proceso de reconocimiento de dos seres que están tan cerca y tan lejos uno del otro, es decir, el reconocimiento del otro y, al tiempo, el reconocimiento de uno mismo en el espejo del otro. La crítica de arte neurótica y atolondrada mantiene el aliño argumental de antigua progre que defiende los logros de la revolución cubana mientras que la asistenta, sufrida y baqueteada, valora negativamente lo iniciado con violencia, independientemente del sesgo de la dictadura. Trasladado al territorio esquemático de las ideologías, podría hablase de un pulso de aproximación entre la moral burguesa que se declara de izquierdas y el pragmatismo proletario sin adscripción política asumido. Todo ello tamizado delicadamen- te por el humor surgido del contraste entre dos visiones de la vida cimentadas en la distinta posición social. Clara escucha condescendiente que a Felipa le emocionan las rimas de Bécquer, se asombra de que use bragas de todo a cien y termina regalándole algunas prendas para el viaje. Aunque se descubran puntos en común y la primera sea sólo dos años menor que la segunda- -ambas asistieron en 1966 al mítico concierto de los Beatles en Las Ventas- les separa irremediablemente la clase social: siguen siendo señora y criada, aunque durante ese itinerario de reconocimiento hayan podido limpiar algunos de los prejuicios que condicionan las respectivas miradas. Espléndidas actrices, Jeannine Mestre y Enriqueta Carballeira (Clara y Felipa) son dos instrumentos musicales, de ajustados matices y afinados en clave diferente, que interpretan un dueto vibrante de vida y calor humano sobre la bien escrita partitura de Luis Araujo, eficazmente dirigidas por Carlos Martín. CLÁSICA Ciclo Sinfónica de la ORTVE Obras de Rimski- Korsakov, González Acilu y Shostakovich. Intérpretes: A. Bacchetti, piano. Orquesta Sinfónica de RTVE. Director: J. Vicent. Lugar: Teatro Monumental, Madrid ACTUALIDAD ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE ay que acercarse a la música de creadores como Agustín González Acilu (Alsasua, 1929) Hacerlo primero a través de su obra, luego de la persona. El orden es esencial para no establecer condicionantes y para que la intuición de la escucha despierte la curiosidad, que como se sabe es un sentido fundamental. Tras ello, cualquier palabra del compositor será una lección, aparentemente sosegada (los años suelen guiar hacia la calma) sabia y sensa- H ta. González Acilu es músico y pensador. Se advierte en su obra siempre trazada bajo esa difícil condición de lo coherente y lo sensato. Le sucede, por ejemplo, a su segundo concierto para piano, que acaba de escucharse en Madrid. Sabe González Acilu que el presente está dominado por un arte que quiere redescubrir el sentir De ahí el cúmulo de detalles que el estupendo Andrea Bacchetti, la Orquesta de RTVE y Josep Vicent apoyaron. A la cabeza la serie de pequeñas cadencias del piano, a veces puntos de soledad en una obra que desde el propio piano y de su percutida, que no hiriente, personalidad se proclama guía absoluto de la obra. La aridez sin aristas, la aparente sequedad, tras la que cabe adivinar gestos amables, la contundencia de los bloques anclados por los instrumentos de viento, forman un todo que redescubre un apaciguado expresionismo. Está claro que el tiempo marca la distancia y la diferencia. El aplauso que hoy ha recibido esta obra convierte en anécdota el escándalo que promovió el primer concierto para piano escuchado, entonces, en el Teatro Real con Pedro Espinosa y esta misma Orquesta de RTVE. Y aunque personalmente pueda encontrarse más atractiva, energética y ambiciosa la música perteneciente a aquella etapa dominada por el ansia del descubrimiento que ésta, más respetuosa y entregada al acuerdo estético, lo cierto es que una y otra son fruto verdadero de su tiempo. Como habrá de serlo el estilo el director Josep Vicent tan a gusto en el podio de la RTVE. La orquesta le sigue al detalle, se la ve conjuntada y segura, capaz hasta de estallar ante lo más brillante del Capricho español de Rimski- Korsakov, o de proponer una versión estilísticamente aséptica aunque bien trazada de la Sexta de Shostakovich, con momentos íntimos cargados de buen gusto. Hubo sitio para el lucimiento de algunos solistas de la orquesta, como antes lo tuvo con tanto encanto la concertino Mariana Todorova.