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58 Cultura LUNES 27 2 2006 ABC PALABRAS DE CLAUDIO MAGRIS AL SER INVESTIDO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA COMPLUTENSE El escritor italiano Claudio Magris pronunció el viernes un lúcido discurso sobre el origen poético y la legitimación objetiva de las leyes, así como sobre la trágica colisión que se produce cuando el legislador olvida el corazón de los hombres, del que traducimos amplios extractos Claudio Magris: Los poetas fueron los primeros legisladores CLAUDIO MAGRIS Desde los orígenes de nuestra civilización, al derecho codificado- -es decir, a la ley- -se contrapone la universalidad de valores humanos que ninguna norma positiva puede negar. A la inicua ley de un Estado promulgada por Creonte que niega sentimientos universales y valores humanos, Antígona contrapone las leyes no escritas de los dioses los mandamientos y los principios absolutos que ninguna autoridad puede violar. La obra maestra de Sófocles es una expresión trágica del conflicto entre lo humano y la ley, que es también el conflicto entre el derecho y la ley. El inicuo decreto de Creonte es una ley positiva, con su contenido específico. A ella, Antígona contrapone un derecho no codificado, podríamos decir consuetudinario, heredado de la pietas y la auctoritas de la tradición, que se presenta como depositario mismo de lo universal. Un derecho por encima de la ley positiva. En este caso, corresponde a imperativos categóricos absolutos; Antígona es el símbolo inextinguible de la resistencia a las leyes injustas, a la tiranía, al mal: veneramos como héroes y mártires a los hermanos Scholl o al teólogo Bonhoeffer que, como Antígona, se revelaron ante la ley de un Estado- -el nazi- -que pisoteaba a la humanidad, sacrificando en esta rebelión su propia vida. mo un monstruoso tirano; él no es un Hitler, sino un gobernante cuya responsabilidad de gobierno, de tutela de la ciudad, puede exigir que se tengan en cuenta- -en nombre de la ética de la responsabilidad, por citar a Max Weber- -las consecuencias, sobre la vida de todos, de una desobediencia a las leyes positivas y del posible caos que venga después. Según cuál sea la constelación históricosocial, la libertad y la democracia se defienden apelando al derecho no escrito depositario de toda una tradición cultural, o a la ley positiva. Durante la república de Weimar, los demócratas apelaban a las leyes positivas que castigaban a las crecientes violencias antisemitas, mientras que juristas e intelectuales filonazis, sostenían que esas mismas leyes no correspondían al sentir arraigado en el pueblo alemán y, por lo tanto, a su derecho profundo, y que por eso eran abstractas. Durante el nazismo, los que apelaban a las leyes no escritas de los dioses contra las positivas leyes raciales y liberticidas del régimen eran los opositores del nazismo. Las leyes no escritas de los dioses Las leyes no escritas de los dioses de Antígona son ciertamente mucho más que un antiguo derecho heredado; se presentan no como elementos históricos, sino como elementos absolutos, como los dos postulados de la ética kantiana, el Sermón de la Montaña o el sermón de Benarés. De forma análoga en la Ifigenia en Táuride de Goethe- -el abogado Goethe- Ifigenia, figura de purísima humanidad, obedece, también ella, a un mandamiento más antiguo que a la bárbara ley positiva que exige acciones inhumanas. En la pietas de Antígona, que entierra a su hermano violando la ley que lo impide, Hegel ve no sólo un mandamiento universal, sino también un arcaico culto tribal a la familia y a las subterráneas ataduras de sangre que el Estado debe someter a la claridad de las leyes iguales para todos. Ifigenia se opone a los sacrificios humanos porque, dice, un dios, un valor universal habla así a su corazón, pero cuando esto sucede, ¿cómo es posible saber si quien habla es un dios universal o un ídolo de las oscuras madejas interiores que hacen que se confunda un retazo atávico con lo universal? La ley es trágica porque- -como la religiosa en San Pablo- -pone en marcha mecanismos que pueden ser necesarios para representar un correctivo al mal, pero que son siempre un mal menor y nunca un bien. Entre el bien y el derecho se abre a menudo un ataúd: en la Judía de Toledo de Grillparzer, los no- Una tragedia que impone una culpa Pero Antígona es una tragedia, es decir, no es sólo una nítida contraposición de inocencia pura y culpa atroz, sino un conflicto en el que no es posible asumir una postura que no comporte inevitablemente, para todos los contendientes, incluso para los más nobles, también una culpa. Sófocles, genialmente, no representa a Creonte co- bles españoles que por razones de Estado han suprimido a la bellísima amante que convertía en inútil al rey Alfonso de Castilla no se arrepienten del delito cometido, pero se sienten y se declaran culpables, pecadores y listos para la expiación; han actuado- -dicen- -queriendo el bien, pero no el derecho. Ley y derecho sancionan por lo tanto este pecado original, esta imposibilidad de la inocencia y del existir. Y es esto lo que, aunque contrapone poesía y derecho, también los acerca porque- -escribe Salvatore Satta en su Día del juicio el derecho es terrible como la vida y la literatura, llamada a contar la verdad desnuda de la vida sin rémoras moralistas, no puede no darse cuenta de la peligrosa cercanía a esa terribilidad y a esa melancolía. También la poesía es hija y expresión del mundo perdido- -de la barbarie, que diría Novalis- -aunque, a diferencia del derecho, conservador por naturaleza (los juristas son reaccionarios, decía Lenin) la poesía no es sólo un viaje en las tinieblas sino, tal vez, también espera o anticipación de la aurora, de una inocencia reconquistada y ya no necesitada de leyes. Como revela la Historia de la columna infame de Manzoni, la literatura es también abogada de vida contra la violencia persecutoria y justicialista que a menudo se ejerce injustamente contra acusados privados de garantías de defensa. Alianza entre poesía y derecho Es sobre todo en Alemania donde se ha verificado, especialmente en el Romanticismo, una singular alianza, casi una simbiosis entre poesía y derecho- -entendido como derecho consuetudinario y no como lex positiva Los hermanos Grimm, grandes filólogos y literatos, eran juristas. Recogiendo sus célebres fábulas pretendían salvar el gran patrimonio del buen y viejo derecho es decir, de las costumbres, tradiciones, usos locales del pueblo alemán en su coralidad; patrimonio que, a tra- El decreto de Creonte es ley positiva. Antígona le opone un derecho no codificado, heredado de la pietas y autoritas de la tradición Antígona es el símbolo de la resistencia a las leyes injustas, a la tiranía, al mal vés de los siglos, había sido conservado por la literatura popular. En la misma época estalla en Alemania una interesantísima polémica jurídica entre Thibaut, que propugna para Alemania, sobre el modelo napoleónico, un código civil unitario y unificador, apto para hacer a todos los ciudadanos iguales ante la ley y para barrer los privilegios feudales, y Savigny, que quiere, sin embargo, defender la variedad, las diversidades locales, las diferencias y desigualdades del antiguo derecho común consuetudinario, expresión del sacro imperio romano, y viendo, sin embargo, en el código único un instrumento de nivelación autoritaria. Naturalmente, según las circunstancias, es una u otra posición la que defiende en concreto la libertad de los hombres; el modelo unificador podrá ser un aplastamiento tiránico y estalinista de las diversidades, pero también la tutela democrática de los derechos de todos los hombres, como la sentencia que hace más de 40 años impuso a una Univerisad del sur de los Estados Unidos que acogiera a un estudiante negro, haciendo justa violencia a la diversidad de la cultura blanca y a su racismo estratificado a lo largo de los siglos. También Lope de Vega con su El mejor alcalde, el rey muestra el carácter progresivo de