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ABC DOMINGO 26 2 2006 Economía 81 Ocupó la presidencia de la entidad durante 32 años. Considerado el florentino de la banca por su particular forma de entender el negocio y su afición a la lectura y la cultura Fallece Luis Valls Taberner, banquero de profesión del Banco Popular TEXTO: FERNANDO GONZÁLEZ- URBANEJA MADRID. El presidente honorario y presidente de la junta general de accionistas del Banco Popular, Luis Valls Taberner, falleció a las ocho de la mañana de ayer en su casa de Madrid, a la edad de 79 años, a causa de una enfermedad que padecía hace tiempo. La capilla ardiente con los restos mortales del banquero se ha instalado en el Colegio Mayor de Santillana en Mirasierra (Madrid) Iba para docente, para investigador académico, pero se apeó a tiempo, atraído por las finanzas. Se propuso crear una nueva caja de ahorros, en competencia con la de Madrid, pero acabó (o más bien empezó) de banquero, para ayudar a un primo catalán, que andaba en problemas en el consejo del Banco Popular; un banco mediano, heredero de la fracasada banca de doña Baldomera, que se apellidaba de Previsores del Porvenir, aunque sus estatutos sólo estimaban cincuenta años de vida. Luis Valls compró o vinculó, puerta a puerta, acciones suficientes del Popular como para sentarse en la junta general y voltear el consejo de administración, para iniciar una nueva etapa en orden. Luis Valls se sentó en el Popular, como vicepresidente ejecutivo durante varias décadas, desde los primeros años cincuenta, cuando él no había cumplido treinta. Decía que aprendió banca de su tío Domingo que estaba en Banesto y en el Exterior y que el oficio se lo enseñó Bordegaray, que era el primer ejecutivo del Vizcaya. apartado del primer plano varios meses; aprovechó para reflexionar, para estudiar y para reformular la estrategia de gestión. Escribió varios folletos sugestivos, recuerdo uno titulado: El agobio de la competencia que le sirvieron para reformar su banco. Entre los banqueros más relevantes Santander y Popular, Botín y Valls, son los banqueros relevantes del tercer cuarto del siglo veinte; en ese período se inventaron dos nuevos grandes bancos a sumar a los cinco tradicionales. Luego cada uno ha ido a su bola, el uno con crecimiento sin pausa, apasionado por el tamaño, y el otro obsesionado por la solvencia, la rentabilidad y la independencia. Dos formas de entender la vida. Decía que a Asiaín era al que más caso hacían sus colegas, que los recados al del Bilbao y que lo más difícil era retirarse a tiempo. Trató de aplicarse el cuento, pero lo hizo a medias, en realidad nunca se retiró, una salida de escena lenta y sin alharaca. Era el banquero que mejor recibía, sin interrupciones, ni prisas. Recuerdo un almuerzo prolongado hasta las ocho de la noche, sin encontrar el momento de levantar la mesa en su atractivo palomar del edificio Beatriz. Sabía organizar su tiempo y sus prioridades, profundizar en lo importante y distraerse cuando tocaba. Apostó por el crecimiento orgánico, le daba miedo el futuro, y vértigo el riesgo; sospechaba de una crisis inmediata y trataba de estar preparado pa- Luis Valls Taberner ra soportarla. Temió la nacionalización de la banca como hecho inevitable y se preparó para ello. Recelaba del creciente poder de los supervisores y de la arrogancia de los políticos. Una comida con el ministro de turno, pensaba, que siempre cuesta dinero, que siempre obliga a algo que no debía hacerse. EFE Apasionado del periodismo Le apasionaba el periodismo, le hubiera gustado la profesión. De hecho sus artículos son excelentes, llenos de sutileza, incisivos y muy intencionados Por ello le llamé hace treinta años el florentino de la banca Recuerdo una tercera en ABC titulada La carta robada para explicar la crisis del diario Madrid y un suelto en El País titulado Los banqueros caminan hacia la reserva que irritó tanto que casi le cuesta el cargo. Y le inquietaba la política, fue del consejo privado de Don Juan en Estoril, pero Don Juan Carlos no le designó senador real, fue Escámez. Se equivocó con Ruiz Mateos y lo pagó caro. Su biblioteca evidenciaba sus obsesiones, aquello que le preocupaba y a lo que dedicaba toda su energía hasta desentrañarlo. Cuidaba los detalles, felicitaba los cumpleaños y los acontecimientos; sus tarjetas postales, que dejaban el rastro de sus viajes, solían ser buen indicativo de una sutileza tímida, típica en inteligencias sobresalientes. Descanse en paz el decano de los banqueros, que solo quería ser en esta vida banquero de su banco, un hombre de profesión banquero y de creencias religiosas que le llevaron al Opus Dei desde muy primera hora. Que se fusionen los demás Con Villalonga (señor del Central) habló de fusiones sin llegar más allá de algún acuerdo menor. A los del Hispano le calificaba de vaticanos, difíciles de entender y seguir; a los de Banesto les notaba superiores, a Botín impetuoso, y a los vascos un tanto despistados en Madrid. Cuando Asiaín y Toledo, iniciaron el baile de las fusiones, con la complicidad del Gobierno socialista, Valls se puso de canto y sugirió la alianza defensiva de los de Madrid, como advirtiendo que pintaban bastos, pero sin ganas de boda alguna. Que se fusionen los demás, nosotros a lo nuestro. A mediados de los setenta una enfermedad y su convalecencia le tuvieron Aprendió banca de su tío Domingo que estaba en Banesto y en el Exterior; el oficio se lo enseñó Bordegaray, el primer ejecutivo del Vizcaya Quería ser banquero de su banco, un hombre de profesión banquero y de creencias religiosas que le llevaron al Opus Dei desde muy primera hora