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60 Cultura DOMINGO 26 2 2006 ABC Entre todas, la más universal historia de la infamia es la de la misoginia. Como ideología, la misoginia late detrás de cada mujer asesinada en su propia casa. En la casa de las letras, tampoco la mujer no ha corrido mejor suerte Historia de las élites misóginas TEXTO: TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Hay un aforismo que dice: Enfermedad de las mujeres, ser feas ¿Cuál es la de los hombres? De todas, todas, que nadie generalizaría, incluso teniendo en cuenta a Quasimodo. La sarta de injusticias cometidas contra la mujer por ser tal es tanta que ha dado pie a libros singulares y eruditos. El que hoy publica Anna Caballé, Breve historia de la misoginia (Lumen) se antoja el libro más riguroso y ameno que pueda darse. Caballé, casada y con hijos, es profesora de literatura española e hispanoamericana y responsable de la Unidad de Estudios Biográficos en la Universidad de Barcelona. Es obligado destacar, en su obra la cantidad de ejemplos que demuestran la veracidad de sus palabras. En la lista, Alfonso X el Sabio, Pi i Margall, Baroja, Luis Vives, José Antonio y Pilar Primo de Rivera, Valle Inclán, Alcalá Zamora, Cansinos Asséns, Menéndez Pelayo... No faltan Quevedo y Gracián, a los que califica de misóginos viscerales. Corría, es cierto, el siglo XVII, pero antes y después, a pesar de la celebrada liberación femenina, Caballé confirma, lo que aseguran Bárbara Zecchi y Jacqueline Cruz en La mujer en la España actual. ¿Evolución o involución? escrito por ambas, refiriéndose al presente, sobre la violencia contra la mujer y su obsesión por el físico. ¿Cómo se explica, se preguntan, que la mujer sea más objeto sexual que nunca? Caballé habla de misóginos y de... misóginas, que ella no se para en barras. Dedica su nueva obra a las jóvenes. Sigue siendo vulnerable La escritora tiene claro que la misoginia no ha desaparecido, a pesar de la independencia económica que ya tienen muchísimas mujeres Afirma que le costó mucho llegar a unas ideas claras en la cuestión del feminismo, porque, durante años, se dejó llevar por la idea (masculina, subraya) de que las mujeres no necesitaban ese paraguas porque podían ya lograr lo que se proponían por sí mismas. Confiesa que fue la experiencia la que le demostró que eso no es así. No importa que vivamos en el siglo XXI, el comportamiento de una mujer es susceptible de unas descalificaciones que el hombre, en la misma circunstancia, no sufre y eso convierte a la mujer en un ser vulnerable Anna publicó, en 2003, La vida escrita por las mujeres ¿Está obsesionada por el tema? Mi línea de investigación es otra, pero hay temas que se te imponen. Como tantas mujeres, he necesitado saber más sobre los modelos femeninos de nuestra tradición cultural y comprender por qué apenas han influido como tales. Las mujeres escriben y los hombres publican. Como usted dice, se creyó que a la mujer le bastaba con trabajar, pero la autonomía económica es sólo una condición material, que necesita de otra mental, o moral, más importante. La posmo- PERLAS INDIGNAS La mujer pacífica y sufrida, será bienaventurada del marido, bien honrada de los vecinos, y si no, todos huirán de su casa Fray Antonio de Guevara El oficio de la mujer en la copulación casi está limitado a sufrir la intromisión mecánica del órgano copulador masculino Pedro F. Monlau Las mujeres no deben aspirar a nada más sublime que a plegarse a la voluntad del hombre y, en su caso, de la familia Jardiel Poncela No tengo tiempo. Yo no puedo dar una conferencia a tontas y a locas Jacinto Benavente (tras ser invitado a dar una conferencia en el Lyceum Club Femenino) La poetisa fea, cuando no llega a poeta, no suele ser más que una fea que se hace el amor en verso a sí misma. La hermosa no tiene perdón de Dios Leopoldo Alas Clarín Más ilustran acerca del alma del hombre, e incluso de la mujer unas páginas de Martínez Sierra o de Felipe Trigo que toda la labor literaria de las escritoras de esta época Rafael Cansinos- Asséns Emilia Pardo también está imprimiendo otra novela. No espero nada de ella, porque no es muy lista Armando Palacio Valdés Espero tener la ocasión de hablar del masculinismo, que no del feminismo de Emilio Pardo Bazán Miguel de Unamuno dernidad ha reivindicado a ciertas minorías, pero no a las mujeres. Caballé cuenta y no acaba historias sobre mujeres que han sufrido por desdénes inmerecidos o cita frases, que van de la Edad Media hasta nuestros días. Para ellas, un papel: el de ángel del hogar. Habla Anna sobre el miedo que las circunstancias imbuyeron en las escritoras, con una excepción: Emilia Pardo Bazán. Menciona a Louisa May Alcott que, con su novela Mujercitas tanto hizo por las chicas de la España franquista, con el personaje de Jo March, que hizo que muchas se aficionaran al deporte y a la lectura. Es no sólo un personaje literario, sino vital La lectura de un librito, Cinco novelistas inglesas de un tal Charles David Ley le ha dejado huella. Trataba de las cinco autoras más reconocidas del XIX: Charlotte, Anne y Emily Brontë, Jane Austen y Mary Ann Evans, más conocida como George Eliot. (A esta argucia recurrieron muchas escritoras) Constituyeron un grupo de escritoras que se atrevió a romper los paradigmas masculinos ex- gui y Pedro de Lorenzo. Pero en 1952, Laforet publica su segunda novela, tras la revelación que supuso Nada o que Elena Quiroga publica La sangre y Rosa Chacel su primer libro de cuentos. Nada extraño, pues, que la autora de Entre visillos y la de Olvidado rey Gudú hayan detestado la idea de una literatura femenina ¿Por ser un gueto? Sin duda. Las escritoras en España detestan, en general, pertenecer a un género marcado, como es el femenino, y no al universal, o masculino. Eso nos diferencia de otras culturas La terrible conspiración de silencio contra las escritoras queda argumentada, ampliamente, en Breve historia de la misoginia y queda comprobado que a la mujer se le ha negado la libertad creadora secularmente. Me imagino, declara Anna, el sufrimiento de mujeres a las que admiro ¿De qué están hechas las que se han rebelado? Esencialmente, de valor Miedo y fortaleza Un sentimiento de terror, que nada tiene nada que ver con melindres o cajitas de rapé, sino con la burla que puede generar que una mujer se dedique a la literatura. Hablemos de Caterina Albert, Víctor Catalá que vivió literalmente aterrorizada. Usted, que es muy bueno, me ayudará a esconderme para que la gente no se ría de mí en plena cara le suplica a un amigo. Thomas Bernhard, nada sospechoso de feminismo, dice: Cuando una mujer se vuelve demasiado fuerte el hombre siente deseos de matarla No es extraño que Caballé manifieste que no deja de pensar en esta frase. A las escritoras españolas del XIX se las llamó de todo menos bonitas (tampoco hacía falta) gordas, cursis, sabihondas, pedantes, putas, perezosas. De hecho, Carmen de Burgos, Colombine alcanzó fama y prestigio, pero de poco sirvió. Baste recordar con Caballé que con su nombre se bautizó un prostíbulo en Almería, su ciudad natal. Asimismo, merecen ser citadas Mercé Rodoreda y Carmen Martín Gaite, de las que se llegó a decir que sus maridos tenían mucho que ver con sus textos. El caso de Felicidad Blanc, esposa de Lepoldo Panero, de cuya ausencia tanto supo, dijo: Esos poemas que escucho de sus labios y leo, en los que habla de mí, ¿a quién se refieren? De entre los misóginos, Caballé destaca a Schopenhauer y lo vincula a la biografía profunda del filósofo No faltan, en Breve historia de la misoginia mujeres como Empar Moliner, cuyo decálogo de la mujer separada muestra una mirada tan empequeñecedora de la mujer, tan insultante, que la reduce a un harapo de ser Quizás, dice Anna, tenga tanta fuerza la hegemonía masculina que hay mujeres que sueñan con formar parte de ella. Tal vez por eso se muestran tan mordaces con su propio sexo Eva vista por Durero poniendo públicamente su visión del mundo a través de sólidas ficciones sustentadas en la propia subjetividad. Pero las mujeres hemos silenciado las influencias recibidas, algo que no han hecho los hombres con Dumas, Salgari o Verne Las mujeres no pueden ser genios El ya citado Ley escribe: No vamos a extendernos aquí acerca de los genios, puesto que tratamos de las escritoras Un bravo para este aguerrido crítico literario que no dudó, tampoco, en afirmar que Orgullo y prejuicio es una novelita que ha tenido suerte o que en Cumbres borrascosas la actitud de Charlotte Brontë, como narradora, es tan ambivalente como la de los campesinos cuando muestran su ganado Recurre Caballé a José Carlos Mainer en Tramas, libros, nombres cuyo subtítulo, Para entender la literatura española, 1944- 2000 no quiere decir que considere siquiera a novelistas como Matute, Laforet. o Martín Gaite. Para el especialista, 1952 cuenta por Zunzune-