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36 Internacional DOMINGO 26 2 2006 ABC Los supervivientes del Katrina no se han reído en seis meses. Mardi Gras es nuestro regalo para ellos to. ¿Verdad que nos parecemos mucho a los españoles? me dijo agradecido. El hombre ha estado solo, en una nave oliendo a humedad que encierra los restos de las carrozas que un día construyó, sin luz eléctrica ni teléfono, inventando pancartas ingeniosas a contrarreloj, que pinta con purpurina y herramientas prestadas. Debbie Williams, una de las pocas mujeres de color que se veían en la cabalgata del jueves, traía en sus brazos al pequeño Jeidan, de cuatro meses, el único de sus tres hijos que no ha nacido en Nueva Orleáns. Evacuó la vispera del Katrina embarazada de casi ocho meses. Desde entonces vive en Atlanta, y aún no tiene trabajo. Nueva Orleáns siempre será su hogar, pero como muchos, antes de volver quiere garantías de que los diques resistirán otro huracán. El argumento que ha convencido a más estadounidenses de la necesidad de celebrar Mardi Gras ha sido el comercial. La apabullante cifra de los ingresos que dejaba esta celebración en las arcas del Ayuntamiento, 20,5 millones de dólares, con sólo 4,6 de gastos, y el impacto que la imagen tendrá en el restablecimiento del turismo, que suponía un negocio de 5.500 millones al año, han sido razones poderosas. A mí, la eficacia de la mente anglosajona para los negocios me parece digna de admiración, como la ingeniería suiza o la puntualidad alemana, pero me exaspera la inflexibilidad y me desanima la intolerancia. Por eso me siento cómoda en esta ciudad, donde uno puede tomarse una cerveza en la calle sin esconderla en una bolsa de papel, tocar en la calle sin licencia y reírse hasta de la muerte. Un hombre disfrazado de Elvis Presley celebra en el Barrio Francés de Nueva Orleáns el Mardi Gras El carnaval, que toma el nombre del Martes de Adiós a la Carne que precede al Miércoles de Ceniza, es para los habitantes de Nueva Orleáns como la Navidad para el resto del mundo Vuelve a casa por Mardi Gras TEXTO: MERCEDES GALLEGO, ENVIADA ESPECIAL. FOTO: AFP NUEVA ORLEÁNS. No sé en qué punto de nuestra retorcida historia de incestos y conquistas dejamos impregnado en Nueva Orleáns ese goce por la vida que hasta nosotros mismos estamos perdiendo, pero después de siete años en Estados Unidos no me cabe duda de que si hay alguna ciudad de este vasto país con la que podemos identificarnos es ésta que se resiste a morir. Lo pensaba mientras escuchaba a Rick Pustanio afanarse en explicar lo importante que es para él y los suyos celebrar Mardi Gras, la fiesta de carnaval que en Nueva Orleáns toma el nombre del Martes de Adiós a la Carne que precede al Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma y el ayuno. Como todos los que se han dejado la piel para salvar la fiesta, en medio de sus propios descalabros, Rick se ve obligado a responder a las recriminaciones de quienes ven este carnaval como un despilfarro injustificado en un momento en el que piden ayuda económica al Gobierno. Para nosotros Mardi Gras es como Navidad para el resto del mundo se afanaba en explicar el artista que decora las carrozas de la peña de MidCity. Por muy mal que te vaya, no se te ocurriría cancelar la Navidad, ¡y a ver quién se lo explica a los niños! Gerard Braud, presidente de la peña, insistía en el aspecto terapéutico que tendrá la risa en la moral de la gente. De los 200.000 habitantes que se estima han vuelto a Nueva Orleáns tras la evacuación del huracán Katrina -menos de la mitad- muchos siguen sin servicios tan básicos como la luz o la basura. La tragedia de perderlo todo no se limitó a ese fatídico 29 de agosto. Se repite cada día entre quienes tienen que recomponer el futuro de su familia, con un pila de facturas y sin un trabajo con que avalar un préstamo. Mucha de esta gente no se ha reído en seis meses recordaba Gerard. Mardi Gras es nuestro regalo para ellos. Por un día pueden dejar a un lado sus problemas Yo les escuchaba con la habitual cortesía profesional, hasta que decidí poner fin a ese suplicio de culpa que conmigo no venía al caso. No se preocupen, a los lectores españoles no hay que explicarles la necesidad de celebrar, nosotros somos los primeros que paramos a media mañana para echar el café y nos tomamos una cerveza al salir del trabajo, por mal que nos vaya les tranquilicé. Más bien lo que nos sorprende es que dé lugar a tanta polémica A Rick, que asegura tener apellido español procedente de Pestaña se le relajó inmediatamente el ges- Sabor caribeño No es que nos lo deban a los españoles, el sabor caribeño que trajeron los esclavos africanos a la desembocadura del Mississipi fue la mejor especia de la cultura Cajun, pero como gaditana reconozco en estos carnavales el ingenio de las comparsas y ese aire relajado ante la vida que ni siquiera deja sitio para el resentimiento. Si el Katrina hubiera arrasado cualquier otra ciudad de EE. UU. digamos Detroit, no creo que sus habitantes hubieran encontrado razón para volver, una vez perdida la casa y el trabajo. Los de Nueva Orleáns lo están haciendo porque, como yo, han descubierto que no hay otra ciudad como ésta en EEUU. El Vuelve a casa por Mardi Gras que parece sacado de un anuncio de El Almendro, arranca lágrimas de nostalgia en quienes no pueden o no se atreven todavía. Irónicamente los seis meses del Katrina no tienen fecha en el calendario, porque el 29 de febrero no existe salvo en año bisiesto. Así que este martes 28 se producirá la catársis de Mardi Gras y la vuelta a la vida, para quienes crean en ella.