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34 Internacional DOMINGO 26 2 2006 ABC GUERRA SIN CUARTEL a voladura de la mezquita de Samarra- -de toda la mezquita, no sólo de su cúpula- -es al mismo tiempo un ejemplo del éxito y del potencial fracaso de la intervención occidental en Irak. ¿Por qué hay musulmanes que atentan así contra un lugar sagrado de sus hermanos en la senda del Profeta? Podemos elaborar muchas hipótesis, mas quizá lleguemos a convenir que los repetidos atentados terroristas contra las fuerzas de ocupación, contra las autoridades iraquíes y contra las instituciones que los propios iraquíes se han dado en las urnas no lograron que la víctima pretendida, el pueblo RAMÓN iraquí, se desvíe un cenPÉREZ- MAURA tímetro de la senda que escogió seguir- -ayudado por EE. UU. con perdón- la senda de darse unas instituciones respaldadas por la voluntad popular. Es decir, la democracia. Como es bien sabido, el terrorista incrementa la dureza hasta alcanzar el objetivo buscado. Y ahora la fórmula ha llevado a derramar la sangre entre chiíes y sunníes con la seguridad de que cuando la sima que los separa esté llena de sangre, será un canal que no se pueda salvar a nado. Chiíes y sunníes asesinándose no pueden construir nada juntos. Si no somos capaces de enfrentarlos contra la implantación de una democracia occidental, enfrentémoslos entre sí dice el entorno de Al Qaida. Y en esas estamos, contando los muertos por centenares. Mas conviene no perder la perspectiva. Nadie discutirá que en muchos frentes podrían haberse hecho las cosas mejor desde que el régimen de Sadam fue derrocado, pero la alternativa a lo que está pasando hoy no es la continuidad del viejo régimen. Hoy nos enteramos cada día de un goteo de muertos y, comprensiblemente, pensamos que las cosas van mal. Sí van mal, pero la diferencia radica en que ahora nos enteramos de lo mal que van, mientras que antes, un número similar de muertos acaecía cada semana, sólo que a manos del Gobierno. Algo mucho más reprobable desde un punto de vista ético. Ya se habla de guerra civil en Irak en todos los medios de comunicación occidentales. No nos equivoquemos. Es una guerra sin cuartel contra los valores- -democracia, derechos humanos- -que desde Occidente se intenta asentar en la región. Es un intento de mantener en el Creciente Fértil regímenes débiles y subyugados al poder de los clérigos u otros de hombres fuertes- -dictadores- Pero afortunadamente el cambio en Irak difícilmente permitirá una vuelta atrás. Porque para esos iraquíes que por tres veces en un año acudieron a las urnas bajo bombas y balas resulta casi inimaginable permitir un retroceso a la dictadura. Son ellos los que han puesto los muertos. Y muchos más muertos a manos de islamistas que de occidentales. Están pagando por la Libertad con su sangre. Por favor, no digan que esto es en vano. L Un grupo de saharauis celebraba ayer el aniversario de la proclamación de la República en Argelia Se cumplen 30 años de la salida de España del Sahara Occidental, gesto que aprovechó el Frente Polisario para proclamar una República que vive un incierto futuro Dos Saharas, dos Españas TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL CAMPO DE EL AAIÚN (ARGELIA) En la mañana del 26 de febrero de 1976, España arrió de manera definitiva su bandera, todavía con el águila, en la sede del Gobierno de El Aaiún en el Sahara Occidental, hasta entonces la provincia española número 53. Es lo que se denominó la Operación Golondrina culminada unas semanas después de que el Rey Hasán II de Marruecos ocupara el territorio por medio de la Marcha Verde. Los sentimientos de los saharauis son desde entonces una mezcla de dolor, por un lado, debido a la forma en que se marchó la potencia colonial, que dejó el vasto territorio en manos de Marruecos y Mauritania, y de esperanza, por otro, ante la posibilidad de que la responsabilidad histórica siga removiendo conciencias en los despachos de Madrid. El asentamiento de los españoles en esta parte del continente africano data de 1884. Con ellos nacieron, crecieron y se desarrollaron- -aunque esto menos- -las tres grandes ciudades que hoy jalonan lo que los marroquíes llaman sus provincias del sur Dajla, El Aaiún y Esmara. Pero el conflicto armado que se abrió con la ocupación marroquí de la ex colonia desplazó a la hamada argelina a decenas de miles de refugiados saharauis que aún hoy tienen este inmundo lecho de piedras por único acomodo. Por eso hoy en día se puede hablar de la existencia de dos Saharas. Uno, donde viven los saharauis bajo la ocupación de Rabat junto a miles de colonos marroquíes llegados desde 1975. Y otro, el que corresponde a los campos de refugiados en tierras argelinas y la zona denominada como Sahara Occidental liberado, es decir, lo que se quedó fuera del muro de más de 2.000 kilómetros levantado por Marruecos durante la guerra. Sahara Liberado A pesar de todo, el Frente Polisario celebra desde ayer en los campos de refugiados el treinta aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) anunciada en la localidad de Bir Lahlu (Sahara Liberado) el 27 de febrero, horas después de la salida de los españoles. Hasta los campamentos se han desplazado varios cientos de personas para asistir a los actos festivos y apoyar la causa saharaui. La mayoría son españolas y representan al grueso de una sociedad civil que siente el problema como suyo. Ellos suponen uno de los escasos apoyos firmes en la defensa del derecho a la autodeterminación de los saharauis, pues aunque cada vez son más los países que dan su reconoci- El 26 de febrero de 1976 España arrió definitivamente la bandera en la sede del Gobierno de El Aaiún miento a la RASD ninguno de ellos es europeo y el conflicto sigue sin despertar el interés de la comunidad internacional. Frente a esta masiva presencia en el aniversario de la república de la sociedad civil española contrasta la ausencia del miembros del Gobierno, que aunque oficialmente siguen defendiendo la legalidad de la ONU a pocos escapa que se ha alineado con las tesis de Rabat. Esto hace que, al igual que se puede hablar de dos Saharas, también se puede hablar de dos Españas. Una la de la calle, que sigue defendiendo la celebración del referéndum de autodeterminación, y otra, la oficial, defensora de un Sahara bajo bandera marroquí. La trilogía de dualidades se cierra así con la existencia de dos realidades enfrentadas en torno al conflicto saharaui. Una la realidad legal, la que oficialmente debería defender la ONU y no puede o no quiere. Y otra, la del miedo a la inestabilidad que generaría en esta parte de África el nacimiento de un nuevo Estado. Es la realidad a la que se han apuntado muchos ante el toque de corneta estadounidense que insiste en señalar la zona del desierto del Sahara como un nido de terroristas cercanos a Al Qaida. Es, por el momento, la realidad que pone muy difícil el cumplimiento de la legalidad, el sueño de miles de saharauis que estos días celebran los treinta años de una república inexistente para la mayor parte del mundo.