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18 Nacional TERCERA PROTESTA MASIVA CONTRA LA POLÍTICA ANTITERRORISTA DOMINGO 26 2 2006 ABC REACCIÓN DEL GOBIERNO El Gobierno acusa a Rajoy y a Aznar de dividir a las víctimas para atacar la política de Zapatero Moraleda recuerda que el ex presidente utilizó en su día términos como los usados por los etarras b Imaz aseguró, poco antes de la marcha de Madrid, que cuando ETA forme parte del pasado se van a tener que tomar decisiones dolorosas para las víctimas ABC M. L. G. F. MADRID BILBAO. El Gobierno expresó ayer su respeto y apoyo a todas las víctimas del terrorismo, pero acusó a Mariano Rajoy y a José María Aznar de dividir su dolor para atacar al Ejecutivo. Además dijo de Aznar que respira rencor y eso a pesar de que en su momento usó una terminología que no le diferenciaba de un afiliado de ETA El secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, hizo estas consideraciones a Efe tras la manifestación y subrayó que el Ejecutivo ha seguido con atención las distintas opiniones de las víctimas en relación con la aspiración común de conseguir la paz. Aseguró que esa diversidad de opiniones no va a modificar el respeto del Gobierno a todas ellas, hayan estado o no en la manifestación. En ese sentido, reiteró el apoyo de Moncloa a todos los que han sufrido la lacra del terrorismo y, por ello, rechaza categóricamente cualquier instrumentalización política que sufran Es inédito que se divida el dolor de las víctimas para atacar al Ejecutivo, y ayer hemos comprobado cómo un ex presidente del Gobierno (en alusión a Aznar) respira rencor y se convierte en el principal responsable de la confrontación entre las víctimas añadió Moraleda. Además, subrayó que Aznar, en su día, utilizó una terminología que no le diferenciaba de un afiliado a la banda armada cuando denominó a la misma como Movimiento de Liberación Vasco Respecto al actual líder del PP, Mariano Rajoy, el secretario de Estado consideró que ha perdido la oportuni- Ortega Lara también secundó la manfiestación en su calidad de víctima dad de aspirar a representar a todos los españoles porque también, dijo, ha dividido el dolor de las víctimas para atacar al Gobierno. ¿Por qué no ha usado el Parlamento? ¿por qué no ha usado los canales institucionales en lugar de utilizar y manipular a las personas en su aspiración legítima de atención por parte de los poderes públicos y de paz para el futuro? se preguntó. Por su parte, el presidente de la ejecutiva del PNV, Josu Jon Imaz, insis- JAIME GARCÍA tió ayer en que cuando la violencia de ETA forme parte del pasado se van a tener que tomar decisiones dolorosas para las víctimas Esta reflexión, que ya realizó hace tiempo en una entrevista con ABC, cobra actualidad el día en que la AVT se manifiesta en Madrid. Imaz consideró asimismo que es necesario que se marque una distancia temporal entre la negociación entre ETA y el Estado y la creación de la mesa de partidos. ÁLVARO DELGADO- GAL TESTIGOS Y SUS INTÉRPRETES veces la puntualidad conspira contra la oportunidad, y se queda uno perdido en un intersticio del tiempo. Dicho lo mismo con menos circunloquios y requilorios: me ha tocado escribir esta columna antes de que se hubiera celebrado la manifestación convocada en Madrid por la AVT. Lo que en este instante es todavía futuro para mí, será pasado para ustedes cuando me lean o no lean dentro de unas horas. La desincronía, sin embargo, no tiene por qué afectar a lo que sigue. Doy por sentado que la manifestación será correcta y multitudinaria. Los ciudadanos que acudan a ella expresarán, a la vez, su solidaridad con las víctimas y su desacuerdo con la línea elegida por el Gobierno para gestionar la crisis vasca. Comparto la solidaridad y el desacuerdo, y por supuesto, el derecho sacrosanto de los ciudadanos a manifestarsE cuando lo estimen oportuno. Pero preferiría que los discrepantes no mezclaran sus críticas fundadísimas con su homenaje a las víctimas. Hay algo aquí que chirría, que no termina de encajar. Permítanme expresar primero mi malestar en términos institucionales. ¿Qué A papel se quiere atribuir a las víctimas? Sin ninguna duda, y con toda justicia, el de agraviados por los embates terroristas contra el Estado. También el de testigos, en la doble acepción que la palabra adquirió en la tradición cristiana. En la época de las persecuciones, rendir testimonio de fe en Cristo se castigaba con la muerte. El testigo- martus en griego- -se convirtió en mártir por asociación verbal. Las víctimas han visto el terror de frente, y sufrido sus consecuencias. Son, por tanto, testigos en el sentido más pleno, más elocuente, que quepa concebir. Pero se está yendo más allá. Las circunstancias han provocado que parte de la opinión haya concluido por imputar a las víctimas una especie de derecho de veto sobre las decisiones que pueda adoptar el Gobierno. Esto, a mi entender, es desafortunado. La AVT es respetabilísima. Ahora bien, no es, ni debe ser, una especie de Congreso en miniatura, o un foro con la capacidad tácita de representar la voluntad popular. La retórica acentúa el equívoco. Consideremos la idea, harto paseada en los medios últimamente, de que no habrá una solución aceptable del drama vasco si no somos capaces de fijar la mirada en las víctimas con la conciencia tranquila. El mensaje es esencialmente confuso. Leído en la dirección que va de la sociedad a las víctimas, significa que sería imperdonable un arreglo que traicionara o inhabilitara la causa por la cual las víctimas son víctimas. Esta lectura se me antoja esencialmente correcta. Una democracia que declinara los valores en defensa de los cuales la democracia ha sufrido cerca de mil muertes de civiles o militares inocentes, no podría sobrevivir moralmente a una renuncia o una capitulación. Pero la mirada a que se apela puede viajar también en dirección contraria. Lo que se está afirmando entonces, es que la tragedia habrá dejado de ser tragedia, cuando la víctima pueda devolver la mirada a la sociedad y sentirse reparada, reconfortada, curada de su dolor. La pretensión es absurda. El dolor de la víctima es personal, no colectivo ni político. La noción de que nos hallamos en grado de sanar el desgarro de la víctima mediante una hazaña democrática, una hazaña que habría de implicar el castigo ejemplar de los delincuentes, no es seria. Ni sincera. Ningún político profesional se negaría a entrarcon ETA en tratos de índolemeramente penal, o a dictar medidas de gracia, de alcance que nadie puede estar ahora en grado de determinar, si se consiguiese obtener a cambio, sin hipotecas políticas de ningún tipo, la disolución irreversible de la banda. Fingir lo contrario, equivale a emitir moneda con la aleación trucada. Esto no se puede hacer, dada la gravedad de los sentimientos que se hallan en juego. La postura torpísima del Gobierno ha contribuido a enrarecer el ambiente. Por razones varias, Zapatero y sectores importantes del PSE han invertido el orden de los factores. Mucho antes de que ETA se rinda, se han puesto a pensar en lo que harían si ETA se rindiese. Y no sólo se han puesto a pensar anticipadamente, sino que ha parecido como si quisieran actuar anticipadamente. En ese plano se sitúan las elucubraciones sobre un posible acuerdo con HB, una vez egresada ésta del circuito criminal; o los encuentros con su testaferro político; o las especulaciones, en voz alta, sobre una paz sin vencedores ni vencidos. Estas incursiones fantasiosas reclaman un escenario igualmente fantasioso. El de un paisaje social y moral restablecido, donde nada fuera como, por desgracia, sigue siendo todavía. Un paisaje en el que los asesinos se hubieran rehabilitado, y sus fechorías reducido a episodios de un pasado que el nuevo pacto de convivencia recomendaría olvidar. En este espacio proyectado, en esta presurosa, afanosa fantasmagoría, las víctimas se quedan sin sitio. Ya no dicen nada. O lo que dicen es incongruente, inarticulado, y extemporáneo. Su enfado resulta por entero comprensible. Pero no es correcto usar ese enfado como un peldaño. Esto aclarado, hago votos porque la manifestación sea- -haya sido- -un éxito. El fracaso también sería usado como un peldaño. Hacia abajo.