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ABC SÁBADO 25 2 2006 Los sábados de ABC 107 raleza tiene mecanismos para defenderse de la sequía dice José Jiménez, el director del parque. Cierto. El más llamativo es la esclerofilia de las plantas mediterráneas: para afrontar con éxito las épocas de vacas flacas, reducen al máximo las pérdidas de agua gracias a una gruesa cutícula que forma en las hojas un perfecto aislante, como el nailon de un buen impermeable. Espectáculo natural Realmente la raña- -la llanura de 15 kilómetros de longitud y 8.000 hectáreas de superficie, una de las postales imprescindibles del parque- -era ideal para que los cazas del Ejército realizaran sus raids y achicharraran las encinas centenarias, pero también lo es para que los amantes de la naturaleza se dejen acunar por el asombro. Mientras el todoterreno zigzaguea entre los árboles, el visitante tendrá la sensación de estar viviendo sus particulares memorias de África aunque esta sabana es tan manchega como Don Quijote, y a mucha honra. Cientos de ciervos bajan del monte a la llanura cuando llega el crepúsculo para pacer y estirar las patas. El espectáculo aún es mayor en otoño, tiempo de berrea, cuando el aire se llena de desafíos. Arriba, en los quejigos, encinas y alcornoques los buitres negros- -ave símbolo de Cabañeros- -construyen unos nidos que, con el uso repetido año tras año, acaban convirtiéndose en enormes estructuras de ramas de hasta dos metros de altura y otros tantos de diámetro. El vuelo del buitre parece el de una cometa gigantesca y oscura. La dehesa eterna. Un grupo de ciervos busca cobijo junto a una encina ejemplo, el Risco de Tirapanes. Al otro lado se hacía carbón vegetal y se cuidaba el ganado. Tres meses al año el río venía tan crecido que era imposible que los cabreros cruzasen a esta orilla, así que sus mujeres les tiraban desde aquí pan, tocino y garbanzos para que comieran relata el guía. Natural de Navas de Estena, se vio obligado a emigrar a Madrid en la década de 1960 para ganarse la vida como camarero, ya que en su pueblo no había muchas oportunidades. Cuando Cabañeros saltó a los titulares de prensa tuve muy claro que el futuro de la comarca pasaba no por la construcción de un campo de tiro, sino por la protección de este espacio natural continúa Antonio. Empezó a organizar de forma espontánea paseos gratuitos por el río de su infancia- -hoy se contacta con él a través del parque nacional- y los 40 clientes al mes que tenía hace ocho años hoy llegan a 500. Aún nos esperan tiempos mejores Diez años después, y a pesar de que el cielo ha sido cicatero los últimos meses, Cabañeros muestra el mismo aspecto espléndido de siempre. La natu- Un solitario paraíso manchego para nada vacío El paisaje El Parque Nacional de Cabañeros, situado entre las provincias de Ciudad Real y Toledo, es un privilegiado paraje manchego representativo del monte mediterráneo. Su paisaje está formado por rañas, macizos y sierras cubiertas de abundante bosque y matorral. Si hubiera que elegir una estampa de este maravilloso lugar sería, sin duda, la inmensa dehesa salpicada de encinas que ocupa la parte central, protegida entre montañas. Se encuentra incluido en el sistema orográfico de los Montes de Toledo, y comprende algunos de sus macizos más representativos, como el de Rocigalgo (techo de estos montes) y el de Chorito. De entre todas las sensaciones que desprende este decorado nos quedaríamos con la soledad. Pero Cabañeros no está vacío. Aunque hay que saber mirar. La flora Sus extensas masas arbóreas incluyen desde encinares xerófilos hasta abedulares umbrosos, que medran en sus barrancos más húmedos. Otras grandes formaciones son los quejigares, melojares y alcornocales. Los matorrales que cubren gran parte de las sierras se componen de jaras, brezos y romeros. Las rañas se componen de extensas planicies adehesadas o convertidas en herbazales. La diversidad de la flora es muy importante y hasta ahora se tienen contabilizados 750 taxones, de los que 22 especies están catalogadas como vulnerables o de interés especial Hace diez años, el director del parque decía que es más importante lo que se desconoce de Cabañeros que lo que ya hemos descubierto Aún hoy queda mucho margen para la sorpresa. La fauna Esto no es un zoo; hay que esforzarse. Pero entre el cielo y el suelo hay 276 especies de vertebrados, muchos de ellos amenazados. Los grandes mamíferos están representados por el ciervo, el corzo y el jabalí; los carnívoros más destacados son el zorro, la gineta, el lince y la nutria. Las aves forman el grupo más numeroso, con 198 especies. Apuntemos aquí los buitres negros y leonados; las águilas imperiales, reales, culebreras y calzadas; las cigüeñas negras y blancas; la avutarda y el sisón. Monte y dehesa La acción del hombre- -aunque por aquí, ahora, no se ve un alma- -ha propiciado que exista una gran superficie no ocupada por el bosque primitivo; en su lugar se encuentran matorrales de jaras y brezos y pequeñas manchas arbóleas con abedules, fresnos, sauces y madroños. El aclarado del bosque dio lugar a la impresionante dehesa que existe en la raña. Los montes que delimitan esta llanura por el norte y por el sur, como abrazándola, están cubiertos por una piel frondosa y siempre verde. Cabañeros fue un milagro. El mayor éxito del conservacionismo español y el pago de una deuda, pues nunca se había protegido el ecosistema más representativo de la península Ibérica. Monfragüe (Cáceres) sueña ahora con convertirse en el segundo parque nacional de monte mediterráneo.