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18 Nacional SÁBADO 25 2 2006 ABC El cada vez más enfrentado bipartito gallego (nacionalistas y socialistas) unido a la eclosión de Núñez Feijóo como líder moderado del PP ha abierto nuevas, aunque todavía inmaduras, opciones de cambio de parejas en el escenario político Rajoy y la vía gallega POR MAYTE ALCARAZ SANTIAGO DE COMPOSTELA. Núñez Feijóo es un líder con el que el BNG no sólo sabe que puede pactar sino que quiere hacerlo. Ese es el ambiente que se respira en la política gallega desde que Manuel Fraga cediera el testigo el pasado 15 de enero a su hasta entonces vicepresidente (y hombre de la absoluta confianza de Mariano Rajoy) en una operación política de factura impecable y de no escasos riesgos para los populares gallegos, ante la división que sufría el partido. Pero la irrupción en el liderazgo de la derecha gallega del que fuera responsable de Correos y del Insalud en época de Aznar, no sólo ha anclado a tierra firme el partido en un momento muy delicado de pérdida de poder tras cuatro legislaturas de Fraga en el Palacio de Raxoy, sino que ha generado efectos colaterales abriendo una puerta a un nuevo y muy interesante escenario político, que puede convertir al PP gallego en conejillo de indias para futuros acuerdos y cambios de estrategias por parte de Rajoy, que muchos analistas consideran necesarios y hasta urgentes, si bien otros y poderosos ojos del partido los siguen observando con escepticismo. De hecho ya ha existido un acercamiento palpable entre los líderes del PP y del BNG, imposibles, comentan a este periódico fuentes cercanas a las negociaciones, en época de Fraga, con el que Anxo Quintana no tiene ningún tipo de afinidad y con el que era imposible entenderse Tanto es así que el propio Fraga corroboró a ABC esta falta de sintonía, aunque con matices personales: Yo intenté dialogar con el profesor Beiras, con el que se podía hablar, pero el equipo del ex alcalde de Allariz Quintana no está por la labor El 24 de enero, Núñez Feijóo y Anxo Quintana se reunieron en la sede del Parlamento gallego del Parlamento exigidos para reformar el texto. Su situación privilegiada viene dada porque la suma de sus posibles partenaires (PSOE 25 y BNG 13) no alcanza esa barrera exigida de 50 votos, lo que convierte a Feijóo en el único ingrediente indispensable para ese guiso. Entre los nacionalistas se cree, asimismo, que al PP, por motivos electorales le conviene no quedar descolgado de ese proceso de avance en el autogobierno gallego. Desde la calle Génova hay dirigentes que tampoco hacen ascos a esa tesis, que obligaría a los populares a introducir matices en el debate territorial, si bien es una posición impensable con el actual equipo de dirección, capitaneado por Acebes y Zaplana remachan fuentes del PP. Por lo pronto algún paso en esa dirección más moderada o modulada como gusta decir al entorno del nuevo equipo popular gallego, ya se ha dado. Núñez Feijóo ha dicho públicamente que está dispuesto a iniciar cuanto antes, mañana mismo si hiciera falta la reforma estatutaria. No obstante, a nadie se le escapa y, desde luego, al que menos a Núñez Feijóo, que la venta en Madrid de esa toma de postura va a ser complicada. Pero no apoyar un avance en el terreno estatutario supondría, arguyen las citadas fuentes, que te arrasen en Galicia, como ha pasado en Cataluña Sin embargo, el fantasma de Piqué o el de un más remoto Gallardón planea sobre el líder gallego, poco dado a desafectos con Rajoy. Pero no sólo al PP le conviene esa apertura hacia su izquierda, también para los nacionalistas el horizonte de elegir entre dos parejas con las que pactar un futuro Gobierno es más apetecible que limitar a un acuerdo con los MIGUEL MUÑIZ Buena relación personal Lo cierto es que, sea como fuere, Quintana y Núñez Feijóo sostienen una relación personal muy fluida (ambos forman parte de la misma generación, 46 y 42 años, respectivamente, y comparten alguna base electoral, por increíble que suene) que les lleva a mantener encuentros periódicos más allá de la agenda oficial. Con todo, en los actos públicos tampoco se ahorran gestos de efusividad como el que protagonizaron en una feria gastronómica en Orense, tierra natal de Feijóo, o el del pasado 24 de enero en la Cámara gallega, cuyo llamativo abrazo fue portada de ABC del día siguiente. El primer banco de pruebas será la postura que tome Núñez Feijóo en la ponencia para reformar el Estatuto gallego, materia en la que además, por aritmética, el PP tiene mucho que decir, puesto que posee unos valiosísimos 37 escaños que le permitirán elegir entre socialistas y nacionalistas para pactar y conseguir los dos tercios El cambio de líder del PP gallego ha generado efectos colaterales de apertura a futuros acuerdos con el BNG Los escaños de PSOE y BNG son insuficientes para reformar el Estatuto, por lo que el PP es imprescindible socialistas sus expectativas de consolidarse como llave de poder. A esa cuestión estratégica se une que el acuerdo que llevó el pasado mes de junio a gobernar conjuntamente al PSOE de Pérez Touriño y al BNG de Anxo Quintana hace agua. Y es que la fórmula del bipartito gallego, lejos de fraguar en un equipo compacto, ha resucitado los viejos vicios de los Gobiernos de coalición, según reconocen en ambas orillas del Ejecutivo, con descoordinaciones de bulto y, lo que es más grave, contraprogramaciones de sospechosa intencionalidad. Es ya motivo de chanza, relatan en la oposición al Gabinete de Santiago, cruzar el programa del presidente Touriño y del vicepresidente Quintana. Hace unos días, el máximo responsable del Gobierno programó una visita a Fitur que minutos después fue replicada por una de Quintana. Por no hablar, señalan los citados interlocutores, de la cohabitación de dos jefes de comunicación en la Xunta o de equipos distintos y casi antagónicos en la televisión pública. Los menos benévolos ironizan con que el tripartito catalán es un ejemplo de coherencia al lado del gallego.