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ABC VIERNES 24 2 2006 Espectáculos 65 Steve Martin, el miércoles durante su visita a Madrid de risas o carcajadas que va a provocar? -La verdad es que uno no sabe el resultado hasta que se muestra en público. He escrito chistes que a mí me encantaban y la gente los ha recibido en completo silencio. Y lo opuesto, también. Chistes que yo no creía que lo fueran provocaban risas enormes. En general, estoy en el medio y puedo darme cuenta si es algo divertido. A veces llego a morirme de risa, pero nadie más lo entiende. ¿A estas alturas de su carrera hay algo en particular que lo intimide? -La filmación de una escena no me pone nervioso porque sé que la puedo repetir. Pero ver la proyección de una película me resulta enfermante. No hay nada que me torture más que la primera vez que el público ve una nueva interpretación. En una obra de teatro, al menos se pueden introducir cambios. En el cine no se puede cambiar nada. Se ha hecho una apuesta de todo o nada y eso es definitivo. La verdad es que la proyección de mis películas ante el público es algo que todavía me sigue poniendo muy nervioso. FRANCISCO SECO La pantera rosa Mejor castaña oscura EE. UU. 93 m. Director: Shawn Levy Intérpretes: Steve Martin, Beyoncé Knowles, Kevin Kline JAVIER CORTIJO n justicia, estas líneas debería escribirlas algún miembro de la sociedad protectora de animales, o del protectorado de mitos pop S. A. Porque no es de recibo el maltrato a un bicho como la pantera rosa, que tantas tardes de gloria, animada, de carne y hueso y hasta en forma de pastelito, nos proporcionó. Claro que si su mismísimo amo Blake Edwards empezó a dilapidar el diamante a base de secuelas charcuteras que tocaron fondo con Son of the Pink Panther ancha es Castilla. Ya la estrella de aquella patochada, Roberto Benigni, confirmó lo difícil que es mezclar velo- E cidad con tocino, o slapstick con cine mudo, en el subgénero del espionaje bufo, donde una mueca excesivamente repeinada puede ocasionar un siete en el tapete de terciopelo. Steve Martin y sus chicos (Shawn Levy ya le dirigió en Doce en casa aunque citen a Keaton y Tati, tampoco escarmientan, garabateando un tebeo, presunta precuela del original, que cuenta las primeras andanzas de Clouseau, torpe congénito asignado para un caso especialmente chungo (el asesinato del entrenador de la selección francesa de fútbol y el robobo del pedrusco consabido) por su superior, que así pretende llevarse la celebridad al agua. Un poco como el último Torrente Mal empezamos. Pero del mal se pasa rápidamente al peor por culpa de un Martin que podría optar al premio a la más peregrina sincronía actor- personaje, en dura pugna con Leslie Nielsen- Mr. Magoo o Ewan McGregor- James Joyce (y eso que tenían enfrente a Kevin Kline, el perfecto Clouseau con solo estilizarle y podarle el mostacho) Así, vemos al inspector de acá para allá, del volante del Smart a la nariz de Jean Reno y de la pajarita de Clive Owen (el chiste sobre 006 es de lo mejor del show) al escotazo de Beyoncé, que también tiene su numerito musical en la mejor tradición folclórica. Todo, arrastrado por la marea rosa de la poquita gracia, incluso en la escena de la profesora de dicción que, nos aseguran, en versión original tiene su cosa, pero como la dis No es de tribuidora nos la parecibo el sa (o mete) doblada, pues nada. maltrato Tampoco merece dado aquí a la pena acordarse de un bicho Peter Sellers, ni de la como la pan- partitura glam de Mancini (menos mal tera rosa que no ensamblaron un rap) o que el entrañable Cato ni se deja caer. Estará prejubilado en el Fujiyama. Afortunado él. Porque, para esto, mejor ver los refritos de Humor amarillo a la hora del vermut. En fin, un soso disparate bisutero y anticool donde solo asoma una buena noticia: de momento no planea sombra de nuevo eslabón en la re- franquicia. Sigamos cruzando los dedos.