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ABC VIERNES 24 2 2006 Espectáculos 63 Truman Capote A tinta fría EE. UU. 98 m. Director: Bennett Miller Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener E. RODRÍGUEZ MARCHANTE FRANCISCO SECO Felicity Huffman y Kevin Zegers, en una escena de la película l título en español ha preferido no dejar el hilo suelto para la duda o para el chiste fácil y taurino: Truman Capote en vez del aislado y confuso Capote del original. Aún conviene despejar otros equívocos o incertidumbres: no es una biografía del escritor, sino más bien la narración de los pormenores, las coyunturas y las inconfesables intimidades que acompañaron a la creación de su mejor o al menos más decisiva obra, A sangre fría (novela o documento que ya alumbró la magnífica película de Richard Brooks así titulada) Se trata pues de mostrar un proceso lento, tortuoso e ilustrador de algunas siniestras sombras en la personalidad del escritor. La película es pasmosamente brillante en sus tres pilares principales, el guión, la dirección y la interpretación, rubricada por tipos al otro extremo de la popularidad: el desconocido guionista (y actor) Dan Futterman, el debutante director Bennet Miller y el sorprendente actor Philip Seymour Hoffman, que se ha diluido física, moral y artísticamente dentro del sinuoso, cínico y deslumbrante Capote; la voz, el gesto, la traza, la intención, la voluntad, el carisma, el punto de abyección, las raspaduras de soledad y debilidad, el deje rastrero, mundano y egoísta... la anchura del retrato que hace Seymour Hoffman de Truman Capote es sencillamente homérica. El actor capta y emana con la misma esponjosidad y sutileza volutas de la personalidad de Capote tan dispares como su fraternal fascinación por el asesino Perry Smith, su lento pero eficaz alcoholismo o su despiadado modo de graduar, frenar o acelerar la fecha de ejecución de los reos de acuerdo a sus intereses creativos o editoriales... Aunque el propósito de la película está situado en el cómo se hizo A sangre fía (el juego de seducción y dureza del escritor en la celda del asesino) queda un bosquejo muy preciso de la esencia del quién de los talentos de Truman Capote, de su relación consigo mismo y con el mundo, en especial con su amiga Harper Lee (bien afinada Catherine Keener con el trabajo del concertino) su amante Jack Dunphy o el reducto snob y artístico que lo rodeaba... todo ello tratado por Bennett Miller con astucia, inteligencia y exquisitez, sin cargar ni uno solo de los colores de su óleo: sin cargarlos, pero sin obviarlos su Capote menosprecia la obra de Harper Lee Matar un ruiseñor busca el halago, burla la ley, miente al amigo asesino, trafica con sus propios remordimientos y mira más allá de los seres humanos que lo rodean... Exactamente igual que tantos y tantos artistas y, de refilón, personas. E