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100 Deportes JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO JUEVES 23 2 2006 ABC María José Rienda busca entrar en la historia con una medalla que la consagre como la mejor esquiadora española de todos los tiempos. En la Copa del Mundo ha dejado atrás la alargada sombra de Blanca Fernández- Ochoa. Los Juegos son su sueño y el eslalon gigante, su oportunidad Mis padres me piden que no corra, que gane, pero tranquila TEXTO MARTA BARROSO FOTO IGNACIO GIL SIERRA NEVADA. Mañana, si esta vez el tiempo no lo impide como en el supergigante, le espera el eslalon gigante, la prueba en la que toda España sueña con que toque metal. Y mientras tanto, a esperar. Con esa gran sonrisa que no pierde nunca. Ni siquiera el día que recibió a ABC, horas antes de partir hacia Turín, y se quedaba sin la tarde que había reservado sólo y exclusivamente para Ángel, su marido. El viaje, previsto para el día siguiente, tenía que adelantarse. Porque si el tiempo- -otra vez el tiempo- -se ponía en contra y la niebla hacía una de las suyas, María José no podría llegar a la inauguración de los Juegos Olímpicos. Algo incuestionable. Era la abanderada. La orgullosa portadora de la bandera de España, a la que luego se vería con esa gran sonrisa capitaneando al equipo español. Estoy contentísima- -decía- -de que me hayan elegido a mí. Me hacía mucha ilusión ser la abanderada. Ese día, en Turín, estarán puestos todos los ojos del mundo y me parece fantástico porque me encanta llevar el nombre de mi país por todos los sitios. Portaré la bandera con gran ilusión Y así fue. Porque María José se siente española hasta la médula y pro- nuncia con orgullo el nombre de su país. Y el de su casa, Sierra Nevada, la localidad a la que llegó un día cuando era muy chiquitilla con tan solo un año de edad. Qué voy a decir! Es una estación maravillosa, única. ¿Sabes lo que es esquiar un día como hoy con la temperatura tan buena que hace, y ver por un lado del valle todo Granada y por otro el mar? Es increíble. Además la estación tiene unas pistas buenísimas y se ha invertido mucho dinero en infraestructura. Me encanta, de verdad, y doy gracias a Dios todos los días por haber crecido aquí Son las cosas del destino. Que un buen día quiso que a su padre, Rafael, le ofrecieran un trabajo como portero en una finca en la sierra Aceptó, dejó Granada y se fue junto a su mujer, Rocío, y sus tres hijos, María José, Raquel y Dani. Y allí siguen. Como siempre. Trabajando en el mismo sitio y sin tiempo para ir a ver a su hija cuando corre. Las fechas de la Copa del Mundo siempre les vienen fatal porque están currando y no pueden coger esos días de vacaciones Casi mejor. Porque muchas veces, incluso estando en casa, Rafael y Rocío no pueden ver la carrera de su hija por televisión. Se ponen tan tensos, tan nerviosos, que la graban. Después, si todo ha salido bien, la ven en vídeo. O se la retransmite mi hermano Dani, como el otro día en la Copa del Mundo. Mi padre estaba trabajando y Dani, sólo en casa, iba contándole todo a gritos por teléfono, histérico, mientras se movía sin parar de un lado para otro. Creo que fue una locura No es de extrañar. Porque sus padres, que sólo se han puesto unos esquís una vez en su vida han seguido y apoyado a su hija desde que empezó a esquiar con nueve años. Siempre han estado a mi lado y me han dejado hacer lo que me gustaba. Ahora están muy emocionados Y algo preocupados, como es natural. No en vano cada vez que María José tiene una prueba la piden que no corra que tenga cuidado, que gane, pero tranquila. Sí, es como el anuncio que había de Carlos Sainz con su madre- -dice Rienda entre risas- Es lógico porque cuando corres el gigante se coge mucha velocidad. Pero les digo que no se preocupen, que yo me quiero mucho y no deseo que me pase nada Trabajar de sol a sol Dieciséis años de esfuerzo. Este es el tiempo que lleva María José entrenándose, corriendo, para llegar hasta donde ha llegado. Una vida dura, muy dura, casi monacal, en la que pasa 220 días de cada año fuera de casa, en el extranjero. Se entrena de sol a sol. Desde las seis de la mañana, hora en que se levanta, hasta las diez de la noche, cuando se mete en la cama. Normalmente lo hace donde son las competiciones para poder adaptarse lo mejor posible al estado de la nieve. Cuatro horas en las pistas, comida a las 12.30, dos horas de descanso, hora y media de gimnasio, el turno de la fisioterapeuta, supervisión del material con el técnico y visionado de vídeo para analizar todos los detalles del entrenamiento; a las 19.30 cena y a las 22.00, agotada, a la cama. Demasiado duro, ¿no? Pues sí, MI DIARIO: MAÑANA ES EL DÍA TURÍN, EL NUEVO SAPPORO MARÍA JOSÉ RIENDA ues sí, falta un día y les mentiría si dijera que no siento cierta inquietud. Estoy tranquila, pero al mismo tiempo con la tensión lógica. Sé que muchas miradas van a estar pendientes de mí y que el esquí español se juega mucho en la prueba de mañana. Si conseguimos el objetivo de subir al podio, seguro que habrá un antes y un después de Turín, como hubo un antes y un después de Sapporo tras el éxito de Paquito Fernández- Ochoa. Pero espero y confío, cualquiera que sea el resultado, que el esquí español siga su desarrollo y que dentro de poco podamos presumir de tener muchos corredores en todas las disciplinas. No dispongo de mucho tiempo para pensar en la responsabilidad que asumo y esto es bueno. Desde el domingo tengo el apoyo de Ángel Izquierdo, mi marido, con el que cené en Cesana antes de trasladarnos a P Bardonecchia, donde estuvimos el martes. Allí pude visitar a la familia de Walter Ronconi, mi skiman que es encantadora. Me quieren mucho y yo a ellos. Y a Bardonecchia volvimos ayer tras pasar la noche en la Villa Olímpica de Sestriere. Habíamos barajado varios sitios para entrenar, pero optamos por hacerlo aquí porque hay buenas condiciones para el trabajo específico que Mauro Pini y el propio Walter Ronconi me habían preparado, que es más de mantenimiento que de otra cosa. He hecho cuatro bajadas y, aunque la nieve no estaba como deseaba, me he encontrado muy bien. Voy a afrontar la prueba a tope, con mucha ilusión y convencida de que puedo hacer una gran carrera. Quiero agradecer el apoyo de ex compañeras, amigos y aficionados. También, la cobertura de la prensa, que no podía ni imaginar. Sufren porque saben que se coge mucha velocidad, pero les digo que no se preocupen, que me quiero mucho Es dura, pero no cambiaría mi vida por nada; viví situaciones maravillosas, conocido gente y otras culturas lo que pasa es que es la vida que yo he elegido; es muy dura, pero no la cambiaría por nada del mundo. He vivido situaciones maravillosas, he conocido otras culturas, he convivido con gente de todo tipo y he aprendido muchísimo. Tengo la enorme suerte de viajar con un equipo estupendo que me ayuda mucho y siempre me da mensajes positivos. No me dejan sentirme sola. Además de buenos profesionales son buenas personas Y Rienda sigue y no para. Con una naturalidad aplastante, con esa sonrisa que nunca pierde y te llega hasta dentro, pasa de un tema a otro mientras sobrevolamos el cielo que lleva de Granada a Madrid. De pronto todo el mundo me conoce y la presión mediática es impresionante. Por un lado es normal porque son los Juegos Olímpicos y los resultados que he logrado en la Copa del Mundo (que es lo que realmente premia la continuidad del deportista durante todo el año) han creado unas expectativas. Si hay esta atención es porque realmente hay posibilidades. Luego no sé que pasará. Te lo juegas todo en una carrera, pero yo in-