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ABC JUEVES 23 2 2006 97 Deportes Mis padres me piden que no corra dice María José Rienda, favorita al oro en el gigante de mañana en los Juegos de Invierno El Barça remonta con carácter y grandeza Se sobrepusieron los de Rijkaard a un gol en propia puerta de Motta y con Messi de estrella terminaron ganando ante un Chelsea que jugó con diez una hora por expulsión de Del Horno CHELSEA BARCELONA 1 2 Chelsea (4- 3- 3) Cech; Ferreira, Carvalho, Terry, Del Horno; Gudjohnsen, Makelele, Lampard; Cole (Geremi, m. 39) Crespo (Drogba, m. 46) y Robben (Wright- Philips, m. 81) Barcelona (4- 3- 3) Valdés; Oleguer, Puyol, Márquez, Gio (Sylvinho, m 70) Deco (Iniesta. m. 86) Edmilson, Motta (Larsson, m. 65) Messi, Eto o y Ronaldinho. Árbitro Terje Hauge (Noruega) Expulsó el m. 38 a Del Horno por una entrada a Messi. Goles 1- 0. m. 59: Motta, en propia meta. 1- 1. m. 72: Terry, en propia puerta. 1- 2: m. 77: Eto o. ENRIQUE ORTEGO, ENVIADO ESPECIAL LONDRES. El Barça consiguió anoche en Stamford Bridge una de esas victorias que acreditan y revalorizan a un equipo campeón. No ya porque ganar al Chelsea en su terreno- -regado a conciencia para que estuviera más pesado y asqueroso- tiene su mérito, sino por cómo llegó a ese triunfo. Tuvo el Barça carácter para reponerse de un gol que nunca debió recibir y fortaleza física y mental para no renunciar a sus principios futbolísticos. No dudó de sí mismo y remontó con grandeza. Los azulgrana pusieron fin a la racha de Mourinho que llevaba 49 partidos sin perder en Stamford Bridge. Rijkaard tiene bien grabado en su retina el partido de la temporada pasada. Le dolió soberanamente aquella derrota. Más que porque el Chelsea no le pueda ganar al Barça, por los detalles. Pequeños detalles. Por eso ayer, un año después, en el mismo escenario, sin renunciar a su estilo, quiso parecerse a su enemigo en algunas creencias que a veces equipos como el Barça olvidan. Intentó el Barça ser en Chelsea en cuanto a fortaleza defensiva, orden, disciplina táctica, lucha por cada balón... y después, con ello expuesto sobre el campo de batalla, explotar las exquisiteces técnicas de sus individualidades. Rijkaard retocó leve pero sustancialmente la disposición de su medio campo. Edmilson y Motta eran dos medios centro defensivos que se repartían el ancho del campo y, sin embargo, Deco quedaba liberado de tantos menesteres de destrucción para colocarse por delante de ellos. La tensión, el respeto mutuo, el estado del terreno- -con más arena que hierba- -y la trascendencia impidió que el partido arrancara brillante, pero bien es cierto que acabó espectacular. Se comenzó jugando en los treinta metros centrales y se acabó con idas y venidas vertiginosas hasta las dos áreas. Tenía más claridad y visión el Barça. De hecho Valdés se fue al des- Eto o culmina la remontada azulgrana, pese a la estirada del meta Cech y la presión del defensa Ferreira canso sin despeinarse. Cech no pudo decir lo mismo y después de llevarse un susto tremendo en una brillante combinación Deco- Messi que estropeó Ronaldinho por no rematar de primera, tuvo que sacar una mano de portero de categoría a un disparo abajo del brasileño. Al Chelsea, bien sujetos arriba Crespo por Puyol y Cole y Robben por Gio y Oleguer, le mantenían los de casi siempre: Makelele y Lampard. El francés omnipresente, barriendo todos los balones que pasaban por su inmensa zona de influecia. Y el inglés, con su profundidad innata y su juego a toda revolución. En el Barça, bien el trío del medio campo e inmenso Messi. Tiene agallas este argentino criado en La Masía. No se esconde. Encara y desborda. En perpendicular y en diagonal, pero siempre con la puerta contraria como meta. Del Horno sufrió para frenarle. Y después de mandarle un aviso, fue a por él en una acción en la que el vasco buscó bulto y lo encontró. Messi le echó el cuento correspondiente y Mourinho se quedó con diez a cinco minutos del descanso. REUTERS Gran ambición azulgrana Fue más agresivo, más directo, el Chelsea con uno menos. Primero entró Geremi para recomponer la defensa y después, Drogba para acelerar su fútbol ya montado descaradamente a la contra, ahí donde Robben siempre aparece. Y en uno de esos arreones, en una falta que buscaba a Terry, Valdés, que salió sin confianza, y Motta se hicieron un lío y el balón acabó en la red. Parecía increíble que ese partido pudiera llevarlo el Chelsea por delante, pero así es el equipo de Mourinho, el rey del resquicio, de la mínima oportu- nidad. Saca de donde no hay. No se acongojó el Barça. Todo lo contrario. Rijkaard tocó generala con la entrada de Larsson. Otro delantero. Pasó a jugar con tres atrás. Las circunstancias del partido y hasta de la eliminatoria lo requerían. Y se fue el Barça con todo arriba. Y encontró rápido premio. Y además con la misma medicina. Otra falta lateral lanzada con temple e intención por Ronaldinho y Terry que desviaba lejos del alcance de Cech. Empate. Aceleró más el Barça. No le valía el empate. Messi estrelló una rosca preciosa en la mismísima escuadra. Larsson tuvo el segundo. Terry salvó bajo el larguero otro remate de Ronaldinho y después hizo penalti a Messi... ¡Qué ambición! ¡Qué hambre y sed de triunfo! Y no pararon hasta que Eto o cabeceó el centro de Márquez y la victoria estuvo consumada.