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56 JUEVES 23 2 2006 ABC Cultura y espectáculos Omnia Vincit Amor de Caravaggio (Gemäldegalerie de Berlín) El rapto de Ganímedes de Rembrandt (Gemäldegalerie de Dresde) El Museo Van Gogh de Amsterdam acoge la exposición estrella del Año Rembrandt, que enfrenta en doce parejas de lienzos a Caravaggio y Rembrandt, dos genios que bucearon siempre en las pasiones humanas, jugando a placer con el claroscuro Duelo de luces y sombras TEXTO: NATIVIDAD PULIDO ENVIADA ESPECIAL AMSTERDAM. Caravaggio murió cuatro años después de que naciera Rembrandt. Nunca se conocieron, pero sus vidas quedaron ligadas para siempre en la Historia del Arte. Mostrar las evidentes similitudes de sus obras, pero también sus notorias diferencias, es el objetivo de la exposición estrella del Año Rembrandt, organizada por el Rijksmuseum, que mañana abre sus puertas en el Museo Van Gogh de Ámsterdam. La cita, hasta el 18 de junio, es imprescindible. Si echamos un vistazo a sus biografías nada apuntaba la posibilidad de tales coincidencias. El milanés vivió sólo 39 años. La suya fue una vida azarosa, plagada de trifulcas, asesinatos, encarcelamientos, huidas... Pintor con fama de maldito, sus retratos homoeróticos de andróginos modelos impregnados de un carnal erotismo levantaron ampollas en la época. El holandés vivió hasta los 63 años. La muerte se cebó con su familia (murieron tres hijos y su esposa, Saskia) y los problemas económicos- -y algunos líos de faldas- -le arruinaron. Obseso coleccionista, fue uno de los pintores que mejor supo indagar en las pasiones humanas. Sus tradiciones artísticas son distintas, también sus lenguajes, pero un hilo invisible los mantiene atados. Doce parejas de cuadros monumentales (entre ellos, obras maestras indiscutibles) seleccionados por Duncan Bull y Taco Dibbits, comisarios de la exposición, confrontan a los maestros del claroscuro en un duelo sin par. No hay ganador. La partida queda en tablas. Aflora en las obras de ambos un intenso dramatismo, una gran teatralidad (los cuadros son puras escenografías) una emoción desbocada. El amor, el sexo, la religión, la violencia... acampan en sus lienzos con desesperación. Así se aprecia en cómo reflejan Caravaggio y Rembrandt sobre el lienzo a dos figuras bíblicas, víctimas de la seducción y la lujuria, del tormento y la pasión carnal: Sansón y Holofernes, que caen en las redes de Dalila y Judith. Brutales escenas con final sangriento: uno pierde la cabeza, el otro los ojos. También, en El sacrificio de Abraham tema abordado por ambos en la cima de sus carreras en maravillosos óleos de los Uffizi y el Ermitage. Plasman en toda su intensidad el drama del patriarca bíblico en el instante en que un ángel evita que mate a su hijo Isaac. O en dos de los mejores estudios psicológicos que se han pintado nunca sobre la traición: La negación de Pedro y El prendimiento de Cristo be- llas metáforas de luces y sombras. Ambos se revelan en la exposición como excelentes retratistas (maravilloso cara a cara entre el Johannes Wtenbogaert del holandés, y el Fra Antonio Martelli del italiano) Mientras el primero toma modelos familiares (Saskia, como Flora, y su hijo Tito) el segundo escogió a un joven andrógino, que aparece en Muchacho mordido por un lagarto y Muchacho con una cesta de fruta Son radiografías de los estados de ánimo. Lo mismo ocurre con La novia judía de Rembrandt, que se confronta con La conversión de María Magdalena de Caravaggio, dos intensos retazos de intimidad y emoción. Estos genios barrocos llevan al lienzo temas mitológicos y religiosos. De ambos hay espléndidos ejemplos. Brilla con luz propia el espectacular cara