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26 JUEVES 23 2 2006 ABC Internacional El ataque a un templo chií en Irak provoca el incendio de decenas de mezquitas suníes Terroristas disfrazados de policías destruyeron la cúpula de oro de uno de los lugares santos chiíes b Aumenta el temor a que esta guerra de las mezquitas acelere un enfrentamiento civil generalizado en un momento en el que se ahondan las divisiones políticas ABC BAGDAD. El ataque de ayer a uno de los más sagrados templos de los chiíes en Irak desató la cólera de la comunidad chií. Ésta destruyó decenas de edificios sagrados suníes en una guerra de las mezquitas Se teme ahora el clima de conflicto civil generalizado que se cierne sobre el país. Terroristas disfrazados de policías penetraron en la mezquita de Ali al Hadi y Hasan al Askari, maniataron a los guardias del templo y activaron varias bombas que destruyeron por completo la luminosa cúpula de oro del templo, que quedó también dañado en tres cuartas partes de su estructura. La mezquita atacada, aunque chií, está situada en la ciudad suní de Samarra, antes una localidad de tolerancia y hoy uno de los principales bastiones de la insurgencia. Es un mausoleo de inmenso valor espiritual para los chiíes, no sólo porque en él están enterrados dos venerados líderes de esta comunidad, sino porque también simboliza el lugar en el que desapareció el último de los 12 imanes chiíes, Mohamed el Mahdi. Los chiíes creen que El Mahdi está vivo y regresará cuando se acerque el fin de los tiempos para restablecer la Justicia universal. Por encima de cualquier otro credo, la mayoría de los chiíes creen que el primer deber de todo político y religioso es preparar el mundo para el pronto regreso de El Mahdi La mezquita de Ali al Hadi y Hasan al Askari, completamente destrozada tras el atentado de ayer en Samarra EPA Asesinato de imanes Pese a los llamamientos a la calma lanzados por las autoridades religiosas y políticas chiíes, la cólera de éstos se volcó en el incendio de decenas de templos suníes, en el asesinato de tres imanes y el secuestro de otros dos en Bagdad y Basora. Sólo en la capital iraquí fueron atacadas 27 mezquitas suníes por gente enfurecida por lo sucedido en Samarra según señaló un portavoz de la Policía. El clérigo chií Moqtada al Sadr movilizó a sus milicias- -el Ejército de El Mahdi -que marcharon armadas por las calles de Bagdad. Y por más que hayan sido cuestionadas las milicias chiíes, el ataque a la mezquita de Samarra ha propiciado también que influyentes dirigentes políticos chiíes y el propio líder espiritual de esta comunidad en Irak, el ayatolá Sistani, insinuaran la conveniencia de emplear a esas El templo destruido, en una imagen de archivo tomada en 2004 milicias en sustitución de las fuerzas regulares del Ejército para los casos en los que éstas se vean incapaces de mantener la seguridad. Si los cuerpos de seguridad no pueden garantizar la necesaria seguridad, tendrán que hacerlo los creyentes con la ayuda de Dios afirmó Sistani, al tiempo que el vicepresidente iraquí, Adel Abdel Mahdi, representante del AP El líder espiritual de los chiíes, el ayatolá Sistani, y representantes del Gobierno piden reforzar las milicias paramilitares Consejo Supremo para la Revolución en Irak, principal partido político chií, remachaba: El Gobierno debe dar un mayor papel al pueblo... Hay un cierto desequilibrio sobre el papel que debe desempeñar el pueblo Además de las fuerzas de Al Sadr, están las poderosas milicias Badr, en su tiempo formadas y entrenadas en Irán, y vinculadas con el actual Ministerio del Interior. Pero los suníes denuncian que esas milicias han organizado escuadrones de la muerte que, durante la noche, se dedican a ejecutar sus propios ajustes de cuentas. A menudo esos asesinatos ocurren tras algún sangriento atentado, pero representantes de las organizaciones suníes insisten en que, con la cobertura de acabar con la insurgencia, matan indiscriminadamente a miembros de su comunidad y se vengan de actos del pasado. Los últimos ataques contra suníes ocurrieron tras el atentado del pasado martes contra un restaurante situado en el interior de un mercado chií, que se cobró la vida de al menos 22 personas. Esta espiral de violencia ocurre mientras los partidos políticos iraquíes siguen sin ponerse de acuerdo sobre el futuro Gobierno, divididos sobre cuestiones tan esenciales como la futura estructura del Estado, el repar-