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16 Nacional EL DEBATE CATALÁN, EN LA CALLE (Y II) EL ESTATUTO JUEVES 23 2 2006 ABC La crisis estatutaria provoca un estado opaco de opinión pública que cierra filas contra la incomprensión hacia Cataluña. El mensaje contra el Partido Popular (relegado a bestia negra ha calado hondo en la sociedad Entre la nación y el victimismo POR IGNACIO CAMACHO s víspera de fin de semana y la peluquería de señoras del Casal Juan Valera, en Llefià, Badalona, está de bote en bote. Pepi, la joven peluquera rubia platino, se afana en ordenar el trasiego de mujeres que abarrotan el pequeño local. Pepi nació en Huelva, emigró con su familia a Francia y tras siete años allí acabó recalando en Badalona. Me siento bien aquí, ésta es mi casa. Nunca me he sentido extraña, ¿por qué me iba a sentir? En Francia era extranjera, aquí no. Esto es España Claro que esto es España, ¿qué va a ser? Herminia es andaluza de Paradas (Sevilla) y se alboroza al saber que el periodista es de Marchena, el pueblo vecino. De Marchena, de Paradas, de La Puebla de Cazalla salieron muchos andaluces en los años sesenta rumbo a Badalona. A servir, vine cuenta Herminia, y me acogieron bien. Me siento a gusto en Cataluña, por eso no he vuelto. ¿Una nación? No, qué va, esto es como Andalucía, como Valencia, una región de España. Respeto a los catalanes que dicen que son una nación, pero yo no estoy de acuerdo Las clientas de la peluquería de Pepi no quieren hablar de política concreta, ni enjuiciar si el PSC, el partido que arrasa en Badalona y en otros municipios poblados por inmigrantes, practica o no nacionalismo con votos españoles. Pero sí saben lo que se sienten. Somos españolas. Y después de donde sea cada cual: andaluzas, catalanas, lo que sea Sólo una de ellas difiere de criterio. Yo me siento primero catalana y después española. Pero las dos cosas, no una en vez de otra ¿Los independentistas? Allá cada cuál, pero nosotros pensamos que la mayoría de los catalanes no se quiere independizar de España. Quieren sentirse un poco diferentes, pero la independencia, no E La réplica a la presencia de Madrid (o de su Caja de Ahorros) en forma de carteles independentistas JOB VERMEULEN Nos tienen rabia Eso sí, a casi todas les molesta el ruido que se ha armado con el Estatuto, aunque lo consideran cosas de políticos y les irrita la campaña de recogida de firmas del PP. El Estatuto ése tendrá cosas malas y buenas, yo no lo entiendo mucho dice otra de las clientas, pero ¿a qué viene eso de calentar a la gente en España contra Cataluña? Que firmen contra los políticos, pero contra Cataluña, no. Yo no sé qué rabia nos tienen Para muchísimos ciudadanos de Cataluña, la campaña del PP es contra la Comunidad, no contra el Estatuto. Una idea victimista ampliamente fomentada por los partidos mayoritarios, los nacionalistas y el PSC, que ha calado hondo. El bombardeo es intensivo desde los medios de comunicación, que conforman un estado de opinión unánime. La pasada semana, la radio autonómica desplegó toda su artillería contra las cuñas insertadas por el PP en las radios andaluzas, en las que se criticaba el Estatuto haciendo hincapié en las diferencias de servicios públicos andaluces y catalanes. El resultado de ese enroque catalanista lo resume Josep Montero, un juguetero del Carmel que ha encabezado las movilizaciones vecinales contra la catástrofe del movimiento de tierras, indignado con la declaración de Rajoy comparando la persecución del castellano con la que sufrió el catalán en tiempos de Franco. No soy para nada de ERC, pero con todo esto me dan ganas de poner la estelada en el balcón dice Montero, que respira claramente por la izquierda. Con esa política el PP no se comerá jamás una rosca aquí El PP se ha convertido en la bestia negra de la escena política catalana, diana de los mensajes del tripartito gobernante y de los nacionalistas de CiU. El argumento de que el partido de la oposición española está crispando la escena ha calado hondo en la opinión pública, al punto de arrinconar a la militancia en un cierto aislamiento social. La teoría del oasis catalán baja a la calle de una forma simple: la política autonómica es pacífica y convivente, y sólo el Partido Po-