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16 Nacional EL DEBATE CATALÁN, EN LA CALLE (I) LA POLÉMICA LINGÜÍSTICA MIÉRCOLES 22 2 2006 ABC El bilingüismo sigue creando problemas de convivencia en Cataluña tras veinte años de políticas de inmersión Dos mejor que una POR IGNACIO CAMACHO ara andar por las empinadas calles del Carmelo hay que tener las piernas sólidas y el corazón fuerte. Los emigrantes que allá se fueron hace cuarenta años tenían también las espaldas anchas y los brazos prestos: trabajaron duro y pudieron comprar sus viviendas en lo alto de la colina, a la que subían casi trepando cuando aún no estaba construido el túnel de la Rovira. Barcelona quedaba a sus pies, pero sólo físicamente; cada día tenían que ganarse la vida con las manos, adaptándose a una tierra extraña que fueron haciendo poco a poco suya, en la que se adaptaron, como tantos otros en Badalona, en Hospitalet, en Igualada, en Cornellá, hasta el punto de que, muchos años después, Jordi Pujol habría de proclamar aquello de que catalanes son todos los que viven y trabajan en Cataluña El anciano que está sentado en una mesa del Casal de Gent Gran (centro de tercera edad) de la calle Tolrá fue uno de ellos. Tiene 85 años y cubre su cabeza con una gorra de paño verde. Vino de Jaén hace más de cuatro décadas a trabajar de portero en una casa de Sarriá. Una buena casa, de gente acaudalada, y al cabo del tiempo se compró en el Carmelo una casa de la que una noche, hace trece meses, lo sacaron en plena madrugada a toda prisa diciéndole que el inmueble corría peligro de derrumbe. No quiere decir su nombre. Diga usted que vivía en pasaje de Calafell, 5 El punto cero del desastre. El hombre, que aún no ha podido retornar a su hogar, está indignado. Andaluz de pura cepa no ha aprendido catalán, y se expresa en un castellano P El tripartito ha dado una vuelta de tuerca a la inmersión que, asociada al debate estatutario, ha recrecido una vieja polémica. La consigna, el designio político, es priorizar el catalán en la administración, en la educación, en la sanidad bien clarito Lo bastante clarito para decir que se han portado cochinamente las autoridades que le prometieron que pronto volvería a su casa. A este jienense le trae sin cuidado el Estatuto. Cosas de políticos dice. Lo único que le preocupa es volver al pasaje de Calafell, al hogar que levantó en décadas de esfuerzo. Tampoco le preocupa la polémica lingüística, habla con sus hijos en castellano y oye a sus nietos hacerlo en catalán con sus padres. Yo soy casi catalán, pero me están tratando como a un perro A su alrededor, otros ancianos, que fueron emigrantes como él, se quejan de la creciente presencia de extranjeros en el barrio. La culpa la tiene el Gobierno, con tanto sin papeles como deja entrar Eso no pasaba cuando llegó Antonio Villegas a trabajar en la empresa de autobuses de Barcelona. Vino de Granada en los sesenta, y recuerda que, en aquella época, a los que venían sin contrato, sin familia en Cataluña o sin carta de trabajo, los agrupaban en Montjüic hasta que reunían suficientes para llenar un tren, y los devolvían desde la estación de Francia. Yo eché a correr hasta Pueblo Nuevo, que entonces estaba lleno de fábricas relata uno de sus compañeros de dominó en el Casal Juan Valera de Llefià, en Badalona. Un barrio popular, enorme, donde 60.000 personas viven en grandes bloques que suben por la falda de una colina que sube desde la carretera nacional. Llefià está lleno de andaluces, de extremeños, de gallegos. Un granero de votos del PSC, el partido de la izquierda que en los últimos años ha derivado en políticas nacionalistas que ellos, sin entenderlas demasiado, no dejan de respaldar por instinto de clase. Gente que se siente española sin dejar de querer a la tierra que los acogió y en la que se labraron un futuro. Jamás criticaré a Cataluña, me vine porque aquí se estaba mejor dice Villegas, y nunca he tenido un problema. Las críticas políticas son cosa de fanáticos Eso sí, no me gusta que ahora no den clase en castellano porque siempre hará más falta saber castellano que catalán. Que se sepa, sí, pero obligarte, no. Eso no me parece bien Justo lo contrario que piensa Joaquim Triadu, abogado de un importante bufete nacional, en un pequeño despacho de muebles claros con cristales a la Diagonal barcelonesa. Triadu, que ocupó cargos relevantes bajo la presidencia de Jordi Pujol, del que fue uno de los principales colaboradores, defiende con rigor casi esencialista la po- La rotulación mixta es un ejemplo de lo que hacen algunos comercios La convivencia de dos lenguas, una constante en el día a día de los catalanes lítica de inmersión idiomática del gobierno autonómico. En Cataluña es imposible vivir sólo en catalán, el castellano es la lengua hegemónica. Cuando una lengua es muy potente frente a otra, la única forma de no discriminar es la inmersión ¿Y los funcionarios, obligados a aprender catalán? Nadie lo exige para ser panadero o empresario. Pero un funcionario cobra para servir al pueblo, y aquí el pueblo es el pueblo catalán ¿Y los jueces, cuerpo nacional al que el nuevo Estatuto quiere exigir el aprendizaje obligatorio de la lengua? Ser juez no es obligatorio. Tampoco se puede ser soldado o policía sin una talla mínima ¿Y los inmigrantes, como Antonio Villegas y sus compañeros, como los magrebíes de la construcción, como los sudamericanos que pueblan las barras de bares y cafeterías, como los subsaharianos que labran las tierras del Maresme? ¿Y el que se va a Finlandia, no aprende finlandés? ¿Y el que va a Quebec creyendo que va a Canadá? ¿Tengo que cambiar mi forma de ser porque venga gente de fuera? Triadu, como Josep María Via, otro antiguo alto cargo pujolista que ahora dirige una mutua laboral, como muchos otros catalanes nacionalistas, no cree en el conflicto lingüístico. No pasa nada No le inquieta el designio de