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64 Cultura MARTES 21 2 2006 ABC CLÁSICA Temporada OSRTVE Obras de J. Peris, O. Respighi y P. Hindemith. Int. Orquesta y Coro de TVE. Dir. M. A. Gómez Martínez. Dir. coro: M. Alonso. Solistas: M. Xyni (soprano) y M- E. Nesi (mezzosoprano) Lugar: Teatro Monumental. Madrid. Fecha: 16- 02- 06 TEATRO Cien minutos Adaptación de Los hermanos Karamazov de Fedor Dostoievski. Texto y dirección: Tomaz Pandur. Dramaturgia: Livia Pandur. Escenografía: Marko Japelj. Vestuario: Jelena Prokovic. Vídeo: Mileusnic Serdarevic. Música: Richard Horowitz. Intérpretes: Goran Susljik, Siegan Kapicic, Livio Badurina, Felix Stroebel, Sonja Vukicevic, Vesna Miles, Nina Violic y Hristina Popovic. Centro Cultural de la Villa. Madrid. TRES GRANDES PARTITURAS ANTONIO IGLESIAS LOS SUEÑOS DE LA SINRAZÓN JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN P rograma interesantísimo, conformado por tres magníficas partituras: la Misa de la Santa Faz del español José Peris; Il tramonto de Respigni, y Matías el pintor de Hindemith. Un nexo común entre los tres podríamos encontrarlo en su maestría contrapuntística, en un bien saber hacer musical que les permite deambular con suma holgura dentro de unas estéticas que con mano diestra les asegura una escritura libre, aunque fuertemente enraizada con la tonalildad, teniendo presente en una u otra manera, que puede ser cierto que la historia de la música es la historia de la disonancia José Peris destaca como profesor, de Conservatorio, de Universidad, y no sorpende que en su Misa se deje admirar un oficio que, sin abandonar lo motívico, su ropaje acuse una libre mano que añade notas extrañas, que pueden hasta caracterizar el acorde o incidir en el procedimiento arduo de la imitación, enaltecido hasta un magistral dominio del fugato El éxito lo compartió con sus solistas: la soprano griega Marussa Xyni, y la mezzo canadiense Mary- Ellen Nesi. La batuta de Ángel Gómez Martínez resultó bien esmaltada por el aplauso, llevando el todo a buen puerto gracias a su seguridad, una de sus máxima cualidades. as turbulentas peripecias familiares de los Karamazov han servido al esloveno Tomaz Pandur, uno de los creadores escénicos contemporáneos de mayor proyección internacional, como símbolo e inspiración para plantear sobre el escenario una metáfora de la violenta descomposición de la antigua Yugoslavia. Una visión sobre el sañudo despedazamiento de los vecinos, de los próximos, de los hermanos, que Pandur sirve con la fría estética de la crueldad con que presentó hace unos meses su dantesco Infierno un sueño de la sinrazón en blanco y negro, con cueros, botas y corsés de gabinete sadomasoquista chic, descargas musicales, sucesión de vídeos y retículas que se proyectan sobre un paredón salpicado con relieves de los que usan los escaladores a mano limpia para entrenarse. Cien minutos es un espectáculo técnicamente irreprochable, en el que están medidas al milímetro luces, gestos, imágenes, la gradación de las escenas subidas de tono, el erotismo de atmósfera quirúrgica, la provocación impoluta... En el plano dramático, la obra avanza con una coherencia ciertamente descoyuntada, salpicada por alguna referencia a los Karamazov y con el recuerdo del conflicto de los Balcanes L Una escena de Cien minutos que se ha leído en el programa de mano. El montaje de Pandur contiene, es verdad, escenas de gélida e impactante belleza- -como la de la muerte del cisne, con la música del ballet de Chaikovsky, que en estos días trae inevitables ABC El montaje de Pandur contiene escenas de gélida e impactante belleza, pero, a la postre, resulta tan hermoso como exento de emoción ecos de la gripe aviaria- pero, a la postre, resulta tan hermoso como exento de emoción, ajeno al estremecimiento de la verdad. Los actores, eficaces y hieráticos como maniquíes de Helmut Newton, se besan, se tocan, algunos se desvisten, miman aplicadamente los rituales del amor y de la muerte, y realizan alguna leve incursión metateatral. Todos afrontan momentos de gran riesgo interpretativo que culminan notablemente, siempre imbuidos de ese aire de suficiencia helada y violenta que impregna el trabajo de Pandur. CLÁSICA Músicadhoy Francisco Guerrero: Zayin (integral) Helmut Lachenmann: Cuartetos de cuerda 1, 2 y 3 Int. Cuarteto Arditti. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 16 y 17- 02- 06 TOUR DE FORCE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Helmut Lachenmann fortunadamente, el Cuarteto Arditti renace, una y otra vez, de sus cenizas. O de esa semilla inquieta que es su primer violín, el fundador Irvine Arditti. Tras diversos cambios, ahora se reúnen a su alrededor tres intérpretes capaces de seguirle en el afán por atender a las músicas más insospechadas de nuestros días y, además, buenos instrumentistas como para estar a la altura, algo que no es fácil. Irvine Arditti sabe muchos se- A cretos de partituras que ya forman sobre él una segunda piel. Como ese sexto Zayin de Francisco Guerrero, que ha vuelto a interpretar en la temporada Músicadhoy. Lo ha hecho colocado dentro de la integral del ciclo que este grupo ya ofreció en su totalidad en Madrid, hace ocho años. Todo un clásico y, para muchos, una referencia de nuestro repertorio más contemporáneo. Música elogiada que sigue seguirá abriendo oídos gracias a una sustancia que colma y apabulla al oyente, y que se expresa por encima de su refinado entramado técnico. Por ello sólo necesita intérpretes capaces de querer afrontar sus muchas dificultades, y ponerle carne y vehemencia. Exactamente lo que ahora ha hecho el Arditti. Pero lo realmente admirable ha sido observar cómo, tras semejante dosis de densidad sonora, un día después el grupo volvía su cara hacia los tres cuartetos de Helmut Lachenmann, compositor necesario y hasta indiscu- tible, ya sea por sus más fieles o por sus detractores. Con todo, la integral de sus tres cuartetos ha dejado al descubierto detalles inauditos de una música que penetra en la naturaleza del sonido, que escarba en la propia anatomía del instrumento, que lo retuerce de mil y una maneras provocando ecos imposibles, milimétricas esencias que se difunden en un ambiente de espeso silencio. Fue ésta la trastienda a la música de Guerrero y, como aquella, planteada de manera muy interesante gracias a la exposición cronológica de ambas integrales, lo que permitió dejar al descubierto un cierto tránsito hacia una amabilidad conceptual por el que caminaron, y en el caso de Lachenmann todavía se camina, gracias a una constante inquietud. Es por eso que se pudo entender el espíritu de ambos compositores, la independencia de su pensamiento y el encuentro en un mismo afán novedoso y descreído.